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Aquel hombre
le había ofrecido un trabajo cómodo. Vas a hacer
lo que me haga falta, le habría dicho. El mismo día,
Jaime presentó a sus padres a su nuevo amigo. Elvira
López de Huerta no desconfió de aquel hombre que
le doblaba la edad a su hijo. Mi mamá se quedó
tranquila porque pensaba que estaba en buenas manos, comenta
Jaime al evocar esa tarde.
Aquel día
marcó a Jaime Huerta para siempre y lo envolvió
en una relación de constantes tormentas sentimentales.
Y es que el trabajo
en cuestión consistía en satisfacer sexualmente
a su nuevo amigo. Esto es lo que tienes que hacer, le dijo
mientras lo acariciaba y le ordenaba que se quitara la ropa.
Ahí empezó la relación. Yo estaba consciente
de que ése iba a ser mi trabajo, confiesa Huerta. Nunca
tuve fuerza de voluntad para negarme.
Siempre acepté
lo que decía y, para ser sincero, la situación
económica en mi casa me orilló a eso, cuenta
el joven de 27 años al recordar el inicio de sus relaciones
con Fernando Moriel.

Fernando Moriel y Jaime Huerta |
El asunto no
hubiera dejado de ser un caso más de corrupción
de menores si no fuera por un detalle que avivó y magnificó
el escándalo en la opinión pública de la
ciudad de Chihuahua: Fernando Moriel, el amigo íntimo
de Jaime Huerta, es un sacerdote de 43 años, reconocido
en la comunidad católica de la región. Estudió
en el Seminario de Chihuahua y ha oficiado misas en varios templos
del estado, en donde se ganó la confianza de los feligreses.
Ahora, la relación
íntima que mantuvo Fernando Moriel durante más
de siete años con el joven Huerta, ha puesto en jaque
a la jerarquía católica en el estado de Chihuahua
y amenaza con desbordarse por nuevas revelaciones que testigos
aún en el anonimato estarían dispuestos a realizar.
A raíz
de mi situación se acercaron a mí tres personas
que vivieron esta misma relación con el padre Moriel;
tres jóvenes que sufrieron abuso siendo menores de edad,
detalla Jaime Huerta, a quien le detectaron sida hace algunos
meses.
La historia
Todo empezó a principios de 1990, cuando Jaime Huerta
era un adolescente de 14 años que acostumbraba jugar
basquetbol con sus amigos en las canchas ubicadas a un costado
de la Iglesia de Santa Teresita, en la ciudad de Chihuahua.
Allí conoció y entabló amistad con Fernando
Moriel, quien en ese tiempo no se presentó como sacerdote.
A las dos
semanas de conocerlo, Jaime Huerta atendió una invitación
de Fernando Moriel para ir al lago de Arareco, en la Sierra
Tarahumara, donde según las declaraciones de Jaime el
sacerdote abusó sexualmente de él. Sentí
miedo y vergüenza y no dije nada, admite Huerta. El resultado
fue un trastorno mental. Jaime Huerta sufrió una alteración
nerviosa que lo orilló a ingerir una botella de veneno.
Estuvo dos semanas en terapia intensiva.
Jaime se
enteró de que Fernando Moriel era sacerdote un domingo
cuando entró a la Iglesia de Santa Teresita con sus amigos
y vio a Moriel oficiando misa. A las dos semanas de salir de
terapia intensiva, reestableció su amistad con Fernando
Moriel. Empecé a tener una relación más
cercana, narra Huerta.
Esta relación
tuvo sus vaivenes, pero en 1992 el sacerdote le habló
abiertamente sobre sus intenciones e iniciaron una relación
sentimental. Al empezar me daba 300 o 400 pesos. En una ocasión
me dio una tarjeta de crédito que contenía 2 mil
pesos, reconoce Huerta al hablar de la forma en la que le remuneraba
Moriel.
Según
Jaime Huerta, las relaciones sexuales que mantuvo con Fernando
Moriel tuvieron lugar en el templo de Nuestra Señora
del Santuario, en Ciudad Camargo, y en el hotel El Campanario,
en Chihuahua. Yo me quedaba en la iglesia con él y hacía
que me pusiera la sotana. Inclusive familias de Chihuahua le
prestaban a Moriel las casas. No sé cómo, pero
me llevaba a diferentes casas de Chihuahua y ahí teníamos
relaciones, denuncia Huerta.
Jaime Huerta
da cuenta de las relaciones homosexuales que mantenían
religiosos y seminaristas: Se platicaba mucho de Juan Manuel
Hernández; él es monseñor, del seminario
mayor de aquí de Chihuahua, y Ángel Orozco, un
exseminarista que tiene mucho contacto con Fernando Moriel.
Ángel Orozco está enamorado de Moriel, esto me
lo confirmó el mismo Moriel. Juan Manuel Hernández
es el rector del Seminario Mayor y trae de pareja a Omar Orozco
en estos momentos.
La mayoría
de los seminaristas se mantienen en baños públicos,
de vapores, spa, de aquí de Chihuahua, eso lo puedo
constatar y puedo ir a donde están las instalaciones
y decir con mi dedo quiénes son las personas que yo he
visto ahí, asegura.
La relación
entre Fernando Moriel y Jaime Huerta se empezó a fracturar
a finales de 1999, cuando el joven le reveló al sacerdote
su intención de terminar con él. Me dijo que
no, que no hiciera eso porque ahí en la iglesia me iba
a recordar con las cosas que tenía de mí, y que
le iba a ser muy difícil, muy pesado oficiar misa y estar
ahí en esa iglesia sabiendo que ya no estaba yo presente,
revela Jaime.
Si tú
no estás aquí no me va a importar nada, voy a
pedir mi cambio y me voy a ir de aquí, y yo no quiero
hacer eso. No te vayas, le habría pedido el sacerdote
ese día de diciembre de 1999. Tuvimos una discusión
fuerte. Se emborrachó en la iglesia del Santuario en
Camargo y al día siguiente no pudo ir a oficiar misa.
Ese día le dejé claro que ya no quería
nada con él, que quería irme a Estados Unidos
y que iba a seguir mi vida en otro lugar, cuenta Huerta.
En enero
de 2000 partió a Estados Unidos. Me fui porque ya no
soportaba esta relación que tenía con él.
En todo ese tiempo fue una relación tormentosa, rememora.
Tres años después regresó a México,
después de haberse empleado en Dallas, Texas, en diferentes
lugares, entre ellos un gimnasio gay. Pero el virus del sida
ya mermaba su salud y se vio obligado a internarse en una clínica
en la ciudad de Chihuahua.
Regresé
de Estados Unidos enfermo. No sé si obtuve el sida aquí
cuando estaba con Moriel, refiere Jaime Huerta, que aclara
por qué desató el escándalo con sus declaraciones
sobre la relación que mantuvo con el sacerdote: Quizá
yo me hubiera llevado el secreto a la tumba y jamás hubiera
permitido que todo esto pasara. Se llegó a todo esto
porque el padre se enteró de que tenía sida. Llegué
de Estados Unidos enfermo y me internaron en la Clínica
de las Américas. Le dije: Fernando, tengo sida.
A raíz
de esta situación, él me manda abogados a mi casa,
mandó abogados a la clínica donde estaba internado
amenazándome a mí y a mi familia. Me pedían
que dejara de molestarlo. Más que nada yo necesitaba
el apoyo moral, después de todo el tiempo que duré
con él.
Al poco
tiempo, Jaime Huerta habló nuevamente con el padre Moriel,
pero éste sólo lo evadió. Pero la intimidación
siguió: Ante las presiones decido contar toda la verdad.
Las declaraciones de Jaime Huerta desataron un escándalo
entre la comunidad católica en el estado de Chihuahua,
sobre todo después de revelar nombres de religiosos involucrados
en abusos sexuales a menores y prácticas homosexuales.
Cuando
el joven perdió el contacto con el padre Moriel buscó
al rector del Seminario, Juan Manuel Hernández. Acudí
con él porque pensé que me iba a entender, se
queja Huerta López.

Elvira López y su hijo Jaime
Huerta el día que salió de la cárcel |
A Jaime
lo acusó la Arquidiócesis de Chihuahua de extorsión
y permaneció un mes en la cárcel, después
de que acudió con el arzobispo José Fernández
Arteaga para recibir 50 mil pesos que le había ofrecido
Juan Manuel Hernández. El padre fue el que me ofreció
el dinero, yo jamás le pedí dinero para nada,
me dijo: te voy a dar 50 mil pesos por lo de tu enfermedad.
¿Qué
te parece si te doy el dinero y te atiendes en Estados Unidos
y olvidamos el problema?. Fue un martes cuando hablé
con él, y me citó para un jueves de la siguiente
semana. Fue en los primeros días de junio cuando hablé
con el padre Juan Manuel Hernández, pero sin saber que
me estaban grabando con cámaras, acusa Jaime Huerta.
A mediados
de junio el arzobispo José Fernández Arteaga citó
a Jaime para que recibiera el dinero que le habían ofrecido.
Yo acudí a la cita porque ellos ofrecieron el dinero,
yo jamás se lo pedí. Cuando acudí a la
cita me recibió una religiosa y me pasó hasta
la oficina del arzobispo.
Allí
me encontré con otro señor que pensé era
sacerdote, porque estaba vestido de padre. Entonces me hizo
firmar una carta donde yo ofrecía una disculpa pública
a la Iglesia Católica y al padre Fernando Moriel. Era
como un recibo por los 50 mil pesos que yo iba a recibir.
Sí la firmé y cuando se la entregué me
dio el dinero. En ese momento abrió la cortina del porche
y entraron cinco personas que se identificaron como judiciales
y me esposaron.
El investigador
privado que estaba vestido de sacerdote fue el que les abrió
la puerta a los judiciales, que también llevaban sotana.
En el camino me iban golpeando. De ahí me llevaron a
las oficinas de Averiguaciones Previas y ahí quedé
confeso del intento de extorsión. De ahí me llevaron
al Cereso, donde estuve un mes sin atención médica,
relata Jaime Huerta.
Jaime quedó
libre el 10 de julio pasado, luego de que el arzobispo José
Fernández Arteaga retirara los cargos por extorsión.
Pero para Huerta el asunto no ha terminado. Me duele haber
quedado como extorsionador.
Mi denuncia
sigue en los tribunales eclesiásticos del Vaticano. En
los tribunales eclesiásticos, así hayan pasado
demasiados años, no prescribe nada. Lo que espero es
que vengan e investiguen y se esclarezca esta situación,
reclama Huerta después de que la denuncia que presentó
en contra de Fernando Moriel por corrupción de menores
prescribiera.
La protección
religiosa
Raymundo Meza, director jurídico del Departamento de
Investigaciones sobre Abusos Religiosos, una organización
no gubernamental dedicada a denunciar violaciones a los derechos
humanos por parte de instituciones religiosas, asegura que lo
que le ocurrió a Jaime Huerta con la Arquidiócesis
de Chihuahua es práctica común.
La jerarquía
católica ha puesto una barrera para las víctimas
de todo tipo de abusos sexuales, primordialmente de la pederastia
homosexual, que se está reflejando también en
México. La jerarquía católica ha empezado
a poner una barrera entre la víctima y siempre le han
negado atención. Después manifiestan que es un
ataque difamatorio y calumnioso en contra de determinado ministro
religioso, precisa Meza.
Es el
primer caso documentado que escucho de que la Iglesia Católica
ha manipulado una denuncia contra una víctima de abuso
sexual. Jaime Huerta no confesó que pretendía
extorsionarlos, lo que él confiesa son hechos: a mí
me agarraron porque fui por 50 mil pesos que me ofreció
el arzobispo, eso es lo que el dice. Ante esa situación
no es una confesión, pero también hay una manipulación
en el proceso penal.
Ante estas
denuncias se buscó al arzobispo José Fernández
Arteaga y al sacerdote Fernando Moriel, pero no hubo respuesta
de su parte.
Raymundo Meza plantea que en el último año han
recibido 30 denuncias en el Departamento de Investigaciones
sobre Abusos Religiosos, y que 27 de ellas han sido por abusos
sexuales.
Jaime Huerta
no piensa claudicar en su denuncia, no obstante el manejo que
dio la Arquidiócesis sobre su caso. Incluso, Huerta fue
exhibido como un delincuente común al ser mostrado ante
la prensa frente a una mesa con los billetes que le había
entregado el arzobispo José Fernández.
He hecho
cuentas de todo lo que me ha pasado, todo lo que me pasó
en el penal, que fueron poquitos días pero que para mí
fueron eternos, y fue una situación bastante difícil
que no puedo perdonar.
Fue una
situación difícil, estando encerrado y pensando
tanta tontería y aparte con mi enfermedad. Todo esto
no lo voy a perdonar. Todo esto que me hicieron no lo voy a
dejar atrás, sino que va a salir todo a la luz pública.
Voy a esperar el tiempo que sea necesario para que esto se aclare,
advierte Jaime Huerta López.
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