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El escándalo sexual del padre Moriel
Jorge Torres

Es marzo de 1992 y en una de las tantas habitaciones del hotel Villa Fontana, en la ciudad de Chihuahua, un joven observa con atención al hombre que está junto a él. Una promesa de trabajo bien remunerado para no dejar sus estudios de preparatoria llevó a Jaime Huerta López, de 16 años de edad, hasta aquella habitación para festejar su nuevo puesto.

Fernando Moriel
Fernando Moriel

Aquel hombre le había ofrecido un trabajo cómodo. “Vas a hacer lo que me haga falta”, le habría dicho. El mismo día, Jaime presentó a sus padres a su nuevo amigo. Elvira López de Huerta no desconfió de aquel hombre que le doblaba la edad a su hijo. “Mi mamá se quedó tranquila porque pensaba que estaba en buenas manos”, comenta Jaime al evocar esa tarde.

Aquel día marcó a Jaime Huerta para siempre y lo envolvió en una relación de constantes tormentas sentimentales.

Y es que el trabajo en cuestión consistía en satisfacer sexualmente a su nuevo amigo. “Esto es lo que tienes que hacer”, le dijo mientras lo acariciaba y le ordenaba que se quitara la ropa. “Ahí empezó la relación. Yo estaba consciente de que ése iba a ser mi trabajo”, confiesa Huerta. “Nunca tuve fuerza de voluntad para negarme.

Siempre acepté lo que decía y, para ser sincero, la situación económica en mi casa me orilló a eso”, cuenta el joven de 27 años al recordar el inicio de sus relaciones con Fernando Moriel.

Fernando Moriel y Jaime Huerta
Fernando Moriel y Jaime Huerta

El asunto no hubiera dejado de ser un caso más de corrupción de menores si no fuera por un detalle que avivó y magnificó el escándalo en la opinión pública de la ciudad de Chihuahua: Fernando Moriel, el amigo íntimo de Jaime Huerta, es un sacerdote de 43 años, reconocido en la comunidad católica de la región. Estudió en el Seminario de Chihuahua y ha oficiado misas en varios templos del estado, en donde se ganó la confianza de los feligreses.

Ahora, la relación íntima que mantuvo Fernando Moriel durante más de siete años con el joven Huerta, ha puesto en jaque a la jerarquía católica en el estado de Chihuahua y amenaza con desbordarse por nuevas revelaciones que testigos aún en el anonimato estarían dispuestos a realizar.

“A raíz de mi situación se acercaron a mí tres personas que vivieron esta misma relación con el padre Moriel; tres jóvenes que sufrieron abuso siendo menores de edad”, detalla Jaime Huerta, a quien le detectaron sida hace algunos meses.

La historia
Todo empezó a principios de 1990, cuando Jaime Huerta era un adolescente de 14 años que acostumbraba jugar basquetbol con sus amigos en las canchas ubicadas a un costado de la Iglesia de Santa Teresita, en la ciudad de Chihuahua. Allí conoció y entabló amistad con Fernando Moriel, quien en ese tiempo no se presentó como sacerdote.

A las dos semanas de conocerlo, Jaime Huerta atendió una invitación de Fernando Moriel para ir al lago de Arareco, en la Sierra Tarahumara, donde según las declaraciones de Jaime el sacerdote abusó sexualmente de él. “Sentí miedo y vergüenza y no dije nada”, admite Huerta. El resultado fue un trastorno mental. Jaime Huerta sufrió una alteración nerviosa que lo orilló a ingerir una botella de veneno. Estuvo dos semanas en terapia intensiva.

Jaime se enteró de que Fernando Moriel era sacerdote un domingo cuando entró a la Iglesia de Santa Teresita con sus amigos y vio a Moriel oficiando misa. A las dos semanas de salir de terapia intensiva, reestableció su amistad con Fernando Moriel. “Empecé a tener una relación más cercana”, narra Huerta.

Esta relación tuvo sus vaivenes, pero en 1992 el sacerdote le habló abiertamente sobre sus intenciones e iniciaron una relación sentimental. “Al empezar me daba 300 o 400 pesos. En una ocasión me dio una tarjeta de crédito que contenía 2 mil pesos”, reconoce Huerta al hablar de la forma en la que le remuneraba Moriel.

Según Jaime Huerta, las relaciones sexuales que mantuvo con Fernando Moriel tuvieron lugar en el templo de Nuestra Señora del Santuario, en Ciudad Camargo, y en el hotel El Campanario, en Chihuahua. “Yo me quedaba en la iglesia con él y hacía que me pusiera la sotana. Inclusive familias de Chihuahua le prestaban a Moriel las casas. No sé cómo, pero me llevaba a diferentes casas de Chihuahua y ahí teníamos relaciones”, denuncia Huerta.

Jaime Huerta da cuenta de las relaciones homosexuales que mantenían religiosos y seminaristas: “Se platicaba mucho de Juan Manuel Hernández; él es monseñor, del seminario mayor de aquí de Chihuahua, y Ángel Orozco, un exseminarista que tiene mucho contacto con Fernando Moriel. Ángel Orozco está enamorado de Moriel, esto me lo confirmó el mismo Moriel. Juan Manuel Hernández es el rector del Seminario Mayor y trae de pareja a Omar Orozco en estos momentos”.

“La mayoría de los seminaristas se mantienen en baños públicos, de vapores, “spa”, de aquí de Chihuahua, eso lo puedo constatar y puedo ir a donde están las instalaciones y decir con mi dedo quiénes son las personas que yo he visto ahí”, asegura.

La relación entre Fernando Moriel y Jaime Huerta se empezó a fracturar a finales de 1999, cuando el joven le reveló al sacerdote su intención de terminar con él. “Me dijo que no, que no hiciera eso porque ahí en la iglesia me iba a recordar con las cosas que tenía de mí, y que le iba a ser muy difícil, muy pesado oficiar misa y estar ahí en esa iglesia sabiendo que ya no estaba yo presente”, revela Jaime.

“Si tú no estás aquí no me va a importar nada, voy a pedir mi cambio y me voy a ir de aquí, y yo no quiero hacer eso. No te vayas”, le habría pedido el sacerdote ese día de diciembre de 1999. “Tuvimos una discusión fuerte. Se emborrachó en la iglesia del Santuario en Camargo y al día siguiente no pudo ir a oficiar misa. Ese día le dejé claro que ya no quería nada con él, que quería irme a Estados Unidos y que iba a seguir mi vida en otro lugar”, cuenta Huerta.

En enero de 2000 partió a Estados Unidos. “Me fui porque ya no soportaba esta relación que tenía con él. En todo ese tiempo fue una relación tormentosa”, rememora. Tres años después regresó a México, después de haberse empleado en Dallas, Texas, en diferentes lugares, entre ellos un gimnasio gay. Pero el virus del sida ya mermaba su salud y se vio obligado a internarse en una clínica en la ciudad de Chihuahua.

“Regresé de Estados Unidos enfermo. No sé si obtuve el sida aquí cuando estaba con Moriel”, refiere Jaime Huerta, que aclara por qué desató el escándalo con sus declaraciones sobre la relación que mantuvo con el sacerdote: “Quizá yo me hubiera llevado el secreto a la tumba y jamás hubiera permitido que todo esto pasara. Se llegó a todo esto porque el padre se enteró de que tenía sida. Llegué de Estados Unidos enfermo y me internaron en la Clínica de las Américas. Le dije: “Fernando, tengo sida”.

A raíz de esta situación, él me manda abogados a mi casa, mandó abogados a la clínica donde estaba internado amenazándome a mí y a mi familia. Me pedían que dejara de molestarlo. Más que nada yo necesitaba el apoyo moral, después de todo el tiempo que duré con él”.

Al poco tiempo, Jaime Huerta habló nuevamente con el padre Moriel, pero éste sólo lo evadió. Pero la intimidación siguió: “Ante las presiones decido contar toda la verdad”. Las declaraciones de Jaime Huerta desataron un escándalo entre la comunidad católica en el estado de Chihuahua, sobre todo después de revelar nombres de religiosos involucrados en abusos sexuales a menores y prácticas homosexuales.

Cuando el joven perdió el contacto con el padre Moriel buscó al rector del Seminario, Juan Manuel Hernández. “Acudí con él porque pensé que me iba a entender”, se queja Huerta López.

Al salir de la cárcel
Elvira López y su hijo Jaime Huerta el día que salió de la cárcel

A Jaime lo acusó la Arquidiócesis de Chihuahua de extorsión y permaneció un mes en la cárcel, después de que acudió con el arzobispo José Fernández Arteaga para recibir 50 mil pesos que le había ofrecido Juan Manuel Hernández. “El padre fue el que me ofreció el dinero, yo jamás le pedí dinero para nada, me dijo: ‘te voy a dar 50 mil pesos por lo de tu enfermedad.

¿Qué te parece si te doy el dinero y te atiendes en Estados Unidos y olvidamos el problema?’. Fue un martes cuando hablé con él, y me citó para un jueves de la siguiente semana. Fue en los primeros días de junio cuando hablé con el padre Juan Manuel Hernández, pero sin saber que me estaban grabando con cámaras”, acusa Jaime Huerta.

A mediados de junio el arzobispo José Fernández Arteaga citó a Jaime para que recibiera el dinero que le habían ofrecido. “Yo acudí a la cita porque ellos ofrecieron el dinero, yo jamás se lo pedí. Cuando acudí a la cita me recibió una religiosa y me pasó hasta la oficina del arzobispo.

Allí me encontré con otro señor que pensé era sacerdote, porque estaba vestido de padre. Entonces me hizo firmar una carta donde yo ofrecía una disculpa pública a la Iglesia Católica y al padre Fernando Moriel. Era como un recibo por los 50 mil pesos que yo iba a recibir”.
“Sí la firmé y cuando se la entregué me dio el dinero. En ese momento abrió la cortina del porche y entraron cinco personas que se identificaron como judiciales y me esposaron.

El investigador privado que estaba vestido de sacerdote fue el que les abrió la puerta a los judiciales, que también llevaban sotana. En el camino me iban golpeando. De ahí me llevaron a las oficinas de Averiguaciones Previas y ahí quedé confeso del intento de extorsión. De ahí me llevaron al Cereso, donde estuve un mes sin atención médica”, relata Jaime Huerta.

Jaime quedó libre el 10 de julio pasado, luego de que el arzobispo José Fernández Arteaga retirara los cargos por extorsión. Pero para Huerta el asunto no ha terminado. “Me duele haber quedado como extorsionador.

Mi denuncia sigue en los tribunales eclesiásticos del Vaticano. En los tribunales eclesiásticos, así hayan pasado demasiados años, no prescribe nada. Lo que espero es que vengan e investiguen y se esclarezca esta situación”, reclama Huerta después de que la denuncia que presentó en contra de Fernando Moriel por corrupción de menores prescribiera.

La protección religiosa
Raymundo Meza, director jurídico del Departamento de Investigaciones sobre Abusos Religiosos, una organización no gubernamental dedicada a denunciar violaciones a los derechos humanos por parte de instituciones religiosas, asegura que lo que le ocurrió a Jaime Huerta con la Arquidiócesis de Chihuahua es práctica común.

“La jerarquía católica ha puesto una barrera para las víctimas de todo tipo de abusos sexuales, primordialmente de la pederastia homosexual, que se está reflejando también en México. La jerarquía católica ha empezado a poner una barrera entre la víctima y siempre le han negado atención. Después manifiestan que es un ataque difamatorio y calumnioso en contra de determinado ministro religioso”, precisa Meza.

“Es el primer caso documentado que escucho de que la Iglesia Católica ha manipulado una denuncia contra una víctima de abuso sexual. Jaime Huerta no confesó que pretendía extorsionarlos, lo que él confiesa son hechos: ‘a mí me agarraron porque fui por 50 mil pesos que me ofreció el arzobispo’, eso es lo que el dice. Ante esa situación no es una confesión, pero también hay una manipulación en el proceso penal.”

Ante estas denuncias se buscó al arzobispo José Fernández Arteaga y al sacerdote Fernando Moriel, pero no hubo respuesta de su parte.
Raymundo Meza plantea que en el último año han recibido 30 denuncias en el Departamento de Investigaciones sobre Abusos Religiosos, y que 27 de ellas han sido por abusos sexuales.

Jaime Huerta no piensa claudicar en su denuncia, no obstante el manejo que dio la Arquidiócesis sobre su caso. Incluso, Huerta fue exhibido como un delincuente común al ser mostrado ante la prensa frente a una mesa con los billetes que le había entregado el arzobispo José Fernández.

“He hecho cuentas de todo lo que me ha pasado, todo lo que me pasó en el penal, que fueron poquitos días pero que para mí fueron eternos, y fue una situación bastante difícil que no puedo perdonar.

Fue una situación difícil, estando encerrado y pensando tanta tontería y aparte con mi enfermedad. Todo esto no lo voy a perdonar. Todo esto que me hicieron no lo voy a dejar atrás, sino que va a salir todo a la luz pública. Voy a esperar el tiempo que sea necesario para que esto se aclare”, advierte Jaime Huerta López.

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