Chihuahua
INICIO | Página de inicio | | Archivo | Atención a clientes |
CHIHUAHUA  
ÍNDICE julio 2005
Enviar a un amigo
Opina sobre este texto

Diario de una espía

Jorge Torres
Su nombre es un misterio y se sabe poco de ella. Sólo que fungió como espía en la turbulencia de 1994 para el gobierno federal. Fue una de las encargadas de infiltrar un movimiento subversivo que se gestó en el estado de Chihuahua –según sus propios informes– después del levantamiento zapatista en enero de 1994 en Chiapas, y a unos meses de la elección presidencial el 21 de agosto de ese mismo año. Su trabajo consistió en deslizarse entre las sombras en las maniobras clandestinas de aquel grupo, mientras obtenía información valiosa para el servicio secreto.

 


Publicidad

Estuvo bajo las órdenes de la delegación estatal del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) en Chihuahua y sus actividades derivaron en un amplio expediente sobre las presuntas operaciones de la guerrilla en el estado.

De los informes que presentó la espía a las autoridades estatales del Cisen, se desprende el tipo de trabajo que desempeñó como agente infiltrada. Los documentos confidenciales se enviaron a las oficinas centrales del Centro de Investigación en la ciudad de México como “reportes unitarios”, con sus respectivas claves que los identifican como información de inteligencia. 

El expediente del espionaje a los presuntos guerrilleros de Chihuahua obra en poder de Contralínea, y está conformado por una serie de documentos clasificados de los servicios de inteligencia que dan cuenta de un asunto que en el estado se ha comentado en voz baja, pero que hasta ahora no se contaba con evidencia oficial.

La madrugada calaba en los huesos. Eran como las tres de la mañana del 13 de enero de 1994 en Valle de Zaragoza, Chihuahua. Seis personas, procedentes de los municipios de Cuauhtémoc, Parral, Madera y Chihuahua, se instruían en práctica de tiro apoyados con reflectores de luz. La sesión fue dirigida por “Rubí”, nombre clave de aquella dama misteriosa que proporcionó las armas. Los disparos produjeron pequeños estruendos, debido al bajo calibre de las escuadras. Cuando saltaron los últimos casquillos y los cargadores quedaron vacíos, Rubí decomisó las pistolas y las guardó en el interior de una camioneta suburban de color guinda con franjas doradas. Al poco rato Rubí se enfilaba hacia la ciudad de Chihuahua. Aquella sesión de entrenamiento había terminado.

Empezaba así la subversión, y también la operación secreta de la misteriosa espía del Cisen. El trabajo no sería fácil. Y es que había detectado, según se desprende de sus reportes confidenciales, que en el estado se gestaba un grupo guerrillero de nombre “Coralífero”, que recibía apoyo de una organización internacional denominada Comisionado de Seguridad para América Latina, que inició, a raíz del levantamiento armado en Chiapas, hacía solo algunos días, un proceso de “estructuración, cooptación y adiestramiento de cuadros de desestabilización social” en la región.

Pero el movimiento no era local y atendía a una estructura de carácter nacional. El 29 de enero, según reportó la agente infiltrada, se llevó a cabo una sesión de militantes en el estado de Nuevo León, a la que asistieron cerca de 850 adeptos del llamado Comisionado de Seguridad. Estos habrían llegado de Zacatecas, Durango, Coahuila, Nuevo León, Sonora y Chihuahua. En esta reunión, según lo consignan los expedientes, se habló de que en ese momento se llevaba a cabo un proceso de adiestramiento subversivo en gran parte del territorio nacional.

Al término de la reunión, al comando Coralífero, procedente de Parral, Chihuahua, se le entregó un paquete con “50 camisolas color verde, con aplicaciones en amarillo y distintivos en una de las mangas”. Este equipo sería utilizado en las sesiones de adiestramiento de este grupo en la región sur del estado de Chihuahua.

Para entonces el nivel de paranoia en la delegación estatal del Cisen estaba al máximo. En seis meses aproximadamente serían las elecciones presidenciales, y ante sus ojos había información que hablaba de un gran complot para desestabilizar el país en la jornada electoral. Las labores de espionaje de la agente habían detectado contactos del grupo de Chihuahua con movimientos rebeldes del sur del país, que iban del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) al Partido Revolucionario Obrero Campesino Unión del Pueblo (PROCUP). Pero no era todo, y conforme incrementaron los informes confidenciales, aumentó la preocupación —y la locura— en las oficinas de seguridad nacional del estado.

Armas y guerrilla

Las sombras dibujaron de pronto las siluetas de aquellos personajes clandestinos. Era la madrugada del ocho de febrero de 1994 y el municipio de Temósachi, Chihuahua, era testigo de una reunión de diez presuntos guerrilleros. Allí estaban, según se supo, dos ciudadanos costarricenses que tenían funciones de asesoría.

El motivo de aquella reunión tenía que ver con el establecimiento de las estrategias para introducir al país equipos de comunicación y armamento. Al cabo de un rato se diseñó una estrategia operativa que incluía cuatro rutas para el traslado de armas provenientes de Estados Unidos.

La investigación de la agente secreta generó información en torno a los lugares donde se ocultaría el armamento. En esa reunión, se propuso la instalación de 16 “buzones” —nombre con el cual se le conoce a los lugares donde se depositan las armas— en los estados de Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Durango, Sinaloa, Nuevo León y Zacatecas. En Chihuahua se mencionó a la sierra como el lugar donde se construirían los “buzones” para depositar las armas.

La delegación estatal del Cisen informó al general Luis Montiel López, entonces comandante de la Quinta Zona Militar en el estado, sobre las operaciones de tráfico de armas, para que éste llevara a cabo acciones de contrainsurgencia. Sin embargo, la información no fue precisa en su momento y no se obtuvieron buenos resultados.

El EZLN en Chihuahua

Los nexos del presunto grupo guerrillero de Chihuahua con el EZLN se hicieron evidentes en dos informes de la agente secreta.

Eran alrededor de las dos y media de la mañana del 10 de marzo de 1994. Un comando de cinco personas fuertemente armadas con fusiles AK –47, llegó al municipio de Valle de Zaragoza con un cargamento de cien armas largas provenientes de uno de los “buzones” de la guerrilla. Las armas serían trasladadas hasta Parral y de ahí Guachochi, donde acumularían más armas provenientes de otros dos “buzones”. Se sabe, por conducto de la espía, que el cargamento pudo haber salido por Choix, Sinaloa, donde fue entregado a otro grupo del EZLN que se encargaría de trasladarlo hasta Chiapas.

Los informes de la agente infiltrada, dicen que las armas que introdujo este grupo al estado de Chihuahua, procedían en su gran mayoría de Wyoming, Estados Unidos, y que eran internadas por Ojinaga, Juárez y Sonora, siendo trasladadas a los “buzones” de la sierra Tarahumara. Se supo, también, que el cargamento promedio de armas de alto poder que pasaban por la frontera era de alrededor de cien unidades por operativo.

El entrenamiento

En un reporte de la delegación estatal del Cisen, fechado el 20 de mayo de 1994, la locura de la información que proporcionaron llegó al máximo. Y es que hablaban de una gran conspiración internacional, que incluía la infiltración de “fuerzas extranjeras en los grupos opositores del país”.

La misteriosa agente reportó que en el Paso, Texas, hubo sesiones de entrenamiento para “oficiales y suboficiales” del grupo guerrillero de Chihuahua. Allí, informó la espía, se instruyó a los guerrilleros en tácticas militares. “La dinámica fue de tres horas diarias”, asentó en su informe.

En los primeros días de junio de 1994, según se desprende de otro reporte, “se dieron cita 23 activistas del grupo coralífero en Roswel”. Allí, dice, la insurgencia nacional se preparó en cinco etapas para el movimiento. Informó también que líderes de organizaciones internacionales –entre ellos del “Partido Comunista Revolucionario de los EUA”–  “participan en este proceso de subversión”.

El complot lo tenían claro los hombres de la seguridad nacional comisionados en Chihuahua, y la agente secreta siguió proporcionando información, misma que señaló a Laredo, Bronswille y Nicaragua, como bases de entrenamiento de los diferentes comandos del “grupo guerrillero”.

Se complican las cosas

En julio de 1994 hubo una fuga de información que según fuentes consultadas salió de la Defensa Nacional –que también contaban con información sobre este caso–  y se puso al descubierto, de manera general, el “movimiento subversivo”. En aquel entonces se filtraron los nombres de Oscar Fidel Jiménez, Teodoro López y Manuel Lizárraga, como los presuntos organizadores de la conspiración. De hecho, un informe del Cisen, fechado el 22 de julio de 1994, da cuenta de una reunión clandestina de donde se desprende la reacción del “grupo subversivo” sobre la filtración.

En aquella reunión, se advirtió de las “repercusiones adversas para el movimiento al haberlos evidenciado”. Por ello, dijeron, “se diseña el cambio de estrategia que permita desvirtuar cualquier acción y seguimiento que se haga por parte del gobierno”.

Fue uno de los momentos más tensos y peligrosos para la espía. Había un traidor en el grupo y lo sabían. Sólo le quedó esperar y comportarse lo más natural posible. No había salida, si desertaba la descubrían.

Cuenta la agente en sus informes que rediseñaron las acciones fundamentales del  grupo y amenazaron con castigar al traidor en cuanto tuvieran los resultados de las investigaciones internas que emprendieron. Se fijaron un plazo de treinta días, pero no consiguieron nada. La espía seguía en acción.

Desde Parral con amor

Las calles de Parral se encontraban desiertas. Era la madrugada del 28 de octubre de 1994. Pero no todo era silencio, y en un domicilio particular de una de las tantas calles empinadas del pueblo, se llevaba a cabo una reunión clandestina. Eran los “Coralíferos”, informó la agente; eran ocho. “Rubí” coordinaba aquella sesión. Había optimismo. Hablaban de un gran levantamiento contra el gobierno. Y les advirtieron: “en cualquier momento pueden ser llamados”.

Según fuentes de inteligencia consultadas del Cisen en torno a los informes que les proporcionó la delegación estatal en 1994 sobre un presunto grupo guerrillero que operaba en el estado, en este organismo tomaron las cosas con calma y llegaron a cuestionar la legitimidad de esta información. Y es que estaban ante la disyuntiva de creer que en la delegación estatal habían enloquecido o aceptar que en el país se preparaba un gran movimiento subversivo de carácter nacional con miras a desestabilizar el país

 



Tu opinión:

Tu nombre:
E-mail

Escribe tu mensaje aquí:

Publicidad

Caricaturistas de Contralínea
De Actualidad

Avilés | Manrique | Omar

 
 

 

Publicidad

 

Avance Contralínea

Conoce antes que nadie nuestras investigaciones. Cada mes recibe en tu email nuestro avance de noticias. Totalmente gratis.
Haz clic aquí
Contralínea en los estados :



En la República:  

Números atrasados


Consulta AQUÍ nuestro archivo histórico.

 

De actualidad:

 

Publicidad:  




Suscrcripciones ContactoPublicidad Directorio Hemeroteca Mapa de sitio
Baja California   Chiapas   Chihuahua  Coahuila   Guanajuato Oaxaca Veracruz Zacatecas

2005 Revista Contralínea Derechos Reservados CIMCOM
Av. Juárez 88, primero piso, desp. 110 y 111. Col. Centro, México D.F.
Tels: 9149-9802 /03 /05

Sitios Recomendados:
| Oficio de Papel | Revista Fortuna | Los periodistas | Fraternidad de Reporteros de México |

Responsable del sitio: Gonzalo Monterrosa Galindo