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Secretos de la Clandestinidad

Jorge Torres
Los grupos guerrilleros se concentran en células que actúan de acuerdo con su propia agenda, pero se activan y alertan en coyunturas políticas durante las cuales la crisis social suele desbordarse, como en las elecciones presidenciales

 

 

 


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La guerrilla urbana ha evolucionado en lo que corresponde a sus actividades en la clandestinidad, esto significa que el guerrillero moderno se ha vuelto “invisible”, es decir, se ha mimetizado con el paisaje de las grandes ciudades.

El hecho se constata en un extenso documento que enumera las estrategias y establece el funcionamiento y la organización interna de la guerrilla urbana en México.

Cada grupo armado cuenta con sus propios documentos elaborados expresamente para su organización interna, sin embargo, hay escritos que circulan entre “militantes” de las organizaciones guerrilleras que dan cuenta de la manera como se estructura el mando en la insurgencia contemporánea.

Es el caso del documento “Clandestino”, de acuerdo con la fuente fue elaborado con el propósito de enriquecer las estrategias y los métodos para sobrevivir en la clandestinidad. Una especie de libro de texto para guerrilleros.

Células urbanas

Wilfrido Robledo, un ex funcionario de los servicios de inteligencia, dice que a principios del sexenio se tenía un estimado de los cuadros que el Ejército Popular Revolucionario (EPR) mantenía en la clandestinidad, y el número aproximado era de “200 elementos”.

El ex funcionario explica que son guerrilleros que se han incorporado con mucha intensidad en la lucha armada, sin posibilidades de efectuar una vida pública, pero que además de estos cuadros, el grupo armado cuenta con decenas de militantes con diversos niveles de participación en las actividades de la guerrilla.

“El EPR tiene trabajadores en las empresas constructoras de carreteras de donde se roban los cartuchos de dinamita para fabricar explosivos”, ejemplifica el ex funcionario, que cuenta con una amplia experiencia en las áreas de contrainteligencia del gobierno mexicano.

El estimado que tenían los servicios de inteligencia en torno a los integrantes, en condiciones encubiertas, del EPR hace cinco años, da una idea de la cantidad de células urbanas que operan en el país, tomando en cuenta que cada célula está integrada por tres o cinco elementos y que hay por lo menos 14 grupos armados con capacidad de organización.

Clandestinos

Las cualidades de un guerrillero que vive en la clandestinidad, según las normas que han establecido los grupos armados y que se reflejan en el documento denominado “Clandestino”, tienen que ver con las de un ser humano polifacético y sumamente culto. “Debe ser un buen conversador, saber de arte y literatura”. Además, deberá tener dotes de actor y una “sangre fría” que le permita salir de situaciones extremas.

Está entrenado para manejar con precisión y destreza armas cortas, como pistolas y sub ametralladoras, así como armas blancas que utilizará en situaciones específicas.

En su guardarropa un guerrillero urbano debe contar con “camisas de distintos cortes, pantalones y vestidos de distintos estilos y telas, uniformes deportivos, trajes, uniformes de policía, de enfermera y obrero”, entre otros.

La casa de seguridad y el vehículo de un clandestino se deben adaptar a “la coartada y fachada que se tenga” y debe tener como hábito pasar inadvertido. “Las actividades conspirativas deben justificarse con una historia que parezca natural”, se lee en el documento.

Las casas de seguridad “no deben de estar en el centro de la ciudad, ni muy a la orilla ni cerca de los cuarteles o centros de vicio; deben contar con ventanas a la calle, con servicios de luz, agua y con salidas de emergencia”, y por ningún motivo debe haber en su interior “posters de revolucionarios en la pared”.

Los guerrilleros urbanos tienen que acostumbrarse a estar informados de todo lo que pasa en los alrededores de las casas de seguridad, “de todo cuanto ocurra en la cuadra, manzana, barrio, colonia”, y lo sabrán por medio de sus vecinos, a quienes por norma hacen sus amigos.

En cuanto a los automóviles que utilizan los guerrilleros, “deben estar en buenas condiciones mecánicas, con los documentos en regla y no traer cosas comprometedoras en ellos; nunca usar un carro legal en acciones militares; los carros legales nunca llevarlos a las citas o reuniones, y andar sólo dos personas en ellos”.

La sangre fría es una característica sumamente útil para quien se desenvuelve en la guerrilla urbana, ya que permite “detectar cualquier situación sospechosa sin caer en el delirio de persecución”.

Los guerrilleros tienen como norma “no tener amistades legales que sean perseguidas por la policía y tener buen trato con los vecinos”. Cuentan con amigos “legales” que visitan sus casas y tienen novias, compañeras o esposas, lo que les permite desenvolverse como personas comunes en el ambiente urbano.

Realizan fiestas “regularmente” en las casas de seguridad e invitan a “los amigos legales y a los vecinos”, pero cuando mantienen reuniones de la organización procuran ser silenciosos y discretos y “no hablan en voz alta”.

Una de las normas es no hablar de la lucha revolucionaria con desconocidos y “no guardar documentos, armas ni dinero en la casa”, éstos se encargan a “los simpatizantes”.

Cuando salen de las casas de seguridad establecen la ruta y procuran que nunca sea la misma, y cuando se han ausentado un tiempo, primero visitan a los dueños de comercios para obtener información acerca de los últimos acontecimientos del barrio.

De acuerdo con el manual “Clandestino”, el guerrillero urbano tiene como norma caminar por la calle en sentido contrario a la circulación de los automóviles, en constante alerta, y si sospecha que lo siguen, abordará distintos autobuses para comprobarlo. “Al abordar un autobús deberá hacerlo al final, y al abandonarlo, cuando está casi en marcha”.

No deberá cargar en la calle documentos comprometedores y deberá abstenerse de leer “libros revolucionarios” en los camiones, además de tomar en cuenta de que si se aborda un taxi nunca debe hacerlo cerca de las casas de seguridad ni dejar que el taxi llegue a sus alrededores.

Los guerrilleros deberán proveerse de documentos falsos y jamás presumir de las actividades que haya realizado por muy espectaculares que hayan sido. 

Si un integrante de una célula armada de la guerrilla se traslada a otra ciudad, no deberá hospedarse en hoteles, sino en casas de simpatizantes, y sólo en caso de ser necesario lo hará por un día y con identificaciones falsas.

Contacto en las sombras

La comunicación entre guerrilleros de distintas células “sólo debe de darse en casos necesarios utilizando distintos medios que permitan asegurar que no habrá problemas en el momento de hacer contacto o repercusiones posteriores”, se lee en el documento.

Uno de los mecanismos de comunicación es enviar mensajes grabados en audio en los que se simulará la voz. Aquí se recomienda “grabar al principio un pedazo de canción” para esconder el mensaje. “Los mensajes siempre deben ser en clave, cortos, precisos y claros”.

Las citas entre las células de los grupos armados deberán hacerse caminando, “nunca en un lugar fijo”. Se deberá vigilar con precisión el lugar de la cita y no deberán realizarse en el mismo lugar las citas posteriores. A las citas nunca se llevan direcciones, teléfonos ni datos personales de “compañeros” y éstas jamás se hacen por teléfono.

Los lugares establecidos para una cita “deben ser conocidos cuando menos por una de las personas que acuden a ella”. La puntualidad es obligatoria en una cita debido al riesgo que se corre o porque se pueden mandar mensajes equivocados.

Si un guerrillero no está puntual en la cita es que no llegará o que se retiró al no ver a su compañero. Las citas sólo se darán entre dos personas. “Si por alguna razón alguno no asiste a la cita, no deberá buscarlo, ya que será su obligación hacer contacto de nuevo o de lo contrario hacer citas permanentes” tomando en cuenta los mismos datos de la anterior.

En la clandestinidad es importante conocer los códigos y las claves que se utilizan en las organizaciones armadas a las que se pertenece, lo cual le puede salvar la vida o evitarle la cárcel al guerrillero.

Tener presente en una cita que si su compañero se rasca la cabeza significa que habrá que suspenderla porque hay peligro o simplemente no hay condiciones, es vital para quien está en la clandestinidad.

En el documento queda establecido que cada organización clandestina tiene sus propios códigos y mensajes en clave, y menciona algunos ejemplos, como el enviar mensajes utilizando sólo algunos nombres de colores. “Azul-rojo-amarillo-verde”, puede significar “me sigue la policía”; “verde-azul-amarillo-rojo”, significaría “te están siguiendo”.

En el documento se recomienda no andar armado, pero especifica que si un “militante clandestino” ha sido identificado por la policía “no debe de andar desarmado y quienes lo acompañen por algún motivo deben de traer arma también”.

Y en casos de enfrentamiento en el que se vean envueltos en un cerco policiaco, “se debe de concentrar todo el fuego en el punto más débil del enemigo para aniquilarlo y por ahí salir”.

“Acciones militares”

Entre las “acciones militares” de la guerrilla urbana que menciona el documento -y que son parte de la rutina, en mayor o menor medida, de un “militante clandestino” de los grupos armados- se cuentan los asaltos, las emboscadas, el sabotaje, la guerra sicológica, el secuestro, la “recuperación de automóviles” y el “ajusticiamiento”.

Los asaltos se realizan para obtener “armas, dinero, medicinas, instrumentos quirúrgicos y explosivos”. Para tal efecto, se “integra el comando de asalto con un jefe al frente, el comando de protección y el comando de retirada”.

Las emboscadas “se deben realizar con rapidez, tanto en la acción como en la retirada”, y se ejecutan para “destruir fuerzas enemigas o para recuperar recursos”. En este caso “se forma el comando de aniquilamiento con un jefe al frente” y el “comando de recolección coopera con el fuego y recupera los materiales del objetivo”, mientras que el “comando de contención se ubica cerca de la acción” para detener los refuerzos del “enemigo”. 

En cuanto al sabotaje se explica que la acción puede consistir en “descarrilar trenes e incendiar pozos petroleros”. La guerra sicológica, por su parte, tiene como objetivo provocar “golpes ficticios al enemigo para desviar la atención y cansarlos en su labor represiva”.

Esta actividad se realiza “anunciando falsas bombas en oficinas públicas, falsos asaltos bancarios”, así como amenazas a funcionarios, a quienes se les anuncia que secuestrarán a uno de sus familiares. “Las llamadas se realizan de una caseta pública con una duración máxima de dos minutos”, indica el documento.

El secuestro es otra de las “operaciones militares” de la guerrilla urbana y “se realiza para obtener publicidad, dinero o liberación de presos políticos”. Para lograr el objetivo se forman dos comandos, uno que someterá al secuestrado y lo llevará a una casa de seguridad y otro que cubrirá la retirada del primero.

Posteriormente se forma un “comando de cuidados” integrado por aquéllos a quienes se les asignó la misión de “velar día y noche al personaje y estar al pendiente de que no escape”.

También “se forma un comando de negociación, quienes entran en contacto con la familia para pedir el rescate que puede ser económico o para manejar la denuncia política; el rescate debe pedirse en otra región o estado de la República distinto al de donde se realizó el secuestro, pedir que la entrega se haga en un lugar apartado donde se tenga la posibilidad de realizar una emboscada”.

Una de las “operaciones militares” más violentas que realiza la guerrilla urbana corresponde al llamado “ajusticiamiento”, el acto que la organización emprende “contra personas que se han distinguido por reprimir, explotar, torturar, masacrar y traicionar al pueblo y los intereses de la revolución”.

Para este fin “se integra el comando y el ejecutor debe ser un militante controlado, consciente de la lucha, con una coartada y de una región distinta a la de la víctima”. Se deberá establecer un plan de acción para sacar al ejecutor de la región inmediatamente consumado el asesinato.

Amenaza latente

“Los grupos armados en México mantienen una continua labor de reclutamiento”, dice el ex funcionario de inteligencia consultado en torno al tema. “Establecen contacto con personas radicales y después las llevan a la clandestinidad”, dice y señala al EPR como el grupo más activo en lo que concierne a reclutar militantes.

El problema, dice Wilfrido Robledo, es que no hay un patrón en las actividades de los grupos armados. “Esperan la coyuntura política; si la crisis política se desborda, los grupos armados se activan en el país”. El ex funcionario se acomoda en su asiento y hace un gesto que intenta ser una sonrisa: “Y créame, son peligrosos”.

 

Publicado: Abril 2a quincena de 2006 | Año 4 | No.54



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