Contralínea  

Cacicazgo y despojo en Colima

Zósimo Camacho / David Cilia, fotos / enviados
Con el llamado a “la rebelión nacional civil y pacífica”, el subcomandante Marcos concluye su paso por 15 estados de la República. Falta por tejer la mitad de la red que “se va a levantar para derrocar al gobierno y expulsar a los ricos del país”, dice el Delegado Zero.

 

 

 


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Manzanillo, Colima. Nubes negras, grisáceas y rojizas atraviesan la comunidad de Campos, perteneciente a este municipio. La gente explica que desde que se construyó la planta termoeléctrica de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), “Manzanillo II”, vive permanentemente bajo el humo tóxico que causa cáncer, leucemia, diarrea, enfermedades bronco respiratorias e infecciones en piel y ojos.

Desde la plaza donde se reúnen los simpatizantes de La Otra Campaña con el subcomandante Marcos, del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), se observan, imponentes, cuatro chimeneas que vomitan el combustóleo convertido en humo que ensombrece al ejido.

Los pobladores no necesitan decir que en su pueblo se respira invariablemente un olor a azufre; pero sí que lo que antes “era un paraíso”, ahora con dificultad sólo produce maíz y jamaica para autoconsumo y que están “contaminados”.

Margarita Bataz comenta que “gastamos mucho en las enfermedades; siempre tenemos a algún enfermo en nuestras familias; aquí ni médicos ni medicamentos ponen. Y cuando habemos varios enfermos de cáncer y diarreas nos dicen que es por unos tacos que nos comimos, cuando todos sabemos que es por esa termoeléctrica”.

Sus vecinos denuncian que “no conformes con haber alterado ya nocivamente nuestro ambiente”, ahora las autoridades federales y estatales pretenden construir una regasificadora en las inmediaciones de la comunidad.

“Todo será en bien del progreso”, les han dicho y los apremian a que también acepten el cambio de uso de suelo de sus tierras ejidales. Ello implicaría la destrucción de 97 hectáreas de ecosistema costero y 30 de manglar. Además de que se cortarían de tajo las actividades agrícolas y pesqueras que, para los lugareños, “son un arte”. Desde la carretera se observan las 20 esferas que ya se han instalado y que, a decir de pescadores de la laguna de Cuyutlán y Campos, “nunca veremos funcionar, porque son ellas o nosotros”.

Esperanza Salazar, de la organización Bios Iguana, denuncia que los gobiernos ni siquiera realizarán un estudio de impacto ambiental pues, argumentan, en el lugar habrá “una contingencia ambiental natural” y no se deben gastar recursos en algo que ya es un hecho. Al mismo tiempo dan despensas a los pescadores y comienza el dragado de 16 metros de profundidad en una superficie de 400.

David, pescador que se opone a lo que considera la “privatización” de la laguna, dice que ha sido secuestrado y torturado por interpelar al presidente municipal. Se asume como un decidido oponente a la instalación de la regasificadora y muestra algunas marcas producidas por los golpes que ha recibido de parte de policías.

Su esposa toma el micrófono para denunciar ante el Delegado Zero las vejaciones y humillaciones en contra de su familia y de ella misma perpetradas por agentes estatales. El auditorio pasa de la admiración a la indignación al escuchar en voz de la mujer y en primera persona la violencia física y verbal de la que fue víctima. Muestra sus muñecas maltratadas por las esposas y culpa de ello al gobernador, Silverio Cabazos Cevallos, y al presidente municipal, Nabor Ochoa López.

Al subcomandante Marcos sólo le resta preguntarles si acaso por vivir junto a una termoeléctrica que contamina sus vidas disfrutan de un servicio de electricidad más barato. Inmediatamente y al unísono la gente grita que no. Entonces les lanza otra pregunta: “¿Y a ustedes les preguntaron si querían la termoeléctrica?” La respuesta vuelve a ser negativa.

“Pues nosotros estamos proponiendo que nadie haga nada en ningún lugar sin que la gente que lo habita esté de acuerdo. El proyecto de la termoeléctrica, con la regasificadora y un nuevo puerto, es acabar con su comunidad. Y eso es lo que quieren hacer con todo el país. O nos levantamos o nos convertimos en un montón de fantasmas que sólo estemos buscando un lugar en donde terminar de morir.

“Y si ya vamos a levantar un movimiento nacional, no nos vamos a conformar con que el presidente municipal nos perdone la vida y diga que ya no viene la regasificadora. No. Diremos: a la chingada la regasificadora, la termoeléctrica, el presidente municipal, el gobernador y el presidente de la República.”

El hotel de Pedro Páramo

Un texcalama o higuerón corpulento, de grandes hojas y copa espesa cubre del sol y refresca a los adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, quienes se han dado cita en un predio a las faldas del Volcán de Colima. Sobre los brazos del árbol crecen decenas de orquídeas, como si hubieran sido colocadas ahí cuidadosamente. La ceniza arrojada por el cráter del coloso, que se encuentra a sólo 8 kilómetros y medio, percude los campos verdes de roble, encino, caoba, guayabillo y almendra.

Estas son tierras de la comunidad de La Yerbabuena, municipio de Comala. Como en el pueblo mítico de Pedro Páramo, hay calles solitarias y casas abandonadas por sus dueños. Pero, a diferencia de la novela de Juan Rulfo, los que se quedaron no han dejado que su comunidad sea invadida por “la capitana, señor”, aquella hierba que es “una plaga que nomás espera que se vaya la gente para invadir sus casas”. Por el contrario, mantienen aseados y en buen estado todos los inmuebles y callejones.

Al igual que la Comala literaria, esta comunidad ya estaba condenada por un cacique que la arruinaba hasta dejarla despoblada, sola con sus recuerdos y murmullos que el viento levantaba. Pero aquí varias familias dijeron que no. Y se quedaron a resistir a pesar de que su casa de cultura esté hoy ocupada por soldados del ejército mexicano. El Pedro Páramo que los expulsa de sus tierras no es el volcán que dicen las autoridades, sino el Hotel Hacienda San Antonio, de la transnacional Amanresorts.

Se trata de una antigua mansión que posee más de 2 mil 500 hectáreas, una capilla de arquitectura neoclásica, un viejo acueducto, varios jardines “exóticos”, albercas y ojos de agua. Además, ofrece a sus huéspedes lo que pocos pueden prometerle: un “espectáculo” visto desde sus ventanas, donde el actor principal es el volcán lanzando fumarolas. Es lugar de hospedaje de la realeza europea y estrellas de Hollywood. Se estima que pasar la noche en este hotel cuesta entre 2 mil 600 y 3 mil 100 dólares.

Y es que cuando las autoridades hablan de desalojar la zona de “alto riesgo”, sólo se refieren a la comunidad y no al hotel. “Hasta tratan de ocultar que aquí hay un hotel inmenso y que no va a ser desalojado”, dice don Rafael, de 75 años. Considera que los quieren echar de sus tierras, de las que ya sólo poseen 400 hectáreas de un total de 2 mil 530, para entregárselas al “palacio de sobria elegancia”, como reza su página electrónica. Los que aceptaron irse, 46 familias, fueron reubicados en una colonia creada ex profeso, pero no les dieron tierras para cultivar.

Las 10 familias que se quedaron, alrededor de 60 personas, no sólo resisten, sino que ahora pasan a la ofensiva: “vamos a recuperar la totalidad de las tierras que nos fueron arrebatando”, dice don Rafael. Agrega: “y ya encarrerados, como dice el Subcomandante, vamos a cambiar este mundo que no es justo”.

El viejo tal vez se refería al descrito por Rulfo, inspirado en estos lugares: “este mundo que lo aprieta a uno por todos lados, que va vaciando puños de nuestro polvo aquí y allá, deshaciéndonos en pedazos como si rociara la tierra con nuestra sangre...”.

“Contra el poder”

El subcomandante Marcos se despide de Tepic, Nayarit, con una marcha por la avenida de los Insurgentes que finaliza con un mitin en la plaza central. 400 adherentes a La Otra Campaña avanzan sobre la calzada copada por empresas trasnacionales y dos refinerías de caña de azúcar con decenas de chimeneas. A todas ellas, la multitud las señala como “las que chingan la nación”. El Delegado Zero no lanza consignas, sólo mantiene encendida su pipa y reparte saludos a las manos y cámaras fotográficas que lo acosan. Sus botas negras marcan el ritmo de la manifestación: pasos largos y apresurados.

Anarquistas y comunistas intercalan sus consignas que se unen para repudiar a las empresas y a un grupo de perredistas que encuentran de frente. Ambos contingentes se miran sorprendidos y los lopezobradoristas de camisas amarillas, desde sus autos, saludan al grupo variopinto que encabeza el subcomandante Marcos. Pero los de la marcha les gritan: “Ni PRI, ni PAN, ni PRD: La Otra Campaña contra el poder”.

Tres cuadras antes de llegar a la plaza, se incorpora a la marcha una banda que interpreta una de las “favoritas” de Marcos: “Cartas marcadas”. Y se escuchan, entre consigna y consigna, gritos rancheros. La de por sí alegre manifestación deviene en fiesta cuando se integran niños con globos, quienes acompañan al subcomandante hasta el final del recorrido.

En el mitin, el Delegado Zero dice que ha venido hasta Nayarit a decirles “que llegó la hora de despertar, de no dejar ir la única esperanza del país. Los de abajo, los que nadie quiere, los que todos desprecian y serán olvidados el 3 de julio, cuando se empiecen a repartir los cargos, deben levantarse. Es la única esperanza de que México no perezca”.

El “Otro Jalisco”

En Ayotitlán, Jalisco, el convoy de La Otra Campaña es recibido por decenas de indígenas nahuas de las comunidades de la sierra sur del estado. El consejo de mayores, integrado por 10 hombres y tres mujeres, ha preparado una recepción con honores a la bandera que realizan en español y náhuatl niños de la comunidad.

La mesa, debajo de una modesta palapa, es presidida por los viejos, que calzan huaraches y visten calzón y camisa de manta, ceñidor, paliacate y sombrero colimote. Las autoridades de la comunidad invitan a su mesa al gobernador huichol delegado por su comunidad para acompañar al subcomandante Marcos.

Desde la loma donde se observan laderas escarpadas de ocotes, hizcolotes y nogales, don Gaudencio Mancilla relata la lucha por la tierra que libra esta comunidad desde el virreinato. Cuenta con documentos primordiales de fundación del pueblo que le reconocen más de 400 mil hectáreas. El gobierno de Álvaro Obregón les “dotó” de 51 mil hectáreas que nunca les fueron entregadas.

“Y ahora salen con que nuestro pueblo no es comunidad indígena, sino un pequeño ejido que, además, ha sido declarado reserva ecológica y ni lo podemos tocar.”

El hombre de más de 60 años denuncia que el consorcio minero Peña Colorada tiene la concesión de la explotación de la sierra de Manantlán. Exhorta a las comunidades a “ponerle un hasta aquí” a los empresarios y al gobierno.

“No les pedimos nada. Sólo que respeten lo que es nuestro. Si nos dejan de molestar, ni un vaso de agua les pedimos, porque agua aquí tenemos mucha. Vamos por la autonomía.”

Ha sido el único orador al que Marcos aplaude. Sabe que los indígenas son “los que nunca van a titubear en esta lucha”. Les dice que lo que le ocurre a esta comunidad es lo mismo que les pasa a casi todos los pobres del país.

“Lo que están haciendo los de arriba es una guerra más grande que la de 1521; pero en lugar de una bomba, cae una minera; y en lugar de una bala, una empresa maderera; y en lugar de la peste, viene Fox”.

Apenas un día antes, la caravana encabezada por el Delegado Zero había parado en Sayula. Ahí es recibido por el colectivo Bandera Negra y “la pandilla de Los Chukis”, entre otras organizaciones de adherentes. Se trata de jóvenes vestidos de negro, con el cabello largo peinado en altas crestas, argollas en la nariz, lengua, orejas, cejas.

“Aquí estamos los feos, los que los de arriba no quieren ver en este jardín. Los que tratan como criminales por ser diferentes y nos echan a sus policías por el simple hecho de que no vestimos como sus hijos. Por qué tanta represión contra nosotros, si nosotros no somos los que nos enriquecemos con el trabajo de otros ni los que hacemos transas al amparo de nuestros padres.”

El subcomandante Marcos no ha pasado por ninguna ciudad donde no haya sido escuchado o recibido por los anarcopunks. Incluso, son las ciudades gobernadas por el panismo, como las de Jalisco, Guanajuato y Querétaro, las que mayor número de jóvenes de la contracultura aportan a La Otra Campaña.

Contrario a la idea de que rechazan participar en política, se muestran entusiastas con la presencia del guerrillero y participan diligentemente en las vallas de seguridad. Ahí se les ve, a veces con los brazos enlazados, junto con indígenas, campesinos, obreros y, como ellos, jóvenes estudiantes, libertarios, musiqueros.

“No nos levantamos contra los blancos, ni ladinos ni mestizos. El coraje no es contra el que es como nosotros aunque se vista diferente. Y sí: repudiamos a todos los partidos políticos. Ninguno nos representa. Aquí está nuestro lugar.”

La Otra Campaña termina de recorrer los estados del bajío. Desde el primero de enero de este año, el subcomandante Marcos ha recorrido más de 18 mil kilómetros por 15 estados de la República y ha celebrado alrededor de 200 reuniones con adherentes y simpatizantes a los que exhorta a “la rebelión civil y pacífica”.

 

 

Publicado: Abril 2a quincena de 2006 | Año 4 | No.54



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