Contralínea  

Escalera Náutica: despojo a pescadores

Zósimo Camacho / enviado
Pobladores del Pacífico mexicano son obligados a desalojar los muelles, manglares y playas que serán puestos al servicio de la Escalera Náutica, el proyecto turístico más importante del foxismo que se impone a comunidades pesqueras, las cuales son echadas de sus antiguos lugares de trabajo con la promesa de que regresarán como servidumbre de los nuevos dueños

 

 


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San Blas, Nayarit. “Que viene el progreso a San Blas. Ya llegó la partida de madre”, dice con rabia el pescador Jorge Ortiz. Mientras relata que junto con sus demás compañeros será echado del lugar en el que ha trabajado durante casi toda su vida, grita, crispa los puños, gesticula, a veces se le resbalan algunas lágrimas por las mejillas. No haya cómo dejar salir “el dolor, la frustración de saber que estás condenado, mi hermano. Maldita la hora en que nos descubrieron. Aquí estábamos tan tranquilos”.

Habla desde el viejo muelle conocido como “La U”, donde por décadas las lanchas de los pescadores de este pueblo costero han desembarcado sierra, mojarra, camarón y constantino, de entre una variedad innumerable de especies del litoral.

Los más de mil 200 pescadores son obligados a dejar el lugar que será ocupado por yates de ciudadanos estadounidenses. Sobre el puerto que perteneció a sus abuelos se construye la “escala náutica” de San Blas. Las constructoras les arrebatan metro a metro el antiguo manglar de siete hectáreas. Arrinconados en el atracadero, apenas tienen espacio para desembarcar y limpiar su pesca. Las máquinas y el material de construcción están sobre ellos, junto a sus pangas y al pie de sus mesas donde "deslonjan" y filetean el pescado.

Decenas de pelícanos y gaviotas ruidosas que revolotean sobre las embarcaciones no logran hacer menos lúgubre el panorama del que fuera uno de los puertos pesqueros más importantes del país. En plena cuaresma, el lugar luce solitario. A decir de los pescadores, sus ventas han descendido hasta en 80 por ciento: los compradores se desalientan al no encontrar libre paso al muelle. Cuando iniciaron las obras, la empresa Singlar cercó con malla ciclónica todo el estero y sólo hay cuatro accesos, dos de ellos abiertos por los propios pescadores que cortaron el alambrado.

Con ironía mordaz se ríen de las autoridades federales y estatales del proyecto de la Escalera Náutica y de sus autoridades locales; pero también de ellos mismos, de su destino. Y sus largas carcajadas son lamentaciones que les producen un dolor casi físico.

“Ya nos mandaron a la chingada, pero dicen que no todo está perdido para nosotros; que nomás es cosa de que nos capacitemos para que entremos al desarrollo”, platican atropelladamente entre risas. “Pues yo ya me estoy capacitando. Ya me compré un banquito de bolero para que les deje las patas relucientes a los gringos que vengan; yo quería ser barrendero, pero la escoba se me hizo muy difícil”, alcanza a decir un hombre gordo de 65 años antes de explotar en carcajadas que le arrebatan algunas lágrimas a sus ojos constreñidos.

El presidente municipal de San Blas, Miguel Ángel Bernal Carrillo, reconoce que “de momento el desarrollo trae molestias para los habitantes; pero en el futuro representa más solvencia económica”. El político de extracción panista agrega que en las reuniones que sostiene con los profesores de las escuelas les solicita “preparar bien a la gente para que, cuando ya esté el desarrollo, ocupe los espacios que se requieran y no se vea desplazada por los que lleguen de fuera”.

Por su parte, el líder de la Asociación de pescadores de San Blas y director de Pesca del municipio, David Lara, confiesa que la mayoría de los pescadores, él entre ellos, en un principio aceptó la reubicación y se comprometió a no entorpecer los trabajos que la empresa Singlar realiza en el muelle.

“Es que nos convocaron a una reunión en el auditorio de la presidencia municipal y nos pasaron una panorámica con foto y de lo que supuestamente va a venir y de la marina de yates en la que habría mucho trabajo para nosotros. Nos convencieron de que no podíamos detener el desarrollo de todo el pueblo.”

Pero los pescadores no son los únicos desalojados. Con ellos se van las familias enteras que desvisceran el pescado, lo transportan a las bodegas o lo venden directamente. Y también son echados los pequeños talleres de construcción y reparación de lanchas.

Sin “condiciones” para reubicar

De su taller de fabricación de pequeñas embarcaciones de fibra de vidrio, sólo le resta una choza de lámina. Se ha visto obligado a pernoctar en ella y a no abandonarla ni por un instante, a menos que su esposa o sus hermanos lo remplacen en la guardia que monta desde hace meses. Está rodeado de arena, grava y máquinas excavadoras. Donde apenas hace algunos meses, junto con su hijo y su mujer, diseñaba y construía lanchas, se levantan estructuras de concreto.

Todos los días es conminado a abandonar el lugar en el que trabajó por más de 20 años. Pero Eduardo Cortés dice que no se irá por voluntad propia si no lo reubican en donde pueda continuar con su oficio. Ya se cansó de mostrar, a quienes le reclaman el terreno, el “Convenio” que celebró con el gobierno del estado en el que se estipulan las condiciones de su reubicación. Prefiere decirles que no se irá hasta que no le paguen el costo de su taller desmantelado y le asignen un terreno para trabajar.

Lo cierto es que el “Convenio” firmado entre el artesano y el estado, como los que se celebraron con los demás dueños de talleres de La U, es un documento leonino que compromete al ciudadano a salirse del lugar a cambio de promesas de terreno, materia prima y construcción del taller que el gobierno cumplirá sólo “de haber condiciones”.

En efecto, las autoridades han argumentado que no hay “condiciones” y Eduardo Cortés no tiene otro lugar a donde ir. “Ya me dijeron que sí hay un terreno al que me pueden mandar, pero me cobran 23 mil pesos por él. Y cómo les pago si ya ni trabajo tengo. Ya la cuaresma me la pasé en blanco y perdí mi taller que costaba 60 mil pesos”.

La Escalera Náutica

La Escalera Náutica del Mar de Cortés, de acuerdo con sus documentos básicos, es el “megaproyecto turístico del siglo XXI”. Durante su puesta en marcha, el 21 de febrero de 2001 en la Paz, Baja California Sur, fue anunciado como un programa “crucial y estratégico para el desarrollo del país”. Recibió el apoyo de gobiernos de distintos partidos: del federal panista encabezado por Vicente Fox; del perredista de Baja California Sur, cuyo titular era el actual presidente del Partido de la Revolución Democrática, Leonel Cota Montaño; y de los priístas de Sonora y Sinaloa, en los que se encontraban Armando López y Juan S. Millán.

Originalmente consistía en la instalación de “escalas náuticas” en la costa del océano Pacífico de Baja California a Sinaloa. Después fue incorporado Nayarit. Ha sido cuestionado por biólogos, ecólogos y geólogos por considerar que los estudios oficiales de impacto ambiental son fraudulentos y sólo buscan justificar el desarrollo de centros turísticos a pesar de que dañen los ecosistemas.

Aunque constantemente se modifica la Escalera Náutica, actualmente se proyecta que se integre con 27 escalas o centros turísticos y de servicio a yates. Algunas de ellas ya reciben al turismo estadunidense. Serán siete en Baja California, nueve en Baja California Sur, cuatro en Sonora, tres en Sinaloa y cuatro en Nayarit.

Las escalas serán para el “alto turismo” de Estados Unidos, principalmente de California, Arizona, Nuevo México y Colorado, que realizará travesías en yates por la costa del pacífico mexicano. En cada una de las escalas se ofrecerán los servicios de atraque, rampa de botado, descarga de sentinas, suministro de combustible, agua potable, televisión por cable, bar, sanitarios, regaderas, refacciones y reparación de yates. Además, se construirán hoteles, campos de golf, restaurantes y tiendas departamentales.

El gobierno federal creó un fideicomiso que administra la empresa de desarrollo náutico Singlar. Es la que se encarga de la puesta en marcha de las escalas.

El despojo

La escala de San Blas consistirá en la creación de una “marina” o centro de servicios para los turistas que lleguen en yate, remozamiento del centro de pueblo y calles principales, construcción de nuevos hoteles, restaurantes y campos de golf y de un “centro cultural y artístico” en el cerro de San Basilio. La marina se instalará en La U, el viejo muelle de los pescadores del lugar. De acuerdo con Miguel Ángel Bernal Carrillo, presidente municipal, la inversión que se realiza en San Blas es de 102 millones de pesos, de los cuales 80 provienen del Fondo Nacional de Turismo, 16 del gobierno estatal y 6 del municipal.

A los pescadores sólo se les avisó que debían dejar el espacio que ocupaban, pues los terrenos eran de propiedad federal y el gobierno ya los iba a utilizar. Se les prometió que serían reubicados en un “lugar mejor” y podrían continuar con la pesca. Sin embargo, las obras en el lugar que les prometieron están detenidas, mientras que en La U la empresa constructora ya ocupó prácticamente todo el muelle.

Además, al visitar el lugar en el que supuestamente serán reubicados, los trabajadores del mar se percataron de que ahí habría lugar para apenas 300 lanchas cuando ellos superan las mil 200. También sostienen que lo que se construye en el lugar prometido no es un muelle para ellos, sino más obras para el turismo.

“Vemos que se va preparando muy lentamente la zona de nuestra supuesta reubicación. Y, además, cualquier persona que tenga las nociones mínimas de la pesca se da cuenta de que, así como está el nuevo lugar, no es posible que nos cambiemos ahí. Tampoco nos dan información de lo que ocurre aunque la solicitemos”, dice David Lara.

Para Candy Yescas, ecologista del grupo Manglar y politóloga por la Universidad Autónoma de Nayarit, el proyecto de la Escalera Náutica “no es congruente con la biodiversidad de San Blas. No hay un solo estudio real y completo del impacto en materia ecológica y social. Ni siquiera sabemos cuántos empleos se van a generar y de qué tipo. Lo que sí queda claro es que se trata de un instrumento para despojar a los ya de por sí oprimidos”.

Agrega que no sólo serán los pescadores los que serán marginados, sino todos los que viven de la pesca, como los bodegueros y los pequeños comerciantes y hoteleros, quienes serán desplazados por las grandes cadenas del “alto turismo”. “Todo lo justifican diciendo que para el desarrollo es necesaria la inversión; pero no se invierte en la gente de aquí y su trabajo. Ahora resulta que los que vienen a hacer sus negocios con los recursos de los samblaseños nos están haciendo un favor”, lamenta.

“Ilegales”

De los más de mil 200 pescadores de San Blas sólo 85 cuentan con permiso. Prácticamente todos están en la ilegalidad y son extorsionados por los inspectores de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa). Tienen que cuidarse de ellos y de no ser consignados a las autoridades por “atentar contra el medio ambiente”. Consideran que lo que quieren los gobiernos es que ya no pesquen para que les dejen el camino libre a los desarrolladores de proyectos turísticos.

“Si quieres sacar chigüiles, que es el pescado de quinta calidad, necesitas permiso de Semarnat (Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales), Sagarpa (Secretaría de Agricultura), Profepa y no sé cuántas madres más. Y también si quieres sacar camarón, sierra o lo que sea. ¡Pero lo peor es que no dan permisos a nadie, hermano! ¡Tiene 20 mil años que no hay permisos!” Jorge se carcajea y, cuando se repone, agrega: “así nos tienen amarrados. Nomás dicen que hacen valer la Ley y nos chingan a la hora que quieran”.

El pescador se muestra sorprendido de que necesiten autorización del gobierno federal para trabajar. “Para nosotros, los de lanchas, no hay permisos. Pero si les pusiéramos una millonada en las narices nos dejarían pescar todo lo que quisiéramos. Ahí tienes a los barcos que arrasan con todo, hasta con nuestras redes que tendemos para pescar sierra. Ellos sí traen permiso. Nosotros somos los ilegales, los que andamos mal. Pues cómo está eso, si mi vida siempre ha sido al lado de pescadores: mis padres, mis abuelos, todo mundo pescador”.

Anochece. El implacable jején se apeñusca en los brazos y cuellos. El muelle no está tranquilo. Dos dragas escarban en las inmediaciones del puerto: los yates necesitarán un atracadero con mayor profundidad. Las máquinas trabajan en ahondar más el estero aunque arruinen las redes tiradas por los pescadores y alteren el ecosistema de la marisma. Jorge calcula dónde tender sus mallas sin que sean alcanzadas por las dragas.

“De tanto desmadre que están haciendo y la manera en que nos quieren ver la cara de pendejos ya no sabes si llorar o reír que, pa' nosotros, a veces es lo mismo. Para mí esto es una tragedia peor que la del huracán Kena. Así como pinta la cosa, esto va a valer madre, mi hermano. Yo no sé hacer otra cosa más que pescar y no quiero dejar de ser pescador. Por eso aquí me ves muy encabronado nomás tragándome el coraje”.

 

 

Publicado: Abril 2a quincena de 2006 | Año 4 | No.54



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