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Mal inicio

Jorge Meléndez Preciado
Desde antes de tomar posesión, Felipe Calderón habló de diálogo y pluralidad. Era lógico. La votación que obtuvo fue del 35 por ciento del total de sufragios emitidos y la diferencia entre el candidato panista y Andrés Manuel López Obrador, según las cifras oficiales, de menos de medio punto. Incluso el albiazul dijo que rebasaría a sus adversarios de izquierda justamente por esa tendencia, la izquierda.

 

 

 


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Otras voces expresaron que no se debería confiar en el hombre que nació en Michoacán. Su ideología, aseguraban, es de derecha, su actitud muy enérgica y su forma de conducirse bastante ruda, por lo tanto, “no se espere que cambie a pesar de lo que diga”.

En la campaña electoral del año pasado se vio que Felipe estaba dispuesto a todo para ganar. Se enfrentó a Vicente Fox, humilló a Santiago Creel y hasta denigró a López Obrador mediante anuncios televisivos.

Antes de la toma de posesión apareció un anunció por televisión de un Consejo Mexicano de Jóvenes, en el cual una señora le explica a su hija que el pleito entre legisladores, proyectado en una pantalla televisiva, era una más de las agresiones perredistas.

Al consultarle a un conductor de Televisa quiénes eran los patrocinadores de esa propaganda negra, enmudeció. Lo que nos recuerda cómo algunas instituciones abiertas o encubiertas pueden hacer lo que les venga en gana contra organismos públicos.

Pero eso no fue todo. El 31 de diciembre se llevó a cabo una ceremonia en Los Pinos. En la misma Vicente Fox entregó -con nerviosismo y a punto de tirar-, la banda presidencial a un cadete, quien se la dio a Felipe Calderón. Éste, luego de recibirla y ponérsela, tomó la protesta a su equipo de seguridad, donde sobresalían los secretarios de la Defensa, Guillermo Galván, y Marina, Mariano Saynez, y el de Gobernación, el polémico Francisco Ramírez Acuña.

El hecho fue inédito. Pero además, se creyó, por muchos analistas, que se realizaba debido a que en la siguiente jornada no se llevaría a cabo el acto tradicional en la Cámara de Diputados, dados los acontecimientos de los últimos días: un pandemonium en San Lázaro desde que los panistas tomaron la tribuna central el martes 28 de noviembre.

El acontecimiento en Los Pinos fue en red nacional, no obstante que todo sucedió a las 12 de la noche, hora en que la audiencia es muy baja por obvias razones. No importaba, se quería dejar constancia que el símbolo mediático por excelencia, la televisión, daba fe del asunto.

Al otro día, no obstante los jaloneos y empujones que hubo constantemente entre diputados e incluso senadores, por la parte de atrás de San Lázaro -tras banderas se dice- aparecieron primero Felipe Calderón y luego Vicente Fox. La pompa duró únicamente 4 minutos y 43 segundos. Sólo hubo coincidencia, en dicho lapso, al cantar el himno nacional.

Pero no obstante el escándalo en todo el salón, al encadenarse los diferentes medios, los conductores Diane Pérez de Televisa y Sergio Vicke de Tv Azteca, sobre todo ella, nos relataron algo inconcebible. Lo mismo que Calderón llegó con “el pie derecho y la mano firme” -premonitorio de lo que pasaría el 4 de diciembre al detener al líder de la APPO, Flavio Sosa y otros compañeros-, que había “tranquilidad y certeza” y que estábamos en el gobierno que daba “gobernabilidad y derechos”. Incluso Diane, nuevamente en un desliz, señaló que Felipe “espera ser un presidente honesto” (sic de todos sus antecesores corruptos).

Es decir, una serie de despropósitos sin asidero con la realidad. Pretendían, claramente, descalificar todo lo que era una situación obvia. Algo propio del Centro de Producción de Programas Informativos y Especiales de la Presidencia de la República… pero en los tiempos de Carlos Salinas.

Afortunadamente, el Canal del Congreso siguió como si nada sus transmisiones. En las mismas pudimos observar los desórdenes por todos lados y oír los silbatos de los perredistas. También una buena cantidad de radiodifusoras y conductores se rebelaron, pues al ver que estaban desinformando a su público, de inmediato retomaron sus emisiones. Sobresalen los casos de José Gutiérrez Vivó, a quien se le han querido hacer pagar facturas por sus informativos donde aparece Andrés Manuel, y Carmen Aristegui, a quien se le tacha de perredista.

Pareciera que el régimen actual quiere mostrar que la realidad está en la televisión.

Mal inicio de un gobierno que insiste en decir que está dispuesto a conversar y llegar a acuerdos con todos aquellos que quieran hacerlo. Hasta el momento, lo que hemos notado es una repetición de las viejas formas, incluso exacerbadas, algo que es muy peligroso en momentos donde hay una polarización social amplia que se puede desbordar.

¡Que Reyes Heroles nos agarre confesados!

 

Publicado: Enero 1a quincena de 2007 | Año 5 | No. 70



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