Contralínea  

Calderón, Cortázar, Solá y Naveja… contra la prensa

Álvaro Cepeda Neri

“Lo que tenemos ante nosotros no es la alborada del estío, sino una noche polar de una dureza y una oscuridad heladas...”

Max Weber

 

 

 


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I.— En el cortísimo lazo, de la precampaña, la campaña y los dos meses de ejercer la Presidencia, cada vez menos republicana, deslegitimada democráticamente y marcada por el foxismo, el panista de la neoderecha michoacana-mexicana (conectada con la derecha estadounidense y divorciada de la centro-izquierda y socialdemócrata latinoamericana): Felipe de Jesús Calde-rón Hinojosa, ya ha dejado varios cadáveres a su paso al embestir, entre directa e indirectamente, a quienes ejercen las libertades de prensa en los medios de comunicación.

II.— La pírrica y mínima victoria calderonista-derechista, está vinculada a la caída del conservadurismo de los “neocons” pseudorrepublicanos estadounidenses, domesticados, políticamente, en la escuela de Leo Strauss; y, económicamente, en el fundamentalismo monetarista de Milton Friedman. Éste y aquel de la Universidad de Chicago (ver la interpretación política antirrepublicana en Leo Strauss y Joseph Cropsey: Historia de la filosofía política; y de John Micklethwait y Adrian Wooldridge: Una nación conservadora. El poder de la derecha en Estados Unidos).

III.— El asunto es que el calderonismo, con su “Mr. Amigo” Maximiliano Cortázar Lara, como director general de Comunicación Social de la Presidencia derechista y su asesor estrella, el nazifascista-falangista Antonio Solá Reche, está llevando a cabo un ataque abierto contra el periodismo, más que audiovisual y radiofónico (ya les llegará su turno, como en las modernas peluquerías llamadas estéticas, para hacerles su “corte”) escrito. Y ajustes de cuentas, al estilo de la mafia, contra quienes no se alinearon, fueron imparciales o de plano, ejerciendo sus derechos ciudadanos, optaron por apoyar a otras fuerzas políticas.

IV.— El foxismo, con Mart(h)a y Fox a la cabeza, arremetió una y otra vez, con su jerga: de palabra y obra, contra la prensa y, sometiendo a su capricho a los tribunales, entablaron demandas civiles y penales, para satisfacer venganzas; porque la información y la crítica los puso en la mira de la opinión pública nacional e internacional. Los foxes fueron conocidos dentro y fuera del país como los neotrogloditas retratados en las misivas persas de Montesquieu. Y Calde-rón, con su mano dura en Gobernación, su mano policiaca-militar en Seguridad Pública Federal y la PGR, para tratar por igual a narcotraficantes y a luchadores sociales (de Oaxaca a Michoacán) sigue los pasos de su padrino (¡oh, Mario Puzo!) que contribuyó a ponerlo como sucesor en Los Pinos. De Fox a Calde-rón más de lo mismo.

V.— Con Cortázar y Solá, las dos caras de la misma moneda calderonista, el recién estrenado presidente, por obra y gracia (la jerga religiosa cosechando triunfos retóricos) del PREP, del IFE, del Trife, de la Corte y de Fox marcha, al paso de ganso, ya no sobre Roma (25/X/1922) sino sobre los medios de comunicación mexicanos, como un Capo del Goberno (fascismo y nacionalsocialismo, de Alfonso Carlos Sainz Valdivieso, en su libro: Iniciación al estudio del derecho político).

VI.— Calde-rón vetó a Bernardo Gómez (peón de la Sahagún) vicepresidente de Televisa y ésta, en desquite, se opuso al nombramiento de Lozano Alarcón en Comunicaciones y Transportes (dependiente de Televisa y TV-Azteca). El columnista Raymundo Riva Palacio escribió: “Dentro del equipo de Calderón han evaluado la política de garrote vil del viejo régimen... hay una línea de pensamiento de dureza hacia los medios de comunicación” (El Universal: 8/XII/06). No es una apreciación sesgada que la nueva derecha, tan vieja en sus raíces desde “los reaccionarios que al fin son mexicanos”, si no busca el retorno del pasado, que no es difícil sino imposible, quiere plantar (¡hasta el 2030!, según planes calderonistas) a muy largo plazo su continuidad en el presidencialismo a la mexicana.

VII.— Otro penetrante columnista, Ricardo Alemán (El Universal: 5/XII/06), en impecable e implacable crítica ha cuestionado duramente la persecución, a horcajadas del foxismo y el calderonismo, al comunicador José Gutiérrez Vivó, del programa radiofónico Monitor y del periódico Diario Monitor, víctima de uno de los oligopolios de la radio (Radio Centro de la familia Aguirre) con la complicidad de la ministra de la Suprema Corte Olga Sánchez Cordero. “Si Calderón -escribió Alemán-, es un demócrata, está obligado a combatir a los 'intocables', cuya mafia es el mayor peligro para la democracia”.

VIII.— En la Rusia todavía autocrática de Putin, puntualizó la escritora Mónica Zgustova (El País: 23/XI/06) que, con motivo del asesinato de la periodista Anna Politkovskaia, se ha puesto al descubierto que desde el poder se alienta: “se da el visto bueno a los llamados siloviki, los forzudos (porque) una gran parte de los rusos apuesta por la fuerza como motor del Estado”. Aquí, entre nosotros, el calderonismo, ante la crisis postelectoral, la inseguridad por los narcos, la delincuencia más o menos tradicional y la corrupción de los poderes públicos y privados, considera, sería necesaria la mano dura, “los forzudos”.

IX.— Cortázar y Solá impulsan y ejercen, con el visto bueno de Calde-rón, “la tendencia a callar por diversos métodos a los que ponen en cuestión el ordenamiento vigente” y enderezan sus baterías contra los trabajadores, de mayor o menor rango, en los medios de comunicación. Es parte de la embestida de Manuel Espino, personaje menor del PAN y su actual presidente, cuando se fue encima de Roberto Zamarripa, subdirector editorial del periódico Reforma. Miguel Ángel Granados Chapa, tras analizar los violentos rebuznos de Espino, sostuvo que éste: “Agredió sin bases al periodista, cuya reputación impide que sean ineficaces las ofensas de Espino y sus sibilinas sugerencias para que Reforma desautorice a su periodista”. Y agrega: “En la doctrina y en los hechos, se avecinan, están ya sobre nosotros, tiempos de mano dura sobre los medios” (Proceso: 10/XII/06).

X.— No eran tres, sino cuatro los mosqueteros. Y he aquí que se han vuelto a reproducir, para continuar librando con sus espadas de censura, inquisiciones y amenazas, la herencia foxista. Ellos son: Calde-rón, Solá, Cortázar y Juan María Naveja, porque los últimos tres nada harían si no cuentan con el “visto bueno” (a la Putin) de amartillar sus pistolas para disparar, por ahora, dardos autoritarios contra las libertades constitucionales para informar y opinar sin cortapisas, en el entendido de que la prensa es contrapoder. Y es que los periodistas —escribió Luis María Anson—, “somos el contrapoder del poder político, somos el contrapoder del poder religioso, somos el contrapoder del poder universitario, somos el contrapoder del poder financiero, del poder económico, del poder cultural... y el contrapoder para criticar al poder cuando el poder se equivoca, y para denunciar al poder cuando el poder abusa”.

 

Publicado: Enero 2a quincena de 2007 | Año 5 | No. 71



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