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2a quincena junio 2007

La salud como política de contrainsurgencia

 

Además de padecer niveles de pobreza similares a los del África subsahariana, los indígenas en resistencia civil de Chiapas sufren medidas de contrainsurgencia: al igual que los zapatistas, integrantes de Las Abejas tienen casi vetado el derecho a la salud

Nancy Flores / Rubén Darío Betancourt, fotos / enviados

 

 

Chalchihuitán, Chiapas. La vieja montura de caballo cuelga en la viga del techo, inútil, aguardando el momento en el que Lucía aferre sus manos a los amarres de mecate y soporte la vida en sus brazos y rodillas. Pero la hora de hincarse y dar a luz a su hijo, el octavo, parece no querer suceder.

Diecinueve días con ese dolor, que le surca la espalda y se le encaja entre la cadera y las piernas, contradicen las palabras del doctor: “aún no es tiempo”.

La joven de 29 años, indígena tzotzil e integrante de la organización civil Las Abejas, sabe casi consumida la oportunidad de salvarse y salvar a su hijo. Mas Lucía Pérez Gómez tiene que esperar, sentada en un tabique, “el milagro” de parir en casa: los ahorros se gastaron hace 12 días en el taxi a Yactelum, ubicado a una hora de distancia “en carro”, adonde se dirigen todos los tzotziles en resistencia con alguna urgencia médica.

 

Y es que en Chalchihuitán el onceavo municipio más pobre de México según la ONU, a los indígenas organizados o simpatizantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional se les niegan los servicios de salud en las clínicas públicas de la cabecera, incluso si se trata de alguna emergencia.

“Aquí no hay atención médica”, denuncia Nazaria García Pérez. Para los tzotziles de Los Altos de Chiapas ése es el precio por organizarse. “Cuando nos pusimos en resistencia nos quitaron el derecho de ir a la clínica de Chalchihuitán. Nos prohibieron todo”, dice la joven, también integrante de Las Abejas y coordinadora parroquial de mujeres.

 

Por eso Lucía oculta el sufrimiento que le rezuma por los ojos oscuros y su morena piel, tal como ocurre con su imperceptible vientre, escondido en el huipil blanco, ornamentado con bordados rosa, rojo, morado y verde. Y sólo espera.

 

La división

Al ponerse el sol, los golpes de aire frío van haciendo suyas las casas del poblado Emiliano Zapata. Desperdigadas sobre una pendiente, con los techos de lámina y las paredes hechas con maderos que no alcanzan a empalmar, las viviendas son incapaces de detener las ráfagas.

Las enfermedades respiratorias se ubican entre los principales padecimientos de los residentes, porque a nadie le alcanza el dinero para construir la vivienda de “material”. La pobreza, que a nivel municipal registra un índice de desarrollo humano del 0.4966, según la Organización de las Naciones Unidas, no basta para unir a los pobladores.

Las primeras cabañas que se alzan en la boca de la brecha, que abre paso a esta comunidad, pertenecen a las familias militantes del Partido Acción Nacional; a mitad del pueblo se encuentran las 12 viviendas de Las Abejas, y abajo están ubicadas las de los zapatistas.

“Estamos divididos”, reconoce Nazaria. La tzotzil de 27 años y misionera católica acusa que “el partido (Acción Nacional) nos quiere molestar un poco, porque dicen que la resistencia no los deja avanzar. Los partidos obligan a lo que ellos quieren y por eso nos defendemos”.

La fiesta celebrada el 19 de marzo pasado en honor de San José, el patrón de la iglesia de Las Abejas, fue la primera en la cual convivieron zapatistas e integrantes de dicha organización civil. Los panistas no fueron invitados.

“Ahora hay un poco de acuerdo (entre todos los habitantes de Emiliano Zapata), sobre todo para que los niños estudien en la escuela. Ya nos llevamos mejor con el EZLN, pero antes no”, dice Nazaria.

La división no es privativa de este lugar. En Jolitontic, considerada como una de las comunidades más empobrecidas del municipio, las bases de apoyo zapatistas son acosadas por los militantes de los partidos Acción Nacional, Revolucionario Institucional y de la Revolución Democrática.

Habitantes de Chalchihuitán, quienes prefieren no identificarse por temor a represalias, indican que los priístas que rodean al presidente municipal, Antonio Pérez Gómez, amenazan no sólo a bases de apoyo del EZLN, sino también a quienes pertenecen a organizaciones civiles no armadas.

Según acusan, la gente del regidor anda con “cuernos de chivo”, diciendo a los rebeldes y a los defensores de derechos indígenas, comunitarios y humanos, que los van a desalojar de estos pueblos.

Otra forma de presionar, insisten, es negando la atención médica, cuando hay alguna emergencia de salud, tanto en las clínicas del Instituto Mexicano del Seguro Social como del gobierno de Chiapas. 

 

En Chitic se corre la misma suerte. Manuel Díaz López, promotor de los derechos humanos del Centro Fray Bartolomé de las Casas y habitante de este sitio, indica que han aumentado las amenazas contra los indígenas organizados en sociedades civiles y contra las bases de apoyo zapatistas.

“Por eso nos integramos en los derechos humanos, porque tenemos miedo de que pase algo”. Manuel explica que “primero, el gobierno ofrece muchos apoyos para que se salgan de la organización (EZLN y sociedades civiles), luego falta al respeto a los solares y, al final, amenaza”.

Sobre el trabajo comunitario, el campesino advierte que la tensión entre los pobladores impide que “avancemos en exigir respeto a los derechos humanos, a pesar de que la organización ya lleva un año”.

Manuel dice que “aquí estamos viviendo muy abandonados: no contamos con mejor vivienda ni agua potable, sacamos el agua de un pozo y la traemos cargando”.

 

Las sendas de Chalchihuitán –palabra náhuatl que significa “lugar donde abundan los chalchihuite”– que corren, sin revestimiento de la cabecera municipal hacia lo alto de la montaña son bordeadas por niños, jóvenes, adultos, ancianos, todos gachos por las pesadas cargas que soportan en la frente, en donde se ciñe el mecapal.

En las espaldas, los bultos son de leña, maíz, frijol o agua, ésta última se transporta en ánforas cuya capacidad oscila entre los 10 y 20 litros.

Sobre los servicios de salud, Díaz López expone que los residentes van a la clínica de Canteal, ubicada a 30 minutos caminando por una cuesta, aunque señala que la unidad del IMSS no cuentan con medicamentos suficientes, además de que no atienden más que primer nivel. “No hay mucha posibilidad de que nos curen”.

 

Afiliados, sin garantía

Aun quienes están afiliados a los programas de desarrollo social, como Oportunidades e IMSS-Oportunidades, carecen de una mejor vida.

“Vivimos muy pobres. Traemos cargando el maíz que comemos en el mecapal, el agua también la cargamos. Caminamos horas. Cómo el gobierno dice que tenemos una vida digna, si no es cierto. Nos da 300 pesos, pero eso no es nada: no nos alcanza para alimentar a nuestros hijos”, señala María Díaz Pérez, también habitante de Chitic.

La mujer, quien a pesar de estar enferma de la matriz no ha recibido tratamiento alguno para corregir los daños de su último embarazo, dice no entender para qué obligan a las afiliadas al programa Oportunidades a atenderse con el médico, si no las van a curar. Agrega que “si no vamos a una cita no nos dan completo el dinero”.

 

Condenados a una economía de autoconsumo, con ingresos marginales obtenidos por la venta de café, los tzotziles de Chalchihuitán subsisten del maíz y frijol que cosechan y de los frutos que crecen naturales: naranja, lima, mango, papaya, durazno, piña, limón.

María Díaz refiere que las familias necesitan dinero para comprar arroz, sopa, jitomates, cebollas, azúcar, ropa, zapatos. “Es caro. Una sola cebolla cuesta cinco pesos”. Añade que en su caso, la producción anual de café se reduce a tres costales, por los que le pagan mil o mil 500 pesos. “Eso no alcanza para nada”.

 

Reclamo social

“Somos personas, no somos animales. Tenemos el mismo derecho que los mestizos. La salud no pertenece a ningún partido o religión, no se puede negar ese derecho”, reclama Flavio García Pérez.

El joven, quien se encuentra en un curso de capacitación en Acteal para ser promotor de la salud en Emiliano Zapata, reconoce que “la atención médica es un  problema, porque en la clínica de la cabecera municipal los médicos no nos hacen caso, por ser de la organización (Las Abejas). Nos discriminan porque no somos del partido y tampoco estamos en el IMSS Oportunidades”.

Flavio acusa que los niños no tienen suficiente alimento, y advierte que sí hay desnutrición de primer grado. Agrega que las mujeres no tienen buena alimentación cuando se inicia el embarazo, porque no hay dinero.

Con desesperación, parado frente a la puerta de Lucía, Flavio dice que es obligación de los médicos brindar la atención, no discriminar, y del gobierno mandar más personal.

Nazaria, su hermana, advierte que, ante el descuido de las autoridades sanitarias, “ahora que estamos en la resistencia tenemos tres aspirantes a promotores de salud y ya vamos a construir una casa de salud. Ahí la atención va a ser para todos, incluso los del partido y los del EZLN”.

 

 

Las dificultades para estudiar

Con el morral lleno de libros, cuadernos y lápices de colores colgando de su frente, Alejandro acomoda sus botas de plástico, tipo lechero, en las brechas serpenteadas de Jolitontic, municipio de Chalchihuitán.

El niño de siete años camina dos horas desde la escuela hasta su casa, ubicada en el barrio Yonchén. José Antonio Mendoza Vásquez, director comisionado de la escuela primaria bilingüe 21 de Marzo, reconoce que las distancias entre los barrios y el colegio fomentan la deserción de los alumnos, que suman los 231.

Agrega que entre los factores que impiden el desarrollo del proceso de enseñanza-aprendizaje, destaca el mal estado del mobiliario. “Nosotros valoramos la necesidad de pedir ayuda y el 3 de marzo fui ha entregar una solicitud al Cocoes (Comité de Construcción de Escuelas), esperamos que nos den ese apoyo”.

De acuerdo con el INEGI, en 2000 el municipio presentó un índice de analfabetismo del 50.77 por ciento, con una media estatal de 22.91 por ciento.

Para el director, otro foco rojo tiene que ver con la alimentación. “El 85 por ciento de los alumnos no desayuna cuando viene a la escuela y eso repercute en el aprendizaje. No desayuna por falta de recursos”.

De acuerdo con los resultados del II Conteo de Población y Vivienda en 2005, en este municipio, de las 12 mil 256 personas que habitan el municipio, 11 mil 24 personas hablan alguna lengua indígena.

El informe detalla que la población de Chalchihuitán representa el 2.55 por ciento de la regional y 0.31 por ciento de la estatal. De este total, 50.46 por ciento son hombres y 49.54, mujeres. El 78 por ciento de los habitantes son menores de 30 años y la edad media es de 14.

Estadísticas oficiales

Al igual que la ONU, el Consejo Nacional de Población señala que este municipio presenta un grado de marginación muy alta. Ubicado en las montañas del norte de Chiapas, Chalchihuitán limita al este con Pantelhó y Chenalhó, al sur con Chenalhó y Aldama, al norte con el municipio de Simojovel y al oeste con Santiago El Pinar y El Bosque.

El 8.57 por ciento de la población reside en localidades urbanas, mientras que 91.43 en 37 localidades rurales, que representan 97.37 por ciento del total de localidades que conforman el municipio.

 

 

 

 

 

 

Mortalidad materna

En Chiapas, el embarazo, parto y puerperio se ubican como las principales causas de morbilidad femenina, revela el más reciente indicador del INEGI, “Porcentaje de casos de morbilidad hospitalaria por entidad federativa y principales causas según sexo, 2001 a 2004”.

De acuerdo con las estadísticas oficiales, 57.7 por ciento de las muertes de mujeres chiapanecas, ocurridas en 2004, se relacionan con la maternidad; 2.7 por ciento, con afecciones originadas en el periodo perinatal; 3.5 por ciento, con traumatismos y envenenamientos; 1.5, con heridas, y 4.2 por ciento, con factores que influyen en la salud y contacto con los servicios de salud.

Graciela Freyermuth Enciso, doctora en Antropología e investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social Sureste, dice que, aunque en los números oficiales se han abatido los índices de muerte materna, el problema persiste. “Chiapas mejoró cinco lugares. En términos de administración eso es muy bueno, en términos del problema obviamente no se ha resuelto”.

Reconoce que en Los Altos hay un contexto muy complicado para brindar atención médica a las parturientas. “En Chalchihuitán, que es una población fundamentalmente indígena, todavía hay problemas de comunicación, no todas las clínicas funcionan las 24 horas de los 365 días, el acceso a los servicios todavía no es tan ideal como quisiéramos: las mujeres no acuden a los servicios cuando tienen complicaciones”.

Freyermuth Enciso agrega que el primer nivel para atención a partos en las clínicas de Chiapas se desmanteló en años pasados, bajo la premisa de que los partos deben ser atendidos en hospitales. “Hay que cambiar esto para que las mujeres tengan acceso a primer nivel y ahí se les atienda su parto, o que se les atienda en su casa, pero si tienen una urgencia obstétrica puedan acudir al primer nivel y se les resuelva”.

La antropóloga observa que la mayor cantidad de clínicas en las cabeceras municipales y en los poblados son de primer nivel y no atienden partos. Añade que las normas no permiten a los médicos de primer nivel resolver urgencias obstétricas.

El riesgo, indica, es que si no se atienden rápido, las mujeres no llegan a segundo nivel. “Ésa es una cuestión de la política pública que hay que afinar: hay que capacitar a los médicos para que puedan detener una hemorragia, atender una toxemia del embarazo, porque las mujeres que llegan al segundo nivel van en malas condiciones, cuando llegan”.

Explica que ya hay esfuerzos para hacer clínicas-hospitales, como en el caso de Larráinzar. “Pero hay muchos médicos que no quieren acudir a esas clínicas a dar servicios. Es comprensible porque no conocen el idioma y pueden hacer algunas prácticas que son malinterpretadas por la población, entonces temen por su integridad física”.

Sobre las causas que impiden abatir la muerte materna, Freyermuth Enciso dice que las primeras son las que ocurren dentro del ámbito familiar y tienen que ver con la posibilidad de que las mujeres salgan de su casa para tener acceso a servicios de salud.

La doctora señala que la cosmovisión juega un papel importante: “la explicación de la enfermedad tiene que ver con causas sobrenaturales o conflictos familiares o comunitarios; además del papel que tiene la mujer en su propia casa, pues los maridos piensan que si se muere es porque Dios lo quiere así. Entonces falta revalorizar a la mujer”.

El segundo problema, dice, es “el proceso para que una partera pueda sacar a una mujer de su casa, que no sólo es muy difícil sino que es de mucha negociación con la familia, con el presidente municipal, con la ambulancia.

“El tercero es el de las clínicas, donde puede no estar el médico, o si está, al ver que la complicación es muy grave, evalúe los problemas que le generará atenderla o no esté capacitado para hacerlo. Y luego está la complicación del traslado: hay comunidades que ni siquiera tienen caminos”.

La especialista indica que, pese a que en el sexenio pasado el secretario estatal de Salud tomó como prioridad la mortalidad materna, “me preocupa si en este sexenio se va a tomar la misma posición”, no porque se abata de facto la problemática, sino porque es un paso importante para hacerlo.

 

 

 

 

 

 

Pobreza, casi irreversible

Para abatir la pobreza en México, que afecta a más de 60 millones de personas, se debe cambiar el modelo económico capitalista, advierte el economista Marcos Chávez. Agrega que aun cuando esto se lograra, se necesitarían al menos seis décadas para que el nuevo sistema garantizara equidad en la distribución de la riqueza.

El investigador del Colegio de México indica que “con el gobierno de Felipe Calderón no sólo no vamos a ver un cambio en las políticas públicas neoliberales, sino que se van a seguir agudizando los problemas de pobreza y de miseria en el país”.

El académico dice que, al ser un presidente impuesto por el grupo dominante, Calderón Hinojosa apostará a la continuación de la vertiente del desarrollo capitalista que hemos seguido desde 1982.

Marcos Chávez explica que el Estado está aplicando políticas públicas que no garantizan el crecimiento de la economía, con una mejoría en el bienestar de la población, sino que está agudizando el proceso donde beneficia básicamente a los empresarios, que es el 1 por ciento de la población.

“Hablamos de alrededor de un millón de familias, cuando somos más de 25 millones”.

Sobre el tratamiento de la pobreza como “deuda social”, el economista dice que “es una manera de ocultar la realidad: no existe la deuda social porque el proceso del país de riqueza y miseria van juntos. Uno va asociado al otro de manera íntima, el enriquecimiento de un sector de la población descansa en la pobreza de las mayorías”.

Más aún, añade, las políticas que está siguiendo Calderón son justamente las que trasladan la riqueza de un sector de la población, alrededor de 75 millones de mexicanos, hacia otros sectores que equivalen al 1 por ciento de la población.

Detalla que hay diversos mecanismos para transferir la riqueza, sobre todo el de los bajos salarios, que implica una mayor rentabilidad para las empresas, el recorte de las prestaciones sociales, incluso el fiscal: recortes de impuestos, subsidios.

“Ése es el corazón del modelo. Por eso, en el transcurso del sexenio de Calderón no se puede esperar ninguna mejoría de la población; por el contrario, la pobreza se va a agudizar.”

Marcos Chávez señala que “la definición de las políticas públicas ya no cabe: el objetivo central de las políticas gubernamentales es el control de la inflación, la estabilidad de los mercados, la generación de un ambiente propicio para los inversionistas; más allá de la retórica, nunca hablan de crear mecanismos e instrumentos que promuevan el bienestar de la población. Al contrario, lo están desmantelando”.

 

Pueblos indios, los más afectados

Ernesto Ledesma, coordinador del Centro de Análisis Político e Investigaciones Sociales y Económicas (CAPISE), acusa que la marginación afecta sobre todo a las comunidades indias del país. “Cuando miras dónde hay más marginación es en donde hay población indígena”.

En el caso de Chiapas, Ledesma refiere que “en CAPISE elaboramos un mapa en el que identificamos las posiciones militares, en ese mismo mapa marcamos las regiones indígenas y las zonas de más alta marginación, según el Consejo Nacional de Población. Y donde hay población indígena hay marginación”.

El investigador considera que el resultado de la miseria y la marginación es la discriminación en cuestión de salud, educación, justicia, casa. “Por eso han tenido que buscar sus propias alternativas: gane quien gane, y pase lo que pase, el resultado siempre es el mismo: marginación, pobreza y discriminación”.

Para Miguel Ángel García, coordinador de la organización ambientalista Maderas del Pueblo, “el gobierno de Juan Sabines está en sintonía con la política de Felipe Calderón, a pesar de que supuestamente fue electo como candidato del Partido de la Revolución Democrática”.

El activista advierte que “lo primero que Sabines concierta con el gobierno federal es el programa Chiapas Solidario. Ahora nos anuncian que sí hay mucho analfabetismo, y conciertan con Josefina Vázquez Mota un programa que abre la posibilidad de que participe el Ejército. En otro contexto, la participación del Ejército en servicios sociales podría ser muy loable, pero en el contexto chiapaneco es muy peligroso, es una provocación para las comunidades zapatistas”.

García señala que las labores de inteligencia militar, disfrazadas de campaña contra el analfabetismo, se agregan a las otras dos líneas que desarrolla el gobernador de Chiapas, Juan Sabines: “el Plan Puebla Panamá, como lo ha manifestado Calderón, y la remuncipalización para afectar los municipios autónomos”.

 

 

 

 

Fecha de publicación: Junio 2a quincena de 2007 | Año 5 | No. 81

 

 

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