Contralínea  

Los fideicomisos son la continuación de la rapiña

Álvaro Cepeda Neri
“La guerra es una mera continuación de la política por otros medios”. Karl von Clausewitz.

 

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I.– A ciencia cierta, los mexicanos, por la desinformación oficial para tapar sus devastadoras rapiñas, tipificadas en el Código Penal Federal, como: cohecho, peculado y enriquecimiento ilícito -modalidades del robo, el fraude y la extorsión-, además de las tipificaciones constitucionales, como responsabilidades de los servidores públicos, no sabemos cuántos fideicomisos, constituidos con DINERO PÚBLICO, maneja el presidente de la República en turno, a través de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

II.– Se manejan, por lo que se ha logrado saber, entre 400 y 500 y pico de esas instituciones, envueltas en el galimatías de sus partes: fiduciario, fideicomitente y fideicomisario, encubiertos por la función cómplice, en el caso gubernamental, de los bancos que manejan esos multimillonarios recursos públicos como si fueran privados y los beneficios son entregados, clandestinamente, a los beneficiarios.

III.– Los beneficiarios en dichos fideicomisos son, principalmente: el presidente de la República: ayer los priistas, ahora los panistas, desde que al sátrapa de Gil Díaz se le ocurrió (y el que parte y comparte se queda con la mayor parte) crearlos desde finales del salinismo. Y tuvieron descomunal auge con el foxismo, para que no pocos de ellos, finiquitados algunos para no dejar huella, permanezcan con el calderonismo. Millones de pesos son hurtados por los fideicomisarios o sea los señalados para recibir el botín.

IV.– Fideicomisos que son la continuación de la partida secreta, para saquear dineros públicos, por medios disfrazados de privados. Y cuando la fiscalización decidió investigarlos, los seis ministros con Azuela, el nefasto ex presidente de la Suprema Corte, decretaron que los fideicomisos públicos, con dinero del pueblo, no deben ser objeto de fiscalización alguna, porque son... ¡instituciones privadas! ¿Privadas? La complicidad de esos “honorables” jueces obedeció a que en la cúpula del Poder Judicial Federal, también se crearon fideicomisos con dinero público, para beneficio privado de... ¡servidores públicos!

V.– Varios reporteros, en el epílogo del año pasado, volvieron a sacar a la luz pública el problema y ponerlo, por enésima vez, en el ojo del huracán de la discusión. Clemente Castro y, al alimón, Gustavo Castillo y Roberto González (El Universal y La Jornada: 28/XII/06), recapitularon lo que se ventiló, tiempo atrás, en estas páginas de Contralínea y en la investigación periodística del reportero Miguel Badillo, con su libro: Isosa, fraude transexenal a la nación, la cabeza de otros dos fideicomisos: Aduanas I y Aduanas II.

VI.– Fox-Gil (Vicente Fox y Francisco Gil Díaz: los fideicomisarios o, en traducción de esa jerga: los beneficiarios) no se hartaron de meterle mano a los fideicomisos que fueron creando. Una versión asegura que existen, desde entonces, 559 fideicomisos y que manejan más de 170 mil 660 millones de pesos. Pero de los constituidos por Fox y Gil Díaz, “desaparecidos” por la vía de haberlos extinguido al haber cumplido la función para la que fueron creados, nada sabemos y generaron enriquecimientos ilícitos.

VII.– Los fideicomisos han sido creados para dos finalidades: sustraer recursos públicos para beneficio privado y para sacarle la vuelta a toda posible fiscalización y rendición de cuentas. Y así la impunidad de los funcionarios queda afianzada: pueden robar a discreción, ya que son inocentes aunque les prueben lo contrario, pues el dictamen judicial los ampara y protege de por vida: por todos los siglos de los siglos. Nada le importa al actual presidente panista que ya no exista la partida secreta, mientras los fideicomisos tengan vía libre y se conviertan en la caja chica de los servidores públicos de muy altísimo rango.

VIII.– La rapiña, pues, continúa por otros medios. Y directamente saquean los dineros públicos, con mayor facilidad y ningún riesgo por medio de los fideicomisos. Es la continuación del peculado, la otra palabrita que suaviza el robo, como el autoritarismo relativiza a su original, la autocracia. El mismo Clausewitz se sorprendería al saber que los fideicomisos, parafraseando su concepto, corrigiéndolo y aumentándolo, son la continuación de la rapiña por otros medios. Y estos eluden así, cualquier fiscalización.

 

IX.– Es un deber insistir, una y otra vez en cuestionar los fideicomisos públicos que, en cuanto han de ser fiscalizados, se convierten en privados, porque la mayoría de los ministros de la Corte decidieron, por sus togas (que en ellos más parecen vestidos para cubrir sus abusos), que el dinero público invertido en ellos, por arte de magia, es ¡dinero privado! Y los servidores públicos pueden servirse de esas fortunas, como ladrones con impunidad.

 

X.– Desde 1913 y nos contemplan ya 93 años, casi un siglo, la partida secreta continúa a través de los fideicomisos. Al final del zedillismo se canceló esa figura para la rapiña del presidente en turno. Ahora se reproduce como fideicomisos, continuación de la partida secreta, para los mismos fines: el robo a manos llenas del presidente en turno y ahora le toca al panista Calderón con su ayudante de cámara, el voluminoso Carstens. Partida secreta-fideicomisos es más de lo mismo: deshonestidad y falta de honradez republicana y democrática, porque ha triunfado, además de la ultraderecha, la falta de ética de la responsabilidad y sin convicciones.

 

Publicado: Marzo 2a quincena de 2007 | Año 5 | No. 75



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