Contralínea  

El narcotráfico confronta al Estado

Oficio de papel
Miguel Badillo

 

 

 


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En la década de 1980, “narcólogos” colombianos, como se les dice en ese país a investigadores y estudiosos del tema del narcotráfico, actividad criminal que en los años 60 y 70 azotó terriblemente a ese país y convirtió a su población en víctima de discriminación y repudio en el mundo, señalaban con precisión que el crecimiento y la organización de las bandas en México convertirían a este país en el sustituto de Colombia en relación con el tráfico de drogas, en la violencia generada por esa actividad y confrontaría a dichas bandas criminales con el Estado.

Tuvieron que pasar algunos años para que el gobierno federal aceptara esa realidad y la grave crisis que ahora enfrenta por el crecimiento exponencial del crimen organizado y los delitos de tráfico y consumo de estupefacientes. Aunque todavía algunos funcionarios se niegan a aceptar que México se ha colombianizado, como una forma de calificar la brutal violencia que tenemos todos los días en las calles por la actividad del narcotráfico en el país.

Así, mientras México avanza peligrosamente por una callejón que parece no tener salida, a pesar del cuantioso gasto de recursos públicos dispuestos por el gobierno federal y el aumento de personal policial y militar que trata de contrarrestar la violencia y la operación de los cárteles de la droga mexicanos, el presidente de la República hace declaraciones irresponsables que sólo atemorizan aún más a la población y motiva a los cárteles para continuar con su actividad criminal.

Es el mismo Felipe Calderón quien en entrevistas con medios internacionales se ha quejado de ser amenazado de muerte, junto con su familia, por bandas del narcotráfico, como una forma de explicar el grave problema que enfrenta México y como una razón fundamental de Estado para haber ordenado la extradición inmediata de peligrosos narcotraficantes mexicanos para ser juzgados y encarcelados en prisiones de alta seguridad en Estados Unidos.

Esto último, según declaraciones del mismo Calderón, porque el gobierno que preside no tiene la capacidad para dar seguridad a los mexicanos y al mismo tiempo mantener en prisión a peligrosos delincuentes que día a día amenazan la paz, el orden y la seguridad nacional. La pregunta entonces es para qué destinan tantos recursos públicos en supuestos centros penitenciarios de “máxima seguridad” si éstos no sirven para lo que fueron construidos, o es que la corrupción en el gobierno y en los cuerpos policiales hace imposible evitar las fugas de las prisiones mexicanas. Si a esto agregamos el creciente presupuesto que este año se otorgó a los órganos de procuración de justicia y de persecución del delito, parece absurdo y se perfila más como una cuestión de desvío de recursos públicos y omisión.

En medio de esta crisis de ingobernabilidad que ha tomado índices alarmantes de violencia, los cárteles de la droga parecen estar dispuestos a confrontarse con el Estado, como ocurrió en Colombia hace 30 y 20 años, y de seguir México el guión de lo sucedido en ese país sudamericano la violencia aumentará y con ello los crímenes y secuestros de políticos, legisladores y servidores públicos; bombazos en edificios públicos y en instalaciones de medios de comunicación que investiguen y denuncien a los jefes de esas bandas; ajusticiamientos callejeros, como ya ocurre en todo el país; mayor consumo de drogas, incremento del tráfico de estupefacientes y una bonanza económica principalmente en los sectores financieros por el incremento en los montos del “lavado” de dinero.

A lo anterior hay que agregar el error gubernamental, primero cometido por Vicente Fox y ahora repetido por Felipe Calderón, de usar a las fuerzas armadas para hacer frente al crimen organizado en una especie de cuerpos policiales que persiguen a delincuentes.

La ineficacia y la corrupción que envuelve desde hace muchos años a la Procuraduría General de la República y a la Secretaría de Seguridad Pública han sido las razones por las cuales la Presidencia de la República ha dispuesto del Ejército Mexicano y de la Armada para combatir a las bandas criminales y tratar de erradicar la siembra y producción de drogas. Sin embargo, las fuerzas armadas ni están preparadas para hacer de policías ni deben salir a las calles a perseguir delincuentes, pues su función, como lo establece la Constitución, es vigilar y proteger la soberanía nacional.

Pero como esto se ha violado, ahora militares y marinos de alto rango están expuestos al poder corruptor del narcotráfico, como ya sucedió en años anteriores, cuando algunos generales colocados en cargos de ministerios públicos se coludieron con cárteles de la droga y corrompieron todo el aparato de justicia y dejaron vulnerable a las fuerzas armadas.

La única solución que habría sería la legalización del consumo controlado de drogas, pero esta medida va en contra de la política extraterritorial del gobierno de Estados Unidos, de tal manera que nada ni nadie podría siquiera imaginar una posibilidad así, pues mientras México pone los muertos los gringos ponen a los consumidores.

El ejemplo de Colombia

Cuando las principales bandas del narcotráfico se apoderaron de ese país y empezó para los colombianos una verdadera pesadilla de persecución, odio y reproche mundial y de la cual aún no pueden salir ni tampoco olvidar, el Estado colombiano estuvo sumido en una parálisis que lo llevó a la descomposición social de la que ahora apenas empieza a reponerse.

En el caso mexicano el gobierno ha sacado al Ejército a la calle en busca de la legitimidad que no lograron en las urnas y el presidente Felipe Calderón se dice ahora víctima del crimen organizado y con ello pretende sumar a su causa la solidaridad social tan arraigada en México, aunque en este caso el efecto es contrario, pues lo único que logra al victimizarse es que la comunidad internacional se vuelva hacia México y confirme lo que ya se advertía desde el gobierno panista de Vicente Fox: que las bandas del narcotráfico cada día acumulan mayor poder y el incremento de una violencia generalizada en todo el país, en donde policías, militares y funcionarios son acribillados a cualquier hora del día ante la presencia atónita de la población.

Externamente la imagen de México sufrirá una satanización para ubicarse como el principal centro de la droga en el mundo, aunque para todos es sabido que ese primerísimo lugar lo ocupa Estados Unidos, principal zona de consumo de marihuana, cocaína y drogas químicas, amén de ser el principal centro de “lavado” de dinero mundial; los mexicanos que viajen al extranjero serán discriminados y vejados por los cuerpos policiales, igual como sucedió con los colombianos cuando salían de su país; una drástica caída en las exportaciones mexicanas, y la nada agradable clasificación de “país peligroso” para el turismo internacional. Todo lo anterior con una importante afectación en la economía nacional.

Eso, señor presidente, para que siga usted gritando ante la prensa internacional que está muy asustado porque en México el crimen organizado lo tiene amenazado de muerte, pues es tanto su poder que ni siquiera el Ejército, al cual usted ya sacó a la calle, puede detenerlo.

 

oficiodepapel@contralinea.com.mx

 

Publicado: Mayo 1a quincena de 2007 | Año 5 | No. 78



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