Justicia

1a quincena agosto 2008

La SIEDO busca a Jiménez Mota

 

La SIEDO prepara un operativo para entrar a la casa donde se presume fue enterrado el periodista Alfredo Jiménez Mota, quien desapareció en abril de 2005. En una carta, un supuesto participante en el secuestro del reportero describe las torturas a las que éste habría sido sometido antes de ser ultimado. En la misiva, que ha abierto una línea de investigación en la oficina de la PGR, se vincula al presunto autor intelectual del homicidio con el gobernador de Sonora, Eduardo Bours

Enrique Aispuro

 

 

Una carta firmada por Saúl García Gaxiola, supuesto participante en la desaparición y muerte de Alfredo Jiménez Mota, dejó al descubierto el posible lugar donde éste habría sido sepultado. Fuentes vinculadas con la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) reconocen la autenticidad del escrito.


Informan que se ha abierto una línea de investigación para encontrar los restos del reportero, levantado en abril de 2005, en un centro comercial en Hermosillo, Sonora. Señalan que la SIEDO negocia con García Gaxiola convertirlo en testigo protegido. El supuesto delincuente habría pedido “dinero y protección” a cambio de la información.


Funcionarios de la Procuraduría General de la República (PGR) dicen que se prepara un operativo para entrar a la casa de seguridad donde García Gaxiola asegura se encuentran los restos de Jiménez Mota. Y es que, afirman, el tema del periodista es prioritario para el presidente Felipe Calderón; para el titular de la PGR, Eduardo Medina, y para el subprocurador Noé Ramírez.
No obstante, a más de 40 días de que la procuraduría conoció el escrito –que enviara el gobernador de Sonora, Eduardo Bours Castelo, el pasado 10 de junio– el operativo aún no se realiza.


De acuerdo con las mismas fuentes de la PGR, el senador panista y precandidato a la gubernatura por Sonora, Javier Castelo, ha participado con la SIEDO en el esclarecimiento del crimen y ha intervenido en la presentación de varios testigos.


Jiménez Mota, reportero de El Imparcial de Sonora, desapareció el sábado 2 de abril de 2005. La última noticia que tuvieron de él en el periódico fue que iba a encontrarse con una persona, quien le pasaría información sobre el crimen organizado en el estado.


El periodista tenía 25 años cuando fue secuestrado. Fue jefe de prensa de la Policía Estatal Preventiva, en Culiacán, y luego reportero en los diarios Noroeste y El Debate. Hacía poco tiempo que había regresado a radicar a Hermosillo. En noviembre de 2004 entró a trabajar al diario, donde cubría la fuente policiaca y los hechos relacionados con el narcotráfico.


Javier Castelo Parada, senador por Sonora, dice que la desaparición de Jiménez Mota y su posible asesinato es un caso que impactó a la sociedad sonorense, porque es un atentado contra la libertad de expresión; “más cuando un periodista se atreve a tocar temas delicados sobre seguridad y crimen organizado”.


El legislador del Partido Acción Nacional considera que el reportero realizaba una labor “no sólo profesional, sino cívica y ciudadana” al ayudar a combatir el crimen organizado. En este caso, agrega, se comenta que el reportero contaba con información que involucraba autoridades estatales y locales, en particular las encargadas de la procuración de justicia, con el narcotráfico.


En la carta, García Gaxiola relata que fue Raúl Parra Enríquez –asesinado en abril de 2006, quien fuera jefe de los Números: célula local dedicada al narcotráfico– quien ordenó al sicario conocido como el Montoyita, asesinar al reportero y enterrarlo en la sala de una casa de seguridad ubicada en la colonia Villa Itson, en Ciudad Obregón.


El supuesto testigo refiere que Jiménez Mota fue torturado por Parra Enríquez, alias el 9, para que revelara quién le filtraba información sobre su persona y sus supuestos nexos con los gobiernos estatal y municipal.


En la carta se lee que Jiménez Mota, en medio de la tortura, habría dado el nombre de José Acosta Muñoz como la persona que le daba información sobre Parra y también le había prometido un video que inculpaba a jefes policiacos del estado.


La carta, de la que Contralínea posee copia, consta de nueve páginas escritas a mano. En el documento, García Gaxiola describe de forma detallada las últimas horas de vida del reportero, desde el momento de su secuestro, el 2 de abril de 2005, hasta su muerte, supuestamente ocurrida el seis de abril por la noche.


En la misiva, en poder de la SIEDO, García Gaxiola relata que el 9 advirtió a Jiménez Mota: “Mira, cabrón, aquí en Sonora por tu muerte no me hacen nada, porque desde Bours, hasta el procurador tienen un compromiso conmigo que no te imaginas, y nunca te van a encontrar”.


El testigo agrega que, previo a la advertencia de Parra Enríquez, el Montoyita le dijo al reportero que ese levantón era político, que todo estaba arreglado con el procurador Abel Murrieta.


Contralínea solicitó la postura oficial del gobierno de Sonora, a través de la oficina de Comunicación Social. Sin embargo, la administración de Eduardo Bours prefirió guardar silencio.


Altos mandos, supuestos involucrados
El senador Javier Castelo considera que el caso resurgió gracias a la carta firmada por el supuesto testigo del asesinato del periodista; pero, acota, serán las autoridades quienes realicen las investigaciones correspondientes para aclararlo, “en particular la parte donde se vinculan a mandos policiacos”.


El congresista dice que en Sonora se comenta que la publicación de la carta fue una estrategia del gobernador para “demostrar” que no esconde nada. “Pero lo importante será la respuesta de las autoridades, quienes a la fecha no han realizado ninguna declaración al respecto, aun cuando el escrito los incrimina”.


En la carta, García Gaxiola dice que el levantón fue planeado desde un racho en San Pedro, propiedad de quien identifica con el apodo de el Señor 2000. De ahí salieron rumbo a Hermosillo, escoltados por una patrulla de la judicial del estado, ahora Policía Estatal Investigadora.


Y fue en esa unidad donde Jiménez Mota habría sido transportado, con torretas abiertas, a la primera casa de seguridad, en Nogales.
Después, agrega, fueron tres policías municipales quienes les llevaron de comer a todos los que resguardaban el lugar, donde mantenían amordazado, de pies y manos, a Jiménez Mota.


García Gaxiola dice que “como a las dos de la tarde llegó el señor Raúl Parra Enríquez con varios agentes de la Procuraduría de Justicia del Estado (PJE), recuerdo a dos de ellos, se apellidaban Sánchez Lara y Valle Semental”.
Más adelante señala: “Como a las ocho de la noche del día seis de abril trasladamos al periodista a la casa de el Caribú (Armando Coronado Zazueta), en la colonia Villa Itson. Nos trasladamos en una Sonora blanca, dos patrullas de la PJE y tres de la municipal”.


En la carta, García Gaxiola recuerda que cuando llegaron a la casa de el Caribú había un hoyo en el centro de la sala. Minutos después, el Montoyita cumplió la orden de Raúl Parra y de un balazo en la nuca ultimó a Jiménez Mota, quien fue enterrado, completamente desnudo, en la excavación preparada para tal efecto.


Violentada, la libertad de expresión
El senador Castelo dice que, durante su administración, Bours “no ha sido precisamente respetuoso de la libertad de expresión”. Recuerda que como diputado federal inició una campaña sobre las reformas estructurales del gobierno federal, la cual fue sacada del aire en la televisora estatal por órdenes del gobernador.


A decir de Castelo, los medios de comunicación locales están controlados totalmente por las autoridades estatales, y los independientes son perseguidos. “Contralínea es un claro ejemplo de ello, igual que el periódico Cambio. Es lamentable que en una democracia, donde la libertad de expresión es un elemento básico para avanzar, ésta no se dé en Sonora”.


A continuación, la transcripción de la carta manuscrita de García Gaxiola:

Hay ocasiones (en) que, cuando menos lo piensas, el destino te pone en lugares y horas inapropiados que luego te van a pesar. Tal es el caso cuando nos encontrábamos en el rancho del Sr. 2000, en San Pedro, y se nos dio la orden de alistar cinco vehículos y armas porque saldríamos a la ciudad de Hermosillo. Se me acercó a mí y me dijo que yo me subiera a una patrulla de la Judicial del Estado, ahora P.E.I. (Policía Estatal Investigadora) y que me acompañara un elemento nombrado Ignacio García.

 

Recuerdo que eran cerca de las 8:00 de la noche cuando salimos del rancho antes mencionado. Y así salimos para Hermosillo. En el camino me dijo Nacho que iríamos al centro comercial “soriana luis encinas”, que íbamos por una persona pero que no tendríamos problema alguno porque todo estaba arreglado.

 

Cuando llegamos a ese lugar, detrás de la patrulla venía el convoy de los cinco vehículos particulares, y enseguida de la patrulla venía una suburban de color oro con varias personas de negro y con pasamontañas. Luego se oyó por el radio, en clave: “La 37 que está parada casi en la entrada del cine contiguo al centro comercial”.

 

Nos dirigimos a él y lo acorraló el vehículo dorado, descendiendo estas personas que lo tomaron por sorpresa, subiéndolo a la unidad de la policía, donde él, asustado, me preguntaba de qué se trataba, y mi compañero le dijo que se callara porque se lo iba a cargar la verga, al mismo tiempo que le ponía las esposas. Después nos dirigimos de nueva cuenta por el Blvd. Luis Encinas subiendo por la izquierda al Blvd. Rodríguez para dirigirnos a la salida a Nogales, para volver al rancho del Sr. 2000, donde él nos esperaba.

Con la sirena prendida y las torretas de la unidad, se nos hizo más rápido llegar.

 

Llegando lo bajamos arrastrándolo y lo colocamos en una de las esquinas de un cuarto de aproximadamente 4 x 3 metros. En unos minutos llegó hasta el lugar El 2000 junto con su brazo derecho, el montoyita. Y nos dijo que le pusiéramos cinta gris en las manos y pies, y que le metiéramos un pedazo de tela en la boca, y también (que) le pusiera cinta gris en toda la cabeza.

Luego El 2000 hizo una llamada a su compadre diciéndole que ya tenía a la 37 en su poder, preguntando qué proseguía. Después se quedó callado y solamente dijo “así se hará compadre”.

 

Después nos dijo al Montoyita y a mí que nos fuéramos a la pista “la fortuna” y que fuéramos a hablar con Iván Domínguez, que es el propietario, y que le comunicáramos a esta persona que iba a llegar un aparato (avioneta) y que por lo tanto no debía haber ninguna persona que pudiera ver ese aparato. Luego nos regresamos al rancho y le dijimos al señor que su orden ya estaba 5.3. Siendo como 20 para las 10 de la noche subimos al periodista amarrado de pies y manos a la suburban color oro en la parte trasera.

 

Recuerdo que iba manejando el Montoyita, y de copiloto iba el guacho Iván; en el asiento de atrás, dos personas más, a las que yo no conocía.

 

En la unidad de la P.J.E. (Policía Judicial del Estado), misma que iba guiando a la suburban hacía la pista “la fortuna”, iba Nacho García, y uno que le apodaban El Chapito, “Carlos Ramírez”. Yo iba en la parte de atrás de la suburban, cuidando al periodista.

 

Cuando llegamos a la pista, enseguida llegaron dos avionetas: una de color blanco con café y la otra blanca con azul, de las cuales descendieron los dos pilotos.

 

De la nave azul descendió el piloto apodado “el Jairo” en la que subimos al periodista, acompañado de mí y del Montoyita; y en la otra subieron al guacho León y dos más que venían en la suburban, despegando rumbo a (Ciudad) Obregón, llegando aproximadamente a las 11:30 o 12:00 de la noche, recibiéndonos el Cheyas, o El 24, acompañado de un comando de 20 personas y varias patrullas de la municipal y como tres del estado. Subimos al periodista a una Sonora Blanca trasladándolo en compañía de nosotros a la Villa Itson, a la casa del Cheyas. Las calles no me es posible recordar ya que no estoy familiarizado con ellas. En este domicilio 10 estuvieron interrogándolo. El chapito Montoya le preguntaba el nombre de la persona que le daba información de Raúl Parra Enriquez (a) El Nueve, y él solamente contestaba que le llegaba información anónima.

 

El Chapito se enojaba y le preguntaba cuánto le había pagado Alfredo Salazar o Marcos Paredes y él sólo contestaba que nada, que él no conocía a esas personas, y enojado El Chapito lo golpeaba con un barrote de 4 x 4 pulgadas en los tobillos y en la espalda, repitiéndole las preguntas al tiempo que lo golpeaba.

 

En ese instante le sonó el celular al Chapito y repetía en varias ocasiones que no contestaba a las preguntas que le estaban haciendo al periodista, y lo seguía golpeando ahora con una pistola cromada super. Luego de tanto golpe que se le propinó, empezó a sangrar en la cabeza. Siguiendo con el interrogatorio, se le preguntó en varias ocasiones que le diera la información de unos videos donde incriminan a unos Jefes Policiacos que él había preparado, y que también había publicado que iba a sacar a la luz pública.

El Chapito le decía que este levantón era político, que todo esto estaba arreglado desde el procurador “Abel Murrieta”, mismo que ya estaba enterado. El periodista no dejaba de quejarse de los golpes; el gaucho León se subía al cuerpo del periodista y brincaba encima de él.

 

Le sonó de nueva cuenta el celular al Chapito. Contestó y se le ordenó que le dejaran en paz hasta otro día, ya que iba a llegar el señor Raúl Parra Enríquez “alias el 9”.

 

Toda esa noche se quedó en la casa del Cheyas. Al otro día, como a las 10 de la mañana, El Montoyita lo siguió torturando, le pegaba con las cachas en las muñecas de las manos. Recuerdo que como a las dos horas llegaron unos tres municipales de ese municipio, que nos trajeron comida a todos nosotros.

 

Como a las 2:00 de la tarde llegó el Señor Raúl Parra Enríquez con varios agentes de la P.J.E. Recuerdo a dos de ellos que se apellidan Sánchez Lara, y el otro Valle Semental (sic) y se metieron al cuarto donde estaba el periodista.

Me pidieron que lo levantara del suelo y lo sentamos en una silla; luego el señor Parra se sentó en la cama, y le preguntó El Nueve (9) que quien le daba información de Los Números. El periodista le contestaba que el informante no lo conocía, y que un funcionario del Gobierno, que era del ISSSTESON y que le entregaba las cartas. En ese momento Raúl Parra le pegó con una pistola en la cara y le dijo que se dejara de pendejadas, que él sabía que eran los Salazar y que lo iban a madrear hasta que dijera la verdad.

 

Después le ordenó al Montoyita que lo golpeara y lo empezó a torturar con una pistola: se la ponía en el cuello ahorcando al periodista, retorciéndose muy feo.

Otra persona que yo no conocía le pegaba en el estómago patadas, al mismo tiempo que le gritaba si iba a decir quién le daba la información, y le contestaba lo mismo.

 

Recuerdo que el periodista sangraba mucho por tanto golpe que estaba recibiendo. Gritaba que lo mataran y que por su madrecita santa que él solamente hacía su trabajo como periodista. En eso el Montoyita le pegó muy fuerte en la cabeza cayendo inconsciente. Le siguieron pegando patadas, hasta los P.J.E.

 

A los 10 minutos reaccionó. Dio el nombre de una persona llamada José Acosta Muñoz, que le entregaba información y le iba a dar unos videos de jefes de la P.J.E (ahora P.E.I) donde se iban con Los Números, (y) que el día 10 de abril se los iba a dar al periodista.

 

Pedía hablar con el jefe de Los Números y le contesta Raúl Parra Enriquez que para qué quería hablar con el jefe. El periodista le contesta que para decirle que era su trabajo, que nunca agarró dinero de nadie para hacerle daño. El Nueve le contestó que se dejara de mentiras porque un funcionario de Sinaloa le dijo que había salido huyendo porque no había respetado un trato, que le dieron dinero, que ese cuento no se lo creía.

 

Luego le gritó con coraje: Te voy a matar porque yo soy El Nueve (9), con el que estás hablando. Y ordenó que le quitaran la cinta: Para que por última vez me veas, hijo de tu puta madre. El periodista le dijo que no se metiera con su madre, que el problema era él, no su mamá, en eso le pegaron patada en la cara el Sánchez Lara. Se le mira con la cara muy destrozada, un ojo muy mal por los golpes y El Nueve le dice: Mira, cabrón, aquí en Sonora por tu muerte no me hacen nada porque desde Bours hasta el procurador tienen un compromiso conmigo que no te imaginas, y nunca te van a encontrar, y me dejo de llamar Raúl Parra Enríquez.

 

Luego nos ordenó que lo volviéramos a enteipar (sic) la cara. Recuerdo que nos pedía agua; el periodista, recuerdo, se orinó en los pantalones.

Se retiró El 9 y le dijo al Montoyita que lo matara, que Cheyas ya sabía dónde, que iba a Hermosillo a decirle a Abel Murrieta que no fuera hacerla de pedo y que les quitó un peso de encima.

 

Como a las 8 de la noche del día 6 de abril trasladamos al periodista a otra casa del Caribú o Armando Coronado Zazueta, a la colonia Villa Itson. Nos trasladamos en una Sonora Blanca, dos patrullas de la P.J.E. y tres de la Municipal a esa casa.

 

Cuando llegamos, se encontraban otras personas desconocidas para mí. Había una en la pared de la sala, otra en la pared que daba al patio, y en la pared que dividía la sala había un hoyo en el medio. A los 15 minutos que llegamos metimos al periodista hacia la recámara que está cerca de la sala, pues era de tres recámaras que tiene la casa. Una de ellas está a un lado de la segunda media sala, que se encuentra entrando a mano derecha de la casa. Luego el Montoyita le pegó un balazo en la nuca al periodista. Lo sacamos yo, Sánchez Lara y el Guacho León, arrastrándolo hasta la otra sala. Luego lo echamos al hoyo y le echamos cal, le quitamos toda la ropa, quedó completamente desnudo.

 

Nos retiramos, se quedaron en el lugar los P.J.E.

Esto que yo estoy escribiendo es la única verdad.

 

 

 

 

recuadro

 

Periodistas asesinados


2000: 4
2001: 4
2002: 3
2003: 1
2004: 5
2005: 4
2006: 10
2007: 6
2008: 1
Fuente: Programa de agravios a periodistas y defensores civiles de Derechos Humanos de la Comisión Nacional de Derechos Humanos / reportes periodísticos

 

 

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Principales agresores de periodistas

 

Poder público: cuatro de cada 10 agresiones
Crimen organizado: tres de cada 10 agresiones
Otros: tres de cada 10 agresiones
Fuente: Centro de Periodismo y Ética Pública

 

 

 

Recuadro

 

 

 

 

 

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Investigaciones por agravios a periodistas, en la PGR

 

Subprocuraduría de Control regional: 124
Fiscalía Especial: 72
SIEDO: 22
Visitaduría General: 1
Total: 219

 

 

 

Recuadro

 

 

 

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Exagente policiaco se dice testigo

 

Hermosillo Sonora. Preso en la cárcel de esta ciudad desde octubre de 2005, Juan Gabriel Vázquez Nido –exjefe de grupo de la Policía Judicial del Estado– habla de una supuesta invitación que le hicieron para desaparecer al reportero Alfredo Jiménez Mota. Asegura conocer a los autores y el lugar donde el joven estuvo cautivo; pues, dice, él testificó su muerte.
—No participé. Me enteré y me invitaron a realizar el trabajo; pero me negué, porque no me pareció correcto hacerlo. Entre nosotros lo hacemos, pero con otras gentes no estoy de acuerdo. El muchacho hacía su trabajo.
Tras ser detenido por el Ejército Mexicano el 29 de octubre de 2005, cuando transportaba 159 mil dólares, Vázquez Nido escribió una carta –que nunca pudo entregar– al gobernador, en la que da nombres de quienes participaron en el secuestro del joven: Ignacio García, en ese tiempo agente de la Policía Judicial Estatal; José Antonio Montoya García, exagente de la misma corporación; Fernando Rojo Galván, subdelegado de la Procuraduría General de la República, en Sonora; Gerardo Rafael Carranza Santa Ana, ministerio público federal. Respecto de los dos últimos, detalla, fueron quienes habrían citado al reportero en el lugar donde fue secuestrado.
“Fui requerido por algunas personas para que yo personalmente les ayudara a ‘levantar’ policiacamente hablando a esta persona [Jiménez Mota]. Viniendo la proposición directa del sr. Raúl Enríquez Parra, alias el 9 o el Güerito, líder el grupo denominado los Güeritos; contestándole yo que de momento no podía por algunos asuntos pendientes que tenía que llevar cabo”, dice en su misiva.
Agrega que, “transcurrida una semana, me encontré al sr. Luís Ortega López, originario de Cananea, Sonora, y hombre de confianza del grupo antes mencionado, el cual al recordarle el asunto me manifestó que ellos mismos habían hecho el trabajo, para lo cual habían contado con el visto bueno del c. procurador de justicia del estado, Abel Murrieta, por medio del lic. Héctor Contreras, subprocurador de justicia; así como la colaboración del cc subdelegado de la PGR en Hermosillo, de apellido Rojo […] según lo manifestado por el precitado Ortega López, se formó un grupo mixto (policías y narcotraficantes), tomando la responsabilidad directa un tipo que le decían el 9…”.
Los supuestos motivos
Nervioso, explica en entrevista los supuestos motivos por los cuales los Enríquez Parra desaparecieron al periodista. Alfredo Jiménez Mota iba a recibir unos videos donde se comprometían a personas de la procuraduría estatal, asegura.
—Lo que precipitó todo fue la detención en Estados Unidos de Sofía Rubí Mariscales Mota, esposa de Raúl, y la mención que hace el periodista de este hecho, lo enfureció mucho”, dice.
Vázquez Nido asegura que el reportero fue llevado a una de las casas de seguridad de Armando Coronado Zazueta alias el Caribú. Asegura que él vio con vida al periodista.
—Llegamos Raúl Enríquez Parra y yo como a las ocho y media de la noche del siguiente día que lo levantaron [3 de abril de 2005] y lo tenían con la cabeza vendada y con mucha sangre. Era una de las casas de el Caribú, en una recámara donde dormían los ayudantes. En ese lugar debe haber rastros de sangre del periodista.
Allí, asegura, Enríquez Parra platicó con Jiménez Mota:
—Le dijo que por su muerte no le iban a hacer nada, ya que estaba arreglado con el gobernador y el procurador. Y ordenó su ejecución. El encargado de liquidarlo fue el Chapito Montoya y utilizó una pistola beretta color plateada calibre 9 milímetros de el Caribú. Recuerdo que a la casa le tumbaron una pared, ahí lo enterraron y luego levantaron otra vez el muro.
“La complicidad de las autoridades estatales en los hechos se puede comprobar, ya que varias unidades de la Procuraduría de Justicia del Estado fueron comisionadas a ese lugar, para custodiar la casa; así como tres patrullas de la municipal, que eran quienes llevaban los alimentos a los que estaban en ese domicilio. Me tocó ver a un licenciado de apellido Sierra, que hablaba mucho por teléfono, que estaba ese día en la casa de el Caribú y que también observó todo lo que le hicieron al muchacho. Era uno de los pocos que no conocía, no sé qué hacía allí”.
Después de levantón, el reportero de El Imparcial fue supuestamente trasladado a la casa de Wenceslao Terán Anaya, alias el 24, ubicada en la colonia Casa Blanca; de allí fue llevado a la casa de Armando Coronado Zazueta, indica Vázquez Nido. Recuerda que, cuando la noticia de la desaparición de Jiménez Mota empezó a tomar vuelo, el ministerio público federal, Gerardo Rafael Carranza Santa Ana, se puso nervioso, y Raúl Enríquez Parra le ordenó que se callara, “porque si no también se lo iban a chingar”.
Los autores mencionados por Vázquez Nido han sido ejecutados: Enríquez Parra, el 22 de octubre de 2005; José Antonio Montoya García, señalado como el supuesto autor material del homicidio del periodista, el 9 de septiembre de 2006; Armando Coronado Zazueta, el Caribú, propietario de la casa, el 20 de diciembre de ese año; Wenceslao Terán Anaya, propietario de la primera casa, el 10 de marzo de 2007; Pedro Emigdio Córdova Herrera, agente de la Policía Judicial del Estado y señalado como compadre de Daniel Enríquez Parra, hermano de Raúl, julio de 2007.
Respecto de la carta, donde explica los hechos, dice no habérsela podido entregar al gobernador. Acerca de los 159 mil dólares que llevaba al momento de su detención, con los cuales trató de sobornar a los militares, dice: “Cuando transportaba el dinero con el que me detuvieron iba a entregarlo a un funcionario de la procuraría estatal”.
—¿Era para el procurador? –se le pregunta.
—Sí, era para el procurador. El que lo recibiría era el subprocurador Héctor Contreras –dice, tras intentar evadir la pregunta. (EA)

 

 

Recuadro

 

 

 

Revista Contralínea / México

Fecha de publicación: 01 de agosto de 2008 | Año 7 | No. 107

 

 

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