Opinión

2a quincena mayo 2008

La vileza de las élites

Marcos Chávez M.

Las ideas, los principios, han perdido vigencia. Las ideologías políticas se reducen a meros nombres en el juego del poder. El poder en sí (es) lo único que importa. La expresión más pura del poder es el dinero. El dinero es uno de los elementos fundamentales del poder. El dinero compra poder. El poder atrae dinero. El poder que degenera (puede) llamarse mafioso. (Son) máscaras grotescas y grasientas de un poder mediocre y corrupto. La mafia no sólo es una organización criminal. Es un sistema de poder.

Peter Robb, Medianoche en Sicilia.

 

La contrarreforma petrolera de Felipe Calderón es sencilla: reprivatizar otra vez la industria petrolera –la exploración, el transporte de hidrocarburos, los oleoductos, la refinación o petroquímica, entre otras actividades estratégicas hasta el momento reservadas exclusivamente al Estado– por la puerta de servicio, es decir, a través del cambio de leyes reglamentarias que, con una despectiva aberración jurídica y política, se pondrán por encima de la propia Constitución; convertir a Petróleos Mexicanos en un cascarón vacío, en un simple administrador de contratos empresariales, fuera del escrutinio público y manejado directamente desde la Presidencia, a través de los administradores y consejeros que pretende colocar. Esa decisión, junto con el proceso legislativo que se seguirá para alcanzar tal propósito, manifiesta dos cuestiones.

Una es el alto y ominoso nivel de degradación que guarda el sistema político mexicano y sus instituciones, en especial los poderes Legislativo y Judicial que –de manera activa en el primer caso y pasiva en el segundo– legitimarán y legalizarán bastardamente uno de los más graves atentados en contra de los intereses nacionales por parte de la derecha neoliberal, encabezada por su administrador Calderón. La otra es el grado de envilecimiento al que han llegado las elites del país carentes de un proyecto de nación, si es que alguna vez lo tuvieron. En lugar de preservar y consolidar la industria petrolera como el último instrumento meridiano con que se cuenta para impulsar un desarrollo medianamente aceptable, desde la perspectiva económica y social, con una relativa autonomía internacional, que redundaría en beneficio de su propia acumulación de capital, han optado por una de las medidas más irracionales, que raya en una de las peores estupideces históricas: entregar en el corto plazo a la industria petrolera a la voracidad depredadora de un puñado de empresas, sobre todo extranjeras, que nada tienen que ver con el empresario schumpeteriano, creativo e innovador, a cambio de sacrificar el largo plazo y la estabilidad política de México.

La tendencia al alza de los precios mundiales del crudo y sus derivados, la mayor demanda mundial de hidrocarburos, el rezago en las fuentes alternas de energía o el próximo agotamiento de las reservas en diferentes regiones del mundo, justifican el reforzamiento del monopolio del Estado en la tecnología, la exploración, extracción y producción del crudo y el gas, la refinación, la petroquímica básica, la petroquímica y la comercialización de sus productos. Pero los neoliberales, desde Miguel de la Madrid hasta Felipe Calderón, han carecido de la visión de Estado y de nación de los estadistas. Son los mercaderes del templo. La banda de Los Pinos. El único crimen organizado que existe y se protege son los empresarios, sobre todo los grandes, y los delincuentes públicos. Desde los capo di tutti capi del Estado mafioso –como es Calderón– hasta sus empleados, desde Jorge Díaz Serrano hasta Juan Camilo Mouriño. Ellos usan las instituciones para protegerse, como son la Procuraduría General de la República, el Instituto Federal de Acceso a la Información o la Secretaría de la Función Pública.

Desde luego, no olvido al poder Judicial, en especial la Suprema Corte de Justicia de la Nación, perfectamente aceitada con jugosos ingresos, y cuyo trabajo está perfectamente ilustrado en la portada del libro de la chilena Alejandra Matus, El libro negro de la justicia chilena, donde aparecen tres chimpancés, uno tapándose los ojos, otro los oídos y uno más la boca, plácidamente sentados en sus respectivos y mullidos y supremos asientos. La manera en que se ha “investigado” la corrupción de los Fox, los Mouriño, la quiebra bancaria, el rescate carretero o hasta la postura asumida ante la ley de medios, entre muchos ejemplos, testifican la complicidad mafiosa de las instituciones.

Tampoco paso por alto al Congreso, controlado por una mayoría obsecuente y al servicio del Ejecutivo en turno: los aventureros priistas; los panistas soldados de fortuna a los que se refería Mouriño, y los mercenarios de los otros partidos. Ellos, en plena crisis legislativa y política, con una representatividad que se agota en sus bolsillos y los intereses mafiosos, sin la existencia de mecanismos de rendimiento de cuentas, a espaldas de la sociedad y encabezados por cortesanos hermanos siameses Manlio Fabio, Emilio Gamboa, Héctor Larios y Santiago Creel, cumplirán uno de los sueños más infames de los neoliberales, una de las peores traiciones a la nación: terminar de destruir a Pemex y reprivatizar la industria petrolera, entregarla otra vez al pillaje del capital privado. La parte del león a las transnacionales petroleras. Las migajas a los locales y las familias de los funcionarios. El quid pro quo de los corrompidos poderes político y económico: la compra de voluntades, el negocio privado con el bien público, la impunidad, la justicia como moneda de cambio.

Señor Calderón: lo único que genera la división entre los mexicanos, el odio y el rencor social son las políticas económicas neoliberales, sus intentos por retornar socialmente al pasado y su gobierno basado en el despotismo presidencialista. También en el cúmulo de mentiras disparatadas, todas ellas insostenibles al mínimo análisis serio, que usted y sus aventureros emplean para tratar de ocultar sus pretensiones reprivatizadoras de la industria petrolera y que buscan reducir a la población a la estatura de autistas. Sus promesas de mayores inversiones, crecimiento, empleos, servicios de salud accesible para todos, bienes petroleros más baratos, más gasto social tienen la calidad de los espejos con que los españoles quisieron engañar a los antiguos mexicanos.

Sobre su actuación política y de los autoritarios neoliberales que le precedieron germina el vendaval social que algún día los barrerá inmisericordemente.

Las privatizaciones realizadas desde De la Madrid a la fecha no han redundado en la mejoría de la calidad y el acceso a sus bienes y servicios. Sólo han servido para acelerar la concentración y centralización del capital, por medio de precios altos, pésimos bienes y servicios ofrecidos, los subsidios fiscales y rescates con el dinero público. Sólo han contribuido para nutrir la lista de Forbes, de hombres de presa mexicanos. Argentina sufre el encarecimiento de los precios y la escasez de derivados del crudo, como el gas y las gasolinas a raíz de la privatización de su industria petrolera.

 

Venezuela, Bolivia, Ecuador y Rusia, con las renacionalizaciones, cortaron de un sólo golpe las desmesuras de las transnacionales. Entre 1983 y 2007, la era neoliberal mexicana, ingresaron 273 mil millones de dólares (MMDD) por concepto de inversión extranjera directa (IED). De ellos, apenas 152 MMDD, el 57.4 por ciento, son nuevas inversiones. El resto son reinversiones o cuentas entre las filiales y sus matrices trasnacionales, es decir, operaciones de papel. Con los dos gobiernos neoliberales panistas han ingresado 152 MMDD en IED, de los cuales 85 MMDD, 56 por ciento,  son considerados como nueva. Ese capital llegó básicamente para comprar empresas existentes, como los quebrados grupos financieros, aprovechar la mano laboral esclava, mal pagada y peor tratada en sus condiciones de trabajo, para usufructuar los recursos naturales, expoliar a los consumidores, contaminar el país y, de paso, beneficiarse de las canonjías fiscales.

¿Dónde está el crecimiento que detonó esa IED o las grandes inversiones prometidas por los empresarios mexicanos y los gobiernos neoliberales? En 1981 la proporción de la inversión respecto del producto interno bruto (PIB) fue de 24.3 por ciento y la economía creció 8.5 por ciento. En el primer año calderonista, el coeficiente fue 22 por ciento y el país sólo creció 3.3 por ciento. En la larga noche neoliberal dicho coeficiente ha sido en promedio anual de 18 por ciento y el crecimiento de 2.7 por ciento.

Para crecer al menos en 5 por ciento anualmente el coeficiente debe ser superior a 25 por ciento y la reprivatización petrolera no generará esos capitales productivos. Sólo agudizará la desmesura empresarial.
La “modernización” de Pemex no llegará con su reprivatización. Ella dependerá, primero, de la construcción de una política petrolera y energética nacional que no existe con los neoliberales, del fortalecimiento del monopolio público y, sobre todo, de que un gobierno y un congreso, ellos sí democráticos y representativos, terminen con la brutal expoliación de los ingresos de la paraestatal que ha provocado su quiebra técnica, con el objeto de dejarle los recursos financieros necesarios para el desarrollo de su infraestructura. Esa medida tiene que ser complementada con una reforma fiscal integral y progresiva, que vuelva a elevar las cargas tributarias a los sectores de altos ingresos y las empresas, que castigue severamente y reduzca sustancialmente la evasión y elusión fiscal y los subsidios que se les otorgan inútilmente a los que se sienten dueños del país. Cuando impere el Estado de derecho que acabe con la impunidad, la protección palaciega, la  corrupción que priva en el ejercicio del erario público, los privilegios, las altas remuneraciones de los funcionarios y otras prácticas ilegales como son el tráfico de influencias, el manejo de información confidencial o la duplicidad de funciones que se han enseñoreado con la mafia que tomó por asalto el poder desde 1983, en especial con los neoliberales panistas. Cuando la democratización de la nación exige a los funcionarios a cumplir sus obligaciones como empleados públicos y no como simples administradores de los empresarios locales y foráneos.

 

 

Revista Contralínea / México

Fecha de publicación: 15 de Mayo de 2008 | Año 7 | No. 102

 

 

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