Amilcingo, 47 años a contracorriente; plazas automáticas, principal demanda

Zósimo Camacho - 22 Oct 2021 a las 7:00 pm
FOTO: JAVIER ALVARADO

Las estudiantes mantienen vigentes los cinco ejes del normalismo rural. A pesar de los recortes presupuestales, sostienen viva la escuela que representa la única opción de educación superior para familias campesinas del centro y el sur del país. No bajan la guardia, se mantienen movilizadas para defender el último proyecto de magisterio socialista en Morelos. Plazas automáticas para las egresadas, la demanda más urgente

Amilcingo, Temoac, Morelos. Nayeli, con 19 años de edad, no termina de maravillarse ante el mundo que se le abre. Originaria de la apartada comunidad de Zalpatláhuac, municipio de Tecoanapa, en uno de los pliegues de la región de la Costa Chica de Guerrero, hoy cursa el primer año de la licenciatura en educación primaria en esta Escuela Normal Rural Emiliano Zapata, mejor conocida por el nombre de la población que la alberga: Amilcingo.

Hasta hace algunos meses, Nayeli pensaba que haber estudiado el bachillerato era ya una hazaña, pero el final de su vida académica y el tope máximo que podía aspirar. Su comunidad de origen es pobre y su familia, como todas ahí, es de escasos recursos. Su destino estaba trazado: comenzaría a trabajar en las labores del campo.

“Me enteré de esta escuela, que es para hijas de campesinos, de bajos recursos; y que cuenta con grandes beneficios. Me enteré que aquí se estudia en cinco categorías: académico, módulos de producción, deportivo, cultural, político… Esta escuela me ha brindado muchos beneficios.”

Explica que para jóvenes como ella no sólo están cerradas las escuelas privadas, también las públicas. Las colegiaturas de las privadas son inalcanzables para las familias campesinas e indígenas; pero también inalcanzable resulta mantenerse en una pública: aunque no se paguen cuotas , los estudiantes sí deben solventar los gastos de alojamiento, alimentación y útiles escolares.

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“Es muy importante conocer a las normales rurales para que los jóvenes tengan la oportunidad de estudiar y mejorar la calidad de vida. Esta escuela te da dormitorio, comedor y una beca. Es más que suficiente para salir adelante.”

En efecto la excepción en todo el país la constituyen las escuelas normales rurales. El modelo educativo –golpeado, acosado y estigmatizado por décadas–, que data de la década de 1920 y que impulsó la educación socialista del gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940), es el único que asegura a sus estudiantes techo, alimentación y sustento. En la mayoría de los 17 planteles que subsisten se cuenta con internado, comedor y becas para cada alumna y alumno.

“No podría estudiar en una escuela pública que no tenga estos beneficios”, dice Nayeli, sexta hija de los campesinos Flora y Silvestre. “De no haber ingresado a la Normal Rural de Amilcingo, la opción era trabajar; si no hubiese esta escuela, no tendríamos oportunidad de estudiar y no mejoraría el desarrollo de la sociedad”.

A pesar de la pandemia, que ha suspendido clases en los planteles de todos los grados y todas las regiones de México, la normal tiene una vida intensa. La salud de esta escuela, exclusiva para mujeres, se aprecia en la organización de las estudiantes. El Comité Estudiantil mantiene aseadas todas las áreas y funcionando los módulos de producción, los talleres, clubes y la educación política, aunque no haya profesores, directivos ni clases presenciales.

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La fortaleza de la normal de Amilcingo también se expresa a través de las convicciones de las alumnas. Se forman, dicen con orgullo, para transformar el país. “Espero ser una gran persona –dice Nayeli–; hacer autocrítica de mi propia vida y ser más independiente. Esta normal te enseña a ser un poco más comprensible con las personas. Te das cuenta de la problemática social. Y quiero ayudar a las personas de bajos recursos, que logren estudiar”.

—¿A qué te dedicarás al egresar de la normal?

—Después de que egrese de esta escuela, pienso dar clases en comunidades rurales, lejanas, donde están marginados. Me estoy formando como docente para mejorar la calidad de vida de las personas.

Los murales reflejan las convicciones de las alumnas. Saben que han escogido una vida que no será fácil, que tienen una misión y que los sacrificios son necesarios. Como en todas las demás normales, el mural de entrada al comedor se lo recuerda con una leyenda: “Bienvenidos a lo que no tiene inicio. Bienvenidos a lo que no tiene fin. Bienvenidos a la lucha eterna por ser mejores día con día. Algunos lo llaman necedad, nosotros lo llamamos esperanza”.

El viento mece la milpa ligeramente. Aún faltan varias semanas para la pixca y los jilotes aún no aparecen. Pero crece sana, húmeda, fresca. En cuanto a los móduos de producción, el maíz es su mayor orgullo. También presumen su huerta de cacahuates: la planta ya crece y se asoman algunas flores amarillas. Esperan cosechar a finales de noviembre.

En las huertas aún no se han cocido los nanches; los guayabos apenas están floreciendo y los mangos están verdes; pero ya hay limones. Las cosechas se venden en las comunidades aledañas y lo que se obtiene se invierte en la propia escuela. Las granjas de cerdos y de gallinas cuentan apenas con algunos ejemplares más para fines educativos que de producción.

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El único proyecto productivo que tuvieron que suspender mientras dura el confinamiento por la pandemia es el invernadero de hortalizas. Cuando se incorporen más alumnas a las actividades, volverán a cultivar lechuga, rábano, espinaca, zanahoria, cebolla y jitomate.

El Comité Estudiantil se ha organizado para recibir a Contralínea y se observa a la cartera de limpieza afanándose en los pasillos de las áreas académica y de dormitorios. Como las demás normales rurales, decenas de murales les recuerdan quién son, campesinas, y que la Revolucion Socialista es el camino de la emancipación colectiva e individual.

Los clásicos del marxismo leninismo –Carlos Marx, Federico Engels, y Vladimir Ilich Lenin– son temáticas de los murales, como los guerrilleros latinoamericanos Ernesto Guevara, el Che; Lucio Cabañas; Genaro Vázquez, y miliacanas y milicianos del Ejército Zapaista de Liberación Nacional (EZLN).

También reivindican el pasado y el presente indígena y al campesino revolucionario de Anenecuilco que da nombre a la escuela: Emiliano Zapata.

Betel, integrante del Comité Estudiantil, se encarga de elaborar periódicos murales y contenido de carácter histórico sobre la normal y el normalismo rural. Resalta que las normales rurales fueron uno de los proyectos del movimiento revolucionario mexicano que, formalmente, inició en 1910.

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En específico, la Normal de Amilcingo se inauguró en 1974, gracias al impulso de las comunidades aledañas y al trabajo académico, social y político de los profesores Eva Rivera y Vinh Flores Laureano. Este último asesinado el 7 de septiembre de 1976, cuando tenía 30 años de edad. La escuela nació a contracorriente de lo que sucedía en todo el país: el cierre de más de la mitad de las normales rurales.

Guadalupe, encargada de la cartera de Partidas Presupuestales, se encarga de gestionar los uniformes y demás indumentaria, como uniformes de gala y deportivos y cobijas. Los uniformes se gestionan una vez al año ante las autoridades educativas del estado.

Explica lo que significa estudiar en una normal rural bajo los cinco ejes del modelo educativo. El académico “nos permite tener nuestra formación como docentes: nuestras clases, nuestras prácticas y todo lo referente a nuestra educación”. Es decir, es el cursamiento y aprobación del plan de estudios diseñado por la Secretaría de Educación de Morelos. Prácticamente es el único eje con incidencia directa de las autoridades educativas y de la plantilla de profesores.

El segundo eje es el deportivo. Una cartera de Deportes del Comité Estudiantil está a cargo de organizar los clubes de futbol, básquetbol y voleibol. También de impartir la activación física y administrar el gimnasio. Hoy el edificio que alberga al gimnasio está cerrado y no sólo por la pandemia. El terremoto del 19 de septiembre de 2017 le dejó daños estructurales que no han sido reparados. Del total de las instalaciones que fueron dañadas por el movimiento telúrico, sólo falta restaurar tres dormitorios y el local deportivo.

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Un grupo de seis estudiantes, perfectamente uniformadas, entrena basquetbol. En cuanto se levante la contingencia, se reanudarán las competencias internormales.

Guadalupe señala que para el eje cultural la cartera de Acción Social coordina un club de danza y uno de música. Debido a la pandemia, en estos momentos sólo se encuentra activo el de danza. La cartera también se encarga de organizar actividades socioculturales con la comundades aledañas a la normal. Es una manera también fortalecer los lazos de la escuela con las localidades.

El salón de danza cuenta con duela y los zapateados se escuchan hasta una pequeña explanada donde guardan su turno las bailarinas que irán ejecutando cuadros folclóricos de distintos estados de la República: Yucatán, Jalisco, Tamaulipas.

El eje de los módulos de producción está bajo la supervisión de la cartera de Campo. Se encarga del “cuidado y manutención de los árboles frutales de la escuela, la cosecha y el cultivo de nuestras tierras y el cuidado de los animales”.

Finalmente, señala Guadalupe, se encuentra el eje político. Es tan importamte como los anteriores y, en algunos casos es más que los demás, pues es el que les permite tomar conciencia del normalismo rural y de lo que significa defenderlo.

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Aunque se advierte de la trascendencia de este eje, las alumnas se muestran más discretas para hablar de él. En principio, Guadalupe sólo comenta consiste en tomar clases de historia para generar conciencia que les permita no caer en los errores del pasado.

—Uno de los pilares en su formación es el marxismo-leninismo, que no se les enseña en el plan de estudios oficial. ¿Siguen estudiando el materialismo dialéctico y el materialismo histórico mediante este eje político? ­–se le pregunta.

—Sí. Se nos enseña marxismo-leninismo y la historia de las normales, las diversas represiones, las que se han cerrado y el porqué. Leemos a Marx, Engels, Lenin. También al Che Guevara y Lucio Cabañas. Y llevamos filosofía, formación de cuadros y la esencia del normalismo rural.

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—De quiénes reciben estas clases.

—Las compañeras de academias superiores nos enseñan a nosotras y luego nosotras se lo impartimos a las compañeras que entran.

Es esa la manera en que se reproduce la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM), la organización que aglutina a los alumnos y alumnas de las 16 escuelas normales rurales y una escuela normal indígena y que lleva a cuestas la defensa del modelo educativo del normalismo rural.

La FECSM se moviliza para mantener los cinco ejes funcionando en cada escuela y vela porque se emitan las convocatorias de ingreso y se respeten los recursos para el internado y el comedor. Amilcingo tiene todos y las alumnas están organizadas en la defensa de su escuela.

Con orgullo muestran algunas de las mantas que han elaborado para participar en marchas y mítines. La que más presumen es la que reproduce la consigna: “A las normales rurales las quieren desaparecer / nosotras con lucha y sangre las vamos a defender”.

Yareli, integrante de la cartera de Relaciones Exteriores del Comité Estudiantil de la Normal de Amilcingo señala que la necesidad más apremiante de la escuela son las plazas automáticas para las egresadas. Se trata de una demanda que comparten con los demás planteles. De hecho, de las 17 escuelas afiliadas a la FECSM, sólo una ­–la Escuela Normal Rural Lázaro Cárdenas del Río, de Tenería, Estado de México– cuenta con espacios laborales para todos sus egresados.

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Desde el inicio del actual sexenio federal, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha dicho que los egresados de todas las normales contarán con plaza. En su diagnóstico, de que hacen falta maestros en las regiones rurales de México, coinciden los normalistas. De hecho, vieron con esperanza las primeras declaraciones del jefe del Ejecutivo sobre que “iba a dar prioridad a los estudiantes y a dar plazas automáticas”. Sin embargo, pasan los años y no termina de cumplirse la promesa.

“Venimos de familias de escasos recursos –dice Yareli–. Necesitamos un empleo, un ingreso. Es la principal problemática”. Argumenta: “Nosotros llevamos una formación de 4 años. Nos merecemos una plaza, porque nos enfocamos a la parte rural donde se necesitan maestros. Hasta ahorita no se ha conseguido esto. Seguimos sin plazas automáticas. Y tuvimos problemas porque se hizo un examen [para plazas] y se hizo de manera virtual; se presentaron muchos problemas. No debería de haber examen, sino plazas automáticas”.

Reconoce que sí les llegan los recursos económicos para el comedor y para el funcionamiento de la escuela. “No es suficiente, pero sí está llegando. La ración no es mala, pero es necesario un aumento para que sea adecuada. Se necesita remodelar aulas. La bilioteca necesita mantenimiento. Se necesitan computadoras. Se han remodelado dormitorios, pero faltan algunos. Al gimnasio le falta equipo. Los clubes necesitan material y equipo para realizar las actividades”.

La responsabilidad de estos recursos es del gobierno de Morelos, encabezado por Cuauhtémoc Blanco. El secretario de Educación estatal es Luis Arturo Cornejo Alatorre. Contralínea solicitó entrevista con este último para hablar sobre la situación de la Normal de Amilcingo y sobre las plazas que demandan las estudiantes. Hasta el cierre de edición no se obtuvo respuesta.

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Yarely sabe que las escuelas normales rurales generan solidaridad entre las comunidades aledañas, pero –en muchos casos– animadversión entre poderes formales y fácticos que ven a estos planteles como semilleros de guerrilleros.

“Padecemos hostigamiento como normales rurales. Desde que fueron creadas siempre hemos tenido la mira del gobierno. Lo vemos con la Normal de Mactumactzá [Chiapas], la de Tiripetío [Michoacán], de Teteles [Puebla]. No se trata de una, se trata de todas. La Normal de Cherán [Michoacán] no tiene internado. Y debe albergar personas de bajos recursos. Es muy difícil solventar una renta y gastos de comida.”

Por supuesto, no olvidan las agresiones contra la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa, Guerrero, y exigen “esclarecer lo que sucedió con los 43 compañeros” de ese plantel.

Adriana, integrante del Comité, reconoce que “sí se nota un poco de cambio de este gobierno [federal] con respecto de los otros”. Por ejemplo, descarta que bajo la presente administración se presenten y se encubran hechos como la matanza de Tlatelolco del 2 de octubre de 1968, o la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa del 26 septiembre de 2014.

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“No vamos a decir que no hay un cambio con López Obrador, pero siguen los ataques contra las normales rurales. No ocurre en todos los estados, pero sí tenemos normales hermanas que han sido reprimidas por exigir que se respeten nuestros derechos”. Explica que las agresiones siguen, de manera directa, por parte varios gobiernos estatales, mientras el gobierno federal es omiso. “Sí se ha visto un cambio [con el nuevo gobierno] pero no ha sido radical”.

Deplora la reducción del presupuesto de la normal, que lo cifra en 90 por ciento y depende del gobierno estatal. Asimismo, reconoce que todas las alumnas reciben la beca federal de 4 mil 800 pesos cada 2 meses.

El eje político también mantiene la disciplina interna. Las alumnas deben participar en todas las actividades de la FECSM y conducirse con sobriedad. Las normalistas no escandalizan, pero cuando consideran que deben protestar por algo, pueden llegar a las “acciones contundentes”.

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Al interior de la escuela, todas están obligadas ­–según uno de sus reglamentos internos– a cuidar los muebles y los inmuebles; no introducir ni consumir bebidas alcohólicas; no fumar; no “usar shorts, gorras, minifaldas, tops y blusas escotadas”. Los robos se castigan con la expulsión de la escuela. Además, señala: “queda estrictamente prohibido el lesbianismo dentro de la institución”.

Puertas adentro de uno de los dormitorios, se esuchan a lo lejos los pasos y las risas de alumnas que realizan algún trabajo o van a alguna misión. En la intimidad de una habitación de 3 por 4 metros, muñecos de peluche reinan en dos camas perfectamente hechas. Todo luce limpio y ordenado. De las paredes cuelgan algunas fotos y adornos. Afuera, el pasillo está oscuro y los baños comunes de este piso están siendo reparados.

El sol se enfila al ocaso y las alumnas están por concluir su jornada. Cada una de las carteras tendrá una reunión para evaluar las actividades del día. Después, hacia a noche, las responsables de carteras evaluarán los resultados y programarán las actividades del día siguiente. Se asumen listas para el llamado de la FECSM cuando alguna “normal rural hermana” tiene que movilizarse.

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