Jta fatee, cantautora mazateca que fomenta el amor a su lengua

Jordana González - 21 Ago 2021 a las 7:28 pm

La cantautora Jtaa Fatee reivindica con su música la lengua mazateca. Además de crear sus propias letras, traduce canciones para su comunidad. Originaria de la sierra mazateca, busca llevar la música a los hablantes de su lengua materna, que suman alrededor de 230 mil personas

“L’ikia je nindo ng’a tsak’echjuale

ndsokua nga kuanki ninga kjia jka”

/”Nunca las altas montañas fueron

barrera para mis pies descalzos”

– Jta fatee

 

Orgullosa de sus orígenes, Jtaa Fatee –una joven de 29 años de edad– reinterpreta y lleva en mazateco canciones que originalmente se encuentran en otras lenguas y las cuales son poco o nada comprendidas en su comunidad (San Jorge Barranca Seca, en Huautla de Jiménez). En esa región de la sierra mazateca ni siquiera el himno oaxaqueño Dios nunca muere había sido escuchado en la lengua materna, por lo que ella decidió traducirla para llegar a los poco más de 230 mil hablantes que quedan.

“Cuando tenía presentaciones allá en la sierra se me acercaban las señoras ya grandes y, hasta con lágrimas en los ojos, me decían: qué bonita está la letra, yo nunca la había escuchado. Había escuchado la melodía pero no sabía lo que decía. Está muy bonita”, recuerda Cecilia Rivera Martínez –su nombre real– cuando cantaba Dios nunca muere en mazateco. Aunque es considerado un himno en Oaxaca y es tocado en orquestas y hasta en funerales, algunos habitantes de Huautla desconocían su letra.

La música que llega en su lengua es sólo la tradicional en la fiesta de Todos Santos (del 27 de octubre al 2 de noviembre) con los danzantes llamados huehuentones (los del ombligo de la tierra), o los cantos religiosos compuestos por su papá, debido a que la mayoría de las personas sólo hablan el mazateco. “Pero así de que digan, vamos a cantar baladas, pues era algo que no existía”.

Fue cuando conoció al rapero mazateco Kipper que se interesó en realizar covers. Buscó canciones modernas, antañas en español e inglés pero aquellas que transmitieran un mensaje a las personas, como “Imagina” de Jhon Lenon. La voz brillante nació y creció escuchando y hablando el mazateco. Conocer lo básico de español le ha permitido hacer las traducciones.

El objetivo de Cecilia de reinterpretar música en su lengua fue llegar a los niños y jóvenes para recordarles que las diversas manifestaciones de su cultura “no son motivo de vergüenza, ni para sentirse menos” como la gente les ha hecho creer; sino al contrario, que “todos valemos lo mismo” y no es motivo de discriminación pertenecer a un grupo indígena. Cuenta que hubo un tiempo en el que la gente se escondía al hablar porque prohibieron comunicarse en su lengua.

Considera que el cambio de pensamiento hay que empezarlo desde la raíz, porque su cultura “es un tercer tesoro que poseemos y que no debemos soltar, porque entonces perderíamos nuestra identidad”. Y es que hay quienes quieren olvidarse del mazateco aprendiendo otros idiomas y abandonando sus orígenes. “Primero hay que amarse a uno mismo y tener el autoestima bien alto y decir: yo valgo mucho, como mujer y no porque hable una lengua materna, pertenezca a otra cultura no merezca el respeto”.

FOTO: CORTESÍA

“La música llevó a arriesgarme”

La música es la pasión que la ha llevado a arriesgarse. De componer una canción aproximadamente a sus 14 años en compañía de una de sus hermanas, cuenta ya con 40 composiciones y álbumes registrados pese tener limitaciones económicas. Su voz ha sido parte de programas radiofónicos nacionales como La hora nacional, además de haber estado en radiodifusoras como Radio Educación y Radio Portavoces. “No me importó si tenía o no tenía yo lo intenté y lo sigo intentando”.

Ailicec Rivera, como también es conocida artísticamente, aunque creció en un pueblo donde las preguntas dirigidas a las mujeres son: cuándo se casarán; que aprendan a cocinar y a planchar, sus padres nunca le prohibieron nada. Su padre, también cantautor y excarpintero, le metió la espinita de componer y meterse a la música porque “cantas bien”; su mamá, respecto de la decisión de ser artista dijo, con una sonrisa: “me daría mucho gusto”. “Nunca me han dicho que no”. Es la única de 10 hermanos que no se casó.

Desde pequeña la música no faltó en su hogar. Entonces se familiarizó con las melodías. Aunque no era su intención a los 11 años cuando por enseñanza de su padre aprendió a tocar la guitarra, desde entonces no la suelta y “canta, canta, canta”. “Sin embargo, nunca fuimos a clases de canto, ni de música. Todo lo aprendimos de manera autodidacta”.

De a poco compuso el repertorio de sus canciones hasta que “todo me cayó de sorpresa”: el primer evento serio fue en un encuentro de raperos en Gómez Morín, Querétaro. “El mismo chico que me llevó a la hora nacional me prestó la mitad de su tiempo de lo que le habían dado a él [Kipper]. De ahí la gente empezó a invitarme a diferentes estados de la República: a San Luis Potosí fui dos ocasiones, fui a Zacatecas”. La seriedad de los eventos incrementó conforme pasó el tiempo, incluso fue invitada a un evento en Estados Unidos, pero por la pandemia el viaje no se realizó.

Gracias a las radios locales que en ocasiones la sintonizan, en casi toda la sierra han aumentado pese que poca gente tiene radio o perfiles de redes sociales. Cuando llega a su pueblo la gente se acerca y dice siempre en mazateco: “ay, hija, te escuchamos”, incluso piden retratarse con Cecilia Rivera.  Añade que “en todos los eventos que he ido a la sierra los niños se me juntan, se sientan en frente de mi, hasta se sientan en el suelo. Me escuchan de principio a fin”.

FOTO: CORTESÍA

La familia, su fortaleza

En busca de dinero y de oportunidades, Ailicec Jta fatee dejó su hogar a los 17 años. Vivió 11 meses en la Ciudad de México. Ahora vive desde hace año y medio en Querétaro. Partió con el fin de poder ayudarles a sus padres, quienes sobreviven de la siembra y de una tienda de la que su madre está a cargo. Ailicec dice que esta decisión fue por amor y no por obligación.

Le fue difícil estar lejos de su familia. “Cuando apenas llegué me dio depresión ansiedad. Hubo un tiempo, hace un año, me enfermé y me dio anemia porque daba prioridad a otras cosas y estaba descuidando mi alimentación. Yo decía, ¿vale la pena estar lejos de la familia y estarme matando? A lo mejor, no sé si vaya a funcionar. No podía dormir de tanto pensar, creo que fue eso lo que me llegó a enfermar. Me dieron ganas de regresar y renunciar a lo que estoy haciendo”.

No obstante, una voz en su interior la detuvo, así como el acogimiento de una señora: mamá Meche, quien le decía: “cuando te sientas triste, cuando no quieras comer ven aquí, aquí tengo comida”. “Ella me puso inyecciones, me dio unas vitaminas. Ahorita ya me siento mejor. Ya superé estar lejos de la familia. Voy cuando puedo. Trato de estar en comunicación todo el tiempo con ellos”.

El apoyo de su familia es lo que la mantiene “fuerte” y la motiva. “Yo podría ver si de plano no les interesa, pero es al revés: sí he visto su amor. Y gracias a Dios yo me he encontrado me he encontrado a personas maravillosas, a buenos amigos que me echan la mano”. También la ha hecho sentir segura de sí“

Después de 12 años de cantar, la labor de traducir baladas comerciales en español e inglés al mazateco ve frutos: jóvenes han cambiado sus nombres en redes sociales, empezaron a vestir sus ropas típicas; comenzaron a realizar covers y cuentos en mazateco. “Está pegando lo poco que estoy haciendo. Los estoy contagiando”. Espera que su música inspire a generaciones futuras.

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