Héctor Miranda, el Gato Félix, en la memoria de Baca

Es el medio día y el sol destella en las láminas metálicas de la techumbre de la casa, con paredes pintadas de verde, recubrimiento de concreto para evitar que las lluvias dañen los adobes cimentados. El porche en el frente orientado a la iglesia del pueblo acompañado por una pingüica como fiel testigo de los años pasados y, pese a eso, sigue esperando; tal vez como punto de referencia para que no equivoque de casa a su regreso. También una mata de ayal, en el patio de atrás de la casa, llena de cáscaras arrugadas de los años que ha pasado en solitario por temporadas esperando a sus moradores. Circundada por la capilla y el ramadón.