Contralinea

Los “ordeñadores” de Pemex

A finales de la década de 1950, cuando la Revolución Mexicana se bajó del caballo y se subió al Cadillac –automóvil que regresó para las pretensiones de una clase rica que del pulque ha pasado a las revistas del corazón y de sociales, aunque su mal gusto continúa siendo evidente–, existió un señor Jaime Merino que en Petróleos Mexicanos (Pemex) hacía negocios con los camiones que distribuían el combustible. Los transportes tenían doble fondo y una parte la llevaban a las gasolineras y otra se la apropiaba quien también era funcionario de la empresa. Gracias a una investigación de mi amigo, el recordado Antonio Caram, todo se descubrió.