Incertidumbre en Brasil… ¿y México?

Incertidumbre en Brasil… ¿y México?

Dilma Rousseff congregó a los gobernadores de Brasil y a diversos políticos para hacer un anuncio espectacular. Se trata de cinco medidas que hubieran sido una bomba en cualquier país.
 
La realización de un plebiscito para convocar a una asamblea constituyente y reformar el sistema político.
 
Acelerar las inversiones en el área de la salud e importar médicos para la atención de los pacientes.
 
Mayor inversión en el transporte público: metro y corredores exclusivos de autobuses.
 
Destinar el ciento por ciento de los recursos obtenidos de la exploración petrolera a la educación, como se había propuesto 1 año antes.
 
Una reforma fiscal.
 
El anuncio no satisfizo a la clase política, que se inconformó con abrir la competencia; y mucho menos está de acuerdo en citar a un congreso constituyente. Asimismo no tranquilizó a los movilizados, los cuales –en voz de Mayara Vivian– consideraron que es un paso importante, pero, sin acciones concretas que confirmen mejoras.
 
Así pues, la exguerrillera que se ha alejado del diálogo popular por encabezar equipos tecnocráticos se encuentra nuevamente en problemas. Resulta incierto qué pasará, aunque las modificaciones planteadas exhiben una forma diferente de hacer política a la que nos tienen acostumbrados en Latinoamérica. Hay varias cuestiones que son comunes a todos los países de la región, no obstante que en Brasil esté en el poder una organización que dice representar a los trabajadores, el partido de Luis Inacio Lula da Silva.
 
Algunos de los “asuntos” que se padecen en Brasil son: un pésimo transporte para la población; el sistema ineficiente de salud; el atraso educativo; la falta de atención a los grupos vulnerables –representados por los Sin Techo y Sin Tierra, que han aumentado su presencia debido a las obras actuales y las que están en ejecución para la Copa Mundial de Futbol y los Juegos Olímpicos–; el deterioro del medio ambiente –el ejemplo actual es Belo Monte en el Amazonas–; la policía –viene de la dictadura militar (1965-1984)– que no sabe enfrentar los levantamientos populares y únicamente reprime sin freno; la corrupción rampante –entre los cariocas están los ejemplos de José Serra, operador máximo de Lula que fue llevado a la cárcel; y Dilma, quien sancionó a siete importantes funcionarios de su gabinete–; los medios de información aliados a la oligarquía ( O Globo, como símbolo paradigmático), y el descrédito de los partidos políticos (en Brasil incluso los provenientes de sectas evangelistas).
 
El panorama no es menor, como se verá; por ello las audaces reformas de Dilma no han sido vistas como algo que solucione el grave entramado que se vive, sino más bien como un remedio tardío y limitado.
 
En esa ola de protestas que no para, donde ya van más de cinco muertos, la cabeza es el Movimiento Pase Libre, conformado, según Hommozaping, por quienes participan inicialmente en estos actos (71 por ciento), aquellos que no apoyan a ningún partido (84 por ciento) y los que tienen una educación superior (77 por ciento). Además, el 40 por ciento está por el “fin” de la corrupción y el 31 por ciento en contra de la represión.
 
También encontramos que muchos otros se han sumado de maneras diferentes. El goleador Neymar, antes del encuentro contra México, dijo: “Entro al campo inspirado por estas manifestaciones”. El exastro Rivaldo, que jugó en el Barcelona, señaló: “es una vergüenza estar gastando tanto dinero para este Mundial y dejar los hospitales y escuelas en condiciones precarias”.
 
Los ídolos de la música pop Gabriel Thomaz (de la banda Automaros) y Alexander Kumpinski (de Apánadhor) no sólo apoyaron a los inconformes sino que incluso han estado presentes con sus grupos en las marchas. Algo extraño ha pasado con los compositores Caetano Veloso y Chico Buarque, quienes durante años estuvieron opuestos a la dictadura y lucharon por la democracia y hoy permanecen callados.
 
Quizás esto último se deba a que en las más recientes movilizaciones han aparecido grupos de derecha a quienes se identifica por el color blanco en la vestimenta y hasta neonazis. Instigados éstos y otros por los medios tradicionales, quienes han empezado a llamar para deteriorar el gobierno de Rousseff. Tras estas protestas, Dilma ha perdido varios puntos de aceptación, no obstante que en la actualidad logra todavía más del 50 por ciento de respuestas favorables.
 
El encauzamiento que logre este maravilloso, contradictorio, alegre y vasto movimiento será crucial para lo que ocurra en América Latina en los próximos años.
 
Si hay la posibilidad de hacer cambios de fondo, no únicamente los que propone Dilma, sino muchos otros a favor de los desposeídos, la vía por una mejor sociedad abrirá nuevas expectativas. De limitarse a simples modificaciones para que los políticos continúen mangoneando todo, las crisis y sobresaltos latentes continuarán.
 
En México hay repercusiones sorpresivas. Ciro Gómez Leyva (Milenio, 24 de junio) señaló que luego de Brasil la reforma energética de Enrique Peña Nieto será difícil que vaya adelante.
 
El martes 25 de junio, en un acto del Partido de la Revolución Democrática, aparecieron juntos casi todos sus líderes. Estuvieron Cuauhtémoc Cárdenas, Miguel Ángel Mancera y los dos que se habían peleado días antes: Jesús Zambrano y Marcelo Ebrard. Es cierto, no asistió Andrés Manuel López Obrador, pero según fuentes confiables, éste sumará esfuerzo con su Morena (Movimiento de Regeneración Nacional) a diversas causas: no más impuestos, reforma política de fondo, etcétera.
 
Un estudio del Centro de Investigación y Docencia Económicas señala que los mexicanos están de acuerdo con la inversión extranjera en telefonía y medios de comunicación, pero no así en el sector energético. El 65 por ciento se opone a que haya capital foráneo en la industria petrolera. Incluso el Consejo Coordinador Empresarial, ambivalentemente, llama a no privatizar Pemex.
La oleada brasileña llegó, inesperadamente, a México.
 
*Periodista
 
 
 

 

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