Rusia: en busca de restablecer el puente latinoamericano

Rusia: en busca de restablecer el puente latinoamericano

Rusia y América Latina requieren profundizar sus relaciones políticas y comerciales. En este último punto, destaca la caída en el intercambio comercial incluso con naciones que antes eran fuertes aliadas, como Brasil. Por ello, desde Moscú ya se alista un cambio de rumbo

Moscú, Rusia. Las relaciones de Rusia y América Latina en el último quinquenio sufrieron cambios drásticos que parecen desembocar ahora en un nuevo toque de Moscú a la empolvada puerta de esa región donde pretende encontrar las vías para salir de su retroceso económico.

Amén de las relaciones políticas con las naciones de América Latina y el Caribe, con las que Moscú no parece tener un diferendo o dificultades visibles, el asunto económico está sometido a condiciones tanto políticas como de coyuntura comercial.

De esa forma, al iniciarse el siglo XXI, Rusia parecía entrar en serio en ese mercado donde apenas contaba con un nivel de intercambio comercial de apenas 2 mil millones de dólares.

Para 2013, en medio del auge de los gobiernos progresistas en Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela, se reforzaron las relaciones comerciales y la cooperación técnico-militar.

Así, en el citado periodo se llegó al pico del intercambio comercial, al alcanzar los 18 mil millones de dólares.

Con la imposición de las sanciones unilaterales de Estados Unidos y otras potencias occidentales a Rusia, por su posición respecto al golpe de Estado en Kiev, en febrero de 2014, y por el apoyo a la soberanía de Crimea, Moscú respondió con contramedidas.

Ello incluyó la prohibición para el ingreso a Rusia de un listado de productos, sobre todo, alimentos, que llegaban de Europa.

Tal situación llevó a un incremento vertiginoso de las importaciones de alimentos desde América Latina, para cubrir el déficit creado, al menos hasta que la producción nacional fuera capaz de llenar el vacío dejado por los productores europeos, estadounidenses y canadienses.

Pero, al mismo tiempo, Rusia enfrentó un gran déficit de recursos financieros a partir del desplome de los precios del petróleo, por un lado, y por el otro, las propias sanciones, dirigidas a dañar precisamente el sector financiero.

Todo ello hizo que el aumento de las importaciones, aunque se produjo, fue mucho menor al deseado por Moscú para hacerlo corresponder con la voluntad política que existía. El año 2015 fue uno de los años más difíciles para la economía nacional y en parte 2016.

A la falta de liquidez para adquirir el mismo volumen de productos en América Latina se unió al hecho de que en apenas dos años, el sector agrícola nacional, después de recibir inversiones y someterse a una intensa modernización, fue capaz de asumir la seguridad alimenticia rusa.

Ello podría explicar la caída en el intercambio comercial  con Latinoamérica, que se redujo en general en un 9 por ciento en 2016.

Brasil, por ejemplo, registró en 2016 una reducción del intercambio comercial con Rusia de 10.95 por ciento, aunque en 2015 el desplome fue de 24 puntos, es decir, en apenas 2 años la contracción de casi 35 por ciento, más de un tercio del total.

Para ese periodo, Argentina, que se convirtió en uno de los principales suministradores de productos cárnicos, frutas y frutos secos, hacia Rusia, también vio como retrocedió el intercambio en 10.53 por ciento.

Algo similar ocurrió con Paraguay, que hizo de Rusia el principal destino de sus exportaciones de productos cárnicos, pero que el pasado año intercambió con Rusia un 18.74 por ciento menos.

En el caso de Chile, la reducción fue de 13.85 por ciento y Venezuela, un tradicional socio estratégico con el que abrió la curva ascendente del regreso de Rusia al mercado latinoamericano, también retrocedió en 12.65 puntos.

La crisis petrolera arrastró consigo un abaratamiento de las materias primas. Tanto Rusia como la mayoría de los países de América Latina son grandes productores de materia prima, aun cuando pueden ser economías bien estructuradas como las de Brasil, México, Chile o Argentina.

En el mismo periodo se produjeron crecimientos significativos de forma individual como en el caso de México, cuyo intercambio comercial con Moscú creció en 8.03 puntos.

Además, el intercambio casi se triplicó con la caribeña Trinidad y Tobago, con un incremento en 480 millones de dólares y el caso curioso de Puerto Rico que, pese a ser un estado libre asociado norteamericano, incrementó su comercio con Rusia en un 35.89 por ciento.

Todo ello ocurrió mientras Estados Unidos arrecia las sanciones unilaterales contra Rusia.

Sin embargo, en este año, ya visitaron Rusia al menos tres presidentes: el uruguayo Tabaré Vázquez, el brasileño Michel Temer y el venezolano Nicolás Maduro. En los tres casos se firmaron acuerdos para incrementar sustancialmente el intercambio comercial.

En el primer semestre de este año el intercambio comercial con Brasil registró un crecimiento de 28.4 por ciento, con respecto a igual periodo de 2016.

Algo similar ocurrió en el caso de Uruguay, con el que Rusia consolidó su base jurídica con la firma de un acuerdo para evitar la doble tributación.

Además, ambas partes alinearon sus regulaciones para los parámetros epidemiológicos para la compra de productos cárnicos uruguayos en Rusia.

Una reunión de Rusia y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en noviembre de 2016 trazó una hoja de ruta para sincronizar los acuerdos bilaterales conforme a los parámetros jurídicos necesarios.

Además, la hoja de ruta se refiere a la necesidad de coordinar acciones para aumentar el intercambio de productos con alto valor agregado y reforzar el intercambio de turistas en la región.

Ecuador, por su lado, firmó un acuerdo con Rusia para la eliminación de la doble tributación y planea incrementar aún más su presencia comercial con la venta de bananos.

La nación andina ocupa el 30 por ciento del mercado mundial del banano, aunque su primer rubro de exportación es el petróleo.

De su lado, con la visita de Temer, se llegó a un acuerdo para incrementar el volumen del intercambio comercial de 5 mil millones de dólares a 10 mil millones.

Resulta interesante conocer que en otros tiempos, América Latina buscaba comprar armamentos a la Unión Soviética, ahora más bien lo que procura son los ingenieros y personal del sector de hidrocarburos.

En estos momentos, la mayor empresa petrolera rusa Rosneft realiza trabajos de perforación y explotación geológica en Brasil, México y Venezuela.

Rusia  buscó en este año salir, definitivamente, del retroceso experimentado en 2015 y 2016 en sus relaciones comerciales con América Latina y el Caribe, a donde está interesado exportar no solo materia prima, sino productos con valor agregado y su tecnología.

Antonio Rondón/Prensa Latina

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