De los Mártires de Chicago a los Mártires actuales

De los Mártires de Chicago a los Mártires actuales

Al conmemorarse en México el 132 aniversario del aciago episodio  de “Los Mártires de Chicago”, el pasado 1 de mayo, asoma en el horizonte contemporáneo una cruel paradoja por la involución a las conquistas de los trabajadores logradas en el siglo pasado, a causa de las reformas estructurales como la laboral, que ahora obliga a replantear la lucha por una jornada y salario dignos, la defensa de la seguridad social, los abatidos regímenes de pensiones y jubilaciones, así como el derecho a huelga.

Si regresamos la cinta de la historia, encontraremos que en 1886 los obreros estadounidenses habían comenzado una lucha por una jornada de 8 horas laborales -su horario de trabajo oscilaba entre 10 y 16 horas diarias- , sin excepción de mujeres y niños. Los trabajadores tenían sueldos bajísimos y eran sometidos a una brutal explotación, sin derecho a ninguna atención médica.

Ante tales circunstancias, organizaciones como la Federación Americana del Trabajo y la Noble Orden de los Caballeros del Trabajo decidieron organizarse con el fin de exigir a los patrones demandas tales como una jornada de 8 horas, mejores sueldos, derecho a huelga  y condiciones que mejoraran la estancia laboral.

Este movimiento irrumpió en una demanda masiva, de tal manera que llegaron a participar en toda la Unión Americana unos 340 mil trabajadores, 190 mil de los cuales se fueron en la huelga; 80 mil de ellos en la ciudad de Chicago.

Fue precisamente en esta ciudad en la que  el 1 de mayo de 1886 miles de trabajadores se organizaron para salir a las calles y manifestarse, haciendo crujir los cimientos del capitalismo con un paro de labores que  terminó en tragedia al cuarto día, con la llamada revuelta de Haymarket.

Las fuerzas policiales arremetieron contra los huelguistas bajo la excusa de haber sido agredidos por los obreros con explosivos; hasta hoy se desconoce el número exacto de muertos y heridos, pues se abrió fuego a mansalva contra la multitud; ocho líderes fueron enviados a prisión y condenados a la pena de muerte tras un manipulado juicio. Las autoridades buscaban desalentar la lucha de la clase trabajadora porque sabían que eran inocentes.

George Engel, Samuel Fielden, Adolf Fischer, Louis Lingg, Michael Schwab, Albert Parsons, Oscar Neebe y August Spies terminaron en la horca, acusados del asesinato de varios policías.

En México, a principios del siglo pasado y 20 años después de los acontecimientos de Chicago, se suscitó un episodio donde mineros sonorenses se convirtieron en los primeros mártires de nuestra historia nacional.

En 1906 estalló el movimiento de huelga en Cananea;  el 1 y 2 de junio de ese año los trabajadores alzaron la voz en demanda de una jornada de ocho horas,  derecho a huelga, libertad para organizarse sindicalmente, así como igualdad salarial, ya que los obreros estadunidenses ganaban  mayores sueldos  por un mismo trabajo.

Para sofocar el movimiento, el gobierno de Porfirio Díaz envío guardias rurales y autorizó al gobernador Rafael Izábal la entrada de fuerzas  norteamericanas que dispararon sin miramientos contra los mineros. La huelga finalizó de manera sangrienta y brutal, pues los obreros se encontraban desarmados y trataron en vano de defenderse con palos y piedras.

Los patios de la mina quedaron regados de muertos y heridos, y los dirigentes de la huelga, Esteban Calderón, Manuel Diéguez y José Ibarra fueron enviados a San Juan de Ulúa como parte de la voluminosa lista de presos políticos acumulados durante el mandato del dictador.

Un año después, en Río Blanco, Veracruz, se gestó otra huelga: la de los obreros  textiles, que en 1907 pararon labores. Al igual que los mineros de Cananea, exigían una jornada de 8 horas,  salarios justos y mejores condiciones de trabajo.

En apoyo a los patrones y en uno de los actos más brutales de su periodo de gobierno, Porfirio Díaz ordenó al general Rosalino Martínez matar a todo aquel trabajador que participara en dicho movimiento, el cual terminó en una lluvia de plomo y cientos de cadáveres de hombres, mujeres, niños y ancianos. La persecución duró 2 días. Río Blanco abonó también sus mártires a la historia de las luchas obreras y junto con Cananea se convirtieron en dos de los principales detonantes sociales de la Revolución Mexicana, que estalló el 20 de noviembre de 1910.

Con la sangre derramada por los obreros mexicanos se escribieron los fundamentos sociales del artículo 123 de la Constitución de 1917, donde se plasmaron la jornada de 8 horas, el derecho a huelga y a un salario justo, la contratación colectiva, así como el derecho a la seguridad social y a una pensión digna, entre otras conquistas.

Hoy estos logros se han desmantelado por la  ambición de empresarios y la complicidad de gobiernos neoliberales, apoyados desde el Congreso por diputados y senadores que avalaron entre las reformas estructurales a la laboral, cuya puesta en marcha se ha convertido en una regresión a lo  plasmado en el 123, por las precarias condiciones de trabajo que ha prohijado mediante la legalización de las outsourcings, con horarios de trabajo que superan las ocho horas de trabajo, anulan la seguridad social y la estabilidad en el empleo, llevando a millones de jóvenes que ingresan al mercado laboral, a condiciones de trabajo semejantes a las de principios del siglo XX, aderezadas con la anulación del derecho de huelga y la contratación colectiva, sin dejar de mencionar el cambio en los regímenes de jubilaciones y pensiones que no garantizan una vejez digna a los mexicanos.

Por eso, este año que rendimos homenaje a “Los Mártires de Chicago”, era un deber moral mencionar a los mártires de Cananea y Río Blanco, pero también a los de Mexicana de Aviación, a los mártires del Sindicato Mexicano de Electricistas y a los del movimiento campesino e indígena que en todo el país  lucha por la defensa de sus riquezas naturales y sus territorios ante los proyectos autorizados en reformas como la Energética.

Desde la histórica plancha del Zócalo, los sindicatos democráticos e independientes, convocantes al evento del 1 de Mayo hicieron un llamado  a los estudiantes, campesinos, indígenas y a todos los sectores sociales para acudir el primero de julio a ejercer nuestro derecho al voto y pensar más allá del primero de julio para exigirle a la clase política mejores salarios, el respeto a la autonomía sindical y a ejercer el derecho de huelga, a la contratación colectiva, como también la defensa de los regímenes de pensiones y jubilaciones y el cumplimiento de los acuerdos pactados con el SME.

Existe la plena convicción de que fortaleciendo nuestra conciencia de clase e  impulsando una jornada de lucha a nivel nacional, como la convocada por los maestros democráticos, podremos  alcanzar un país con libertad, justicia social y democracia. Es el momento propicio para que la sociedad en su conjunto se organice y luche por recuperar los derechos económicos y sociales de todos los mexicanos. Los mártires de ayer y hoy así lo reclaman.

Martín Esparza

 

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