Economía, un frente principal en la batalla venezolana

Economía, un frente principal en la batalla venezolana

En Venezuela se está desarrollando un juego de vida o muerte entre el gobierno del presidente Nicolás Maduro y la inteligencia militar y civil de Estados Unidos (OEA), coraza protectora de la contrarrevolución.

La meta es descabezar la dirección bolivariana, incluido el mando militar fiel a Hugo Chávez, y todos los niveles del poder público, y a ello responden el frustrado magnicidio mediante el novedoso uso de drones, y la derrotada Operación Caín para asesinar dirigentes chavistas desde la base hasta la superestructura institucional, incluida la Asamblea Nacional Constituyente.

Una de las vías más recurrentes, perfeccionada al máximo por los órganos de inteligencia de Estados Unidos y especialistas del patio, es la económica bajo el criterio de que resulta lo que más daño le provoca al gobierno y el mejor caldo de cultivo para un descalabro interno, animar el descontento popular y realizar cualquier acción que abone en beneficio de revueltas internas violentas para aplicar el siempre latente plan de agresión militar con aval de la Organización de Estados Americanos.

El conocimiento profundo de esa perspectiva real y las pruebas de inteligencia, han determinado que el gobierno bolivariano adopte además de políticas de preservación y defensa militares, medidas novedosas dirigidas a contrarrestar la ofensiva económica enemiga, principal reto planteado al presidente Nicolás Maduro y su grupo de asesores.

Lo primero que resalta en el panorama actual es que la contrainteligencia bolivariana parece haber encontrado fórmulas más efectivas para blindar su economía y crearle dificultades a los responsables del desabastecimiento, el descontrol cambiario y de precios, la inflación, el bajo poder adquisitivo del salario y todas las demás desgracias que en ese campo han podido fabricar hasta ahora los adversarios.

Se inscriben en ese proyecto de contraofensiva económica las acciones que se desarrollan en el campo de las finanzas y la moneda, claves para derribar todo el andamiaje levantado por la contrarrevolución en torno a la economía nacional a fin de vaciar de recursos al gobierno, quebrar el proceso productivo y bloquear las entradas que oxigenan a la nación, en particular el comercio petrolero y de otras materias primas básicas.

En una maniobra que sus adversarios han tenido que reconocer como efectiva, el gobierno de Maduro implementa paso a paso, con calma pero sin tregua, un conjunto de medidas económicas muy prometedoras a las cuales la mayoría de los venezolanos debe prestarle atención y apoyo por lo que representan para todos.

Resumiendo y simplificando sus complejidades, se puede afirmar que la derogación de la ley de régimen cambiario, en su momento una imperiosa necesidad para detener la fuga de capitales, es el mascarón de proa que abre el camino hacia la instrumentación de todo lo demás, incluida la batalla contra la corrupción, esa fea y destructora bestia que hay que matar todos los días y a la cual alimentaba el control de cambio a cuchara llena.

Se acaba el trasiego de billetes por debajo de la mesa y ahora cualquier persona natural o jurídica podrá vender y comprar sus divisas libremente mediante una red de casas de cambio en el país, al margen de que la liberación del dólar abre las puertas a las remesas familiares de venezolanos residentes en el exterior, lo cual es casi siempre acompañado de un mercado monetario sano y poca participación del Estado.

El engorro contable que provocaba el montón de ceros a la derecha de cada billete del hasta ahora llamado bolívar fuerte facilitará la contabilidad, mejorará la disponibilidad de efectivo y será un factor sicológico importante en los tenedores de bolívar soberano pues su poder de compra real será más estable y hará menos frecuente el obligado y casi permanente aumento salarial con el cual se pretendía paliar los efectos negativos de la devaluación originada en el mercado negro de divisas.

En ese sentido, ha sido magistral la decisión de usar la moneda virtual, el petro, como respaldo para preservar el bolívar soberano de las fluctuaciones y que la reconversión monetaria no se vea afectada por la guerra contra ella.

La jugada que ha dejado sin respiración al adversario resulta la de soldar, por decirlo de alguna manera, el valor del petro a un valor tangible como es el precio internacional del barril de petróleo, lo cual garantiza, entre otras cosas, una estabilidad en la base del bolívar soberano por mucha variación que se registre en la cotización del carburante. Constituye un golpe importante a la inflación que ya no debe ser galopante sino controlada.

Esa jugada permitió a los especialistas del gobierno establecer el valor de 1 petro en 360 millones de bolívares fuertes, equivalente a 3 mil 600 soberanos, y colocar el salario en medio petro, o sea de 50 bolívares soberanos a 1 mil 800 con la variante de que se equipara al tipo de cambio del dólar paralelo y no sufre devaluación, como ocurría hasta ahora con el control de cambio.

Se trata de una gran ingeniería financiera con montones de vías secundarias alimentadoras del sistema, las cuales se irán aplicando y perfeccionando en el camino, como la que ya está en práctica con el sistema de distribución y precios de la gasolina y otros combustibles y el censo automotor, lo cual pone en un buen aprieto a las mafias colombianas y al paramilitarismo que las protege.

Implica, además, una diversificación importante de las fuentes de ingreso con la perspectiva puesta en la meta de que el petróleo deje de ser la máxima y el país se abra más al coltan y el oro, entre otros minerales, y a la diversificación industrial y agropecuaria.

El coltan, compuesto por columbita (col) y tantalia (tal), es  un mineral estratégico utilizado en las industrias microelectrónica, telecomunicaciones y espacial, el cual en el mercado internacional tiene un precio que oscila entre 40 y 130 dólares por kilogramo, y Venezuela se encamina a producir unas 50 toneladas mensuales con la variante de que, por ser un mineral estratégico y escaso, el Estado es el único que está autorizado para comercializarlo.

Por supuesto que esta revolución económica y financiera no es una panacea ni será tampoco el ábrete sésamo de una economía muy golpeada por la despiadada guerra contra el chavismo, pero sí un paso sumamente importante para arrebatar, destruir y privar a la contrarrevolución de aquellos instrumentos  –incluso algunos creados por el propio gobierno– que les facilitaron al enemigo librarla. Habrá muchos escollos en el camino.

La nueva estrategia bolivariana es hija de la necesidad impuesta por la obsesiva política de Estados Unidos de derribar la revolución cueste lo que cueste, y es en ese contexto, y no el de la paz, en la que se libra esta batalla, es decir, un ambiente de agresividad, violencia, amenazas de invasión y paroxismo que condujo al frustrado magnicidio.

No es una exageración del gobierno de Maduro prepararse para contingencias más graves, como una acción militar desde el exterior, una posibilidad real que asoma la cabeza sin tapujos desde la Casa Blanca y ese ministerio de colonias que es la OEA. Pero ahora el frente principal de la batalla está también en la arena económica.

Luis Manuel Arce/Prensa Latina

[OPINIÓN, ANÁLISIS]

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