La intervención en Venezuela ya comenzó

La intervención en Venezuela ya comenzó

Foto: White House

No es que la invasión de Donald Trump en Venezuela vaya a ocurrir en las próximas semanas, eso más bien comenzó desde que se enviaron 6 mil efectivos y aviones caza F-35 a controlar el mar del Caribe –lo que viola la legislación internacional y también pasa por alto la ley estadunidense, que teóricamente habría de requerir la aprobación de guerra del Congreso–. El otorgamiento del aborrecible premio nobel a Corina Machado, el bombardeo a pequeñas lanchas en el océano y la sincronización de los medios corporativos de comunicación, muestran un cronómetro en cuenta regresiva que ha sido activado de una manera matemáticamente planificada.

Sin embargo, a pesar de todo, en Venezuela hay características especiales que limitan el actuar de Estados Unidos: convencimiento particular con mucha claridad ideológica del pueblo; organización política urbana y rural a partir de los consejos comunales; Fuerzas Armadas leales al proyecto bolivariano; y una geografía poderosa, tal cual es la selva amazónica.

Durante años, EUA ha intentado ablandar la resistencia buscando crear descontento, fragmentación y enojo entre las y los venezolanos; no obstante, la resistencia se ha sostenido, lo cual dificulta la nueva andanada porque para que una invasión prospere se requiere que exista una gran dispersión entre la población.

¿Será posible que la coerción imperialista estadunidense pueda triunfar en este contexto? El problema es que hasta el momento ha demostrado una gran efectividad para acallar, cooptar y disciplinar a los gobiernos del mundo, que, si bien podrían rebelarse ante la infamia de EUA, optan por el silencio. El emperador Trump hace lo que quiere porque cuenta con la aprobación de los grandes poderes económicos y políticos capitalistas que ya saborean las riquezas que les dejará el petróleo venezolano. Ellos controlan gobiernos, medios de comunicación, universidades e intelectuales, que ya buscan cómo justificar una nueva invasión bajo el argumento del “narcotráfico” o “la democracia y la libertad”.

Palestina apenas ha sido el inicio y los gobiernos del mundo no lo entendieron, o simplemente no lo quisieron aceptar solo para poder hacerse a un lado y mantener las migajas. El proyecto de trasfondo es el control de los pueblos para continuar en la misma lógica de acumulación y ganancia en un momento de crisis del imperialismo.

La intervención militar es la regla en la historia del país yankee y todo mundo lo sabe; sin embargo, lo que llama la atención es el pasmoso silencio de los Estados nacionales mundiales. Quizá sus líderes piensan que si apoyan la intervención o al menos se hacen de la vista gorda enconchándose en sí mismos, EUA les perdonará los aranceles y sus partidos sobrevivirán las próximas elecciones. ¿Será que no han caído en cuenta de que si EUA invade Venezuela, después irá contra ellos y no habrá nadie que pueda ayudarles?

Los gobiernos del mundo no quieren enfrentar lo que ya es una realidad: una crisis global que se refleja en las intensas inundaciones, en los cambios abruptos de clima, en el calentamiento mundial, en el deshielo de los casquetes polares y en el agotamiento del agua potable. Independientemente de si Trump niega la crisis climática, lo cierto es que EUA se está moviendo para continuar con el control de los recursos naturales sin permitir críticas ni disonancias. En ese contexto, languidecen las lecturas cortoplacistas que se preocupan más por los cálculos electorales, por el enojo empresarial o por los aranceles. Lo que se está jugando ahora es cómo se establecerá el control sobre los recursos naturales y la jerarquía de poder. Si se deja caer a Venezuela así como se dejó caer a Palestina, después no habrá quién pueda plantear un nuevo horizonte utópico en los momentos más negros. Si se pierde la utopía de Venezuela también se perderá la fuerza tan grande del concepto “esperanza”.

 

Pablo Carlos Rojas Gómez*

* Doctor en Ciencias Políticas y Estudios Latinoamericanos. Investigador del Programa Universitario de Estudios sobre Democracia, Justicia y Sociedad (PUEDJS-UNAM).

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