Manipulación en Turquía

Manipulación en Turquía

Damasco, Siria. La conspiración que intentó derrocar al ilegítimo presidente Erdogan era un secreto a voces. Tanto Francia como Estados Unidos, e incluso el propio gobierno de Erdogan, conocían su existencia. Pero mientras que en París y Washington esperaban con impaciencia el cambio de régimen, los hombres de Erdogan se infiltraban entre los conspiradores para llevarlos al fracaso.

Thierry Meyssan | Red Voltairethierry-meyssan-498-a

El presidente turco Erdogan proviene de la Milli Gorus, una milicia islamista que apoyaba a los yihadistas en Rusia en la década de 1990 y que trató de tomar el poder en Turquía urdiendo un golpe de Estado en 1999.

En 2003, Recep Tayyip Erdogan se convirtió en primer ministro de un Estado miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Para 2011, el gobierno del entonces primer ministro Erdogan firmó un tratado secreto con Francia que lo implicaba en las guerras contra Libia y Siria. Erdogan obtenía así el “derecho” a expulsar de Turquía a los kurdos empujándolos hacia un nuevo Estado que sería creado precisamente con ese objetivo.

En 2013, el ahora presidente Erdogan se convierte en sucesor del emir Hamad, de Catar, como padrino de la Hermandad Musulmana. Posteriormente, Erdogan instala en la ciudad turca de Esmirna (Izmir) el Mando Conjunto de las Fuerzas Terrestres de la OTAN (LanCom), que se ocupa de coordinar la guerra contra Siria.

Un año después, en 2014, el gobierno de Erdogan participa en la transformación del Emirato Islámico en Irak aportando a este último los 80 mil combatientes de la cofradía de los naqchbandis, la mismo que creó la Milli Gorus turca.

El intento de derrocamiento contra Erdogan parecía significar el fin de la guerra contra Siria. Pero no habría hecho otra cosa que desorganizar la coalición internacional que agrede ese país solamente hasta que las diferentes funciones que el presidente Erdogan realiza en el seno de dicha coalición pasaran a manos de otros líderes.

Los militares que participaron en la intentona del 16 de julio fueron traicionados desde dentro de su propio movimiento: no fue arrestada ninguna de las personalidades del régimen turco, como Hakan Fidan o el propio Recep Tayyip Erdogan.

Los militares que ocuparon los locales de la televisión nacional –la Turkish Radio and Television Corporation, TRT– anunciaron que controlaban el país, a pesar de que en realidad nadie trató de controlar ninguno de los objetivos estratégicos del país. De hecho, hubo muchos rumores pero ningún indicio verdadero de golpe de Estado, exceptuando el ataque contra las instalaciones (vacías) de la Gran Asamblea Nacional, donde los estragos materiales hoy pueden verse como una advertencia a los diputados.

Ningún líder del supuesto golpe se puso en contacto con la oposición para tratar de asociarla al nuevo régimen. Resultado: asustada ante la idea de un posible regreso a la dictadura militar, esa oposición se puso del lado de su enemigo, el derechista Partido de la Justicia y el Desarrollo (en turco: Adalet ve Kalk?nma Partisi, AKP).

La intentona golpista ni siquiera había terminado cuando los hombres del presidente Erdogan ya estaban arrestando a los oficiales de la gendarmería contrarios al presidente, pero que no tenían nada que ver con el golpe. Y cuando terminó el golpe, no sólo arrestaron a los golpistas sino que además suspendieron a 2 mil 700 magistrados y al vicepresidente del Tribunal Constitucional, cuyos nombres ya estaban desde hace tiempo en las listas negras del Palacio Blanco. Actualmente continúa la gran purga destinada a sacar de circulación a los discípulos de Fethullah Gulen.

Estados Unidos parece ser la parte más sorprendida por esta traición. Después de haber entrado en contacto con el expresidente Abdullah Gul y posteriormente con un magistrado, para utilizarlos como posibles sucesores de Erdogan, Washington respaldó al Partido Democrático de los Pueblos (Halklar?n Demokratik Partisi, HDP). Es evidente que en Washington sabían que el golpe iba a producirse y que además estaban muy contentos con ello. Francia, que también estaba al corriente, había cerrado su embajada y su consulado desde la noche del 13 de julio.

Ahora, después de haber aplastado a sus opositores, el presidente Erdogan puede continuar –con las manos más libres que nunca– llevando su país por la senda del sultán Abdulhamid II y de los Jóvenes Turcos: la de la limpieza étnica.

Thierry Meyssan | Red Voltaire

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Contralínea 498 / del 25 al 30 de Julio 2016

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