Mare nostrum: el sueño burguesía italiana

Italia despliega tropas en 40 misiones internacionales: 12 de la Unión Europea, nueve de la OTAN, siete de la ONU y 13 más por su cuenta. Es fácil identificar la correspondencia de estos despliegues con las áreas en las que se concentran los intereses económicos y energéticos del imperialismo italiano y sus monopolios

Beirut, Líbano, ¿quién sopla sobre una nueva “primavera árabe”?

Las explosiones devastadoras que destrozaron el puerto de Beirut, Líbano, parecen –a medida que pasan los días y las palabras se entrelazan, cada vez con menos fatalidad y cada vez más precisa– la voluntad de alguien. Para confirmar esta interpretación existen evidentes intereses y especificaciones técnicas que son difíciles de refutar. La historia de la […]

Del “despertar islámico” a las “primaveras árabes”

La unidad entre los Hermanos Musulmanes y el clero saudíta ha originado un frente único en su género (lo del “despertar islamista”); pero este idilio que se dio en los primeros años fue un muy breve romance y hoy día los exponentes de este grupo tienen que enfrentarse con las políticas represivas del príncipe heredero.

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La guerra cognitiva como arma del dogmatismo capitalista

En el corazón de la guerra cognitiva está el plan de fijar el dogmatismo monopólico como meta eterna del capitalismo en su fase imperial. Y las armas de dominación pretenden ser perfectas cuando consigan que las víctimas custodien las puertas de la prisión y llamen libertad a la llave que las encierra. Esa es una aberración mayúscula de la guerra cognitiva: el capitalismo no necesita que creamos todas sus mentiras; le basta con que pensemos la realidad utilizando sus preguntas, sus medidas, sus diccionarios y sus límites. Por lo tanto, la explotación se manifiesta como empleo, la subordinación como contrato, la concentración como eficiencia, el despojo como inversión, la precariedad como flexibilidad y la obediencia se manifiesta como responsabilidad. La palabra cambia de significado, la realidad cambia de lugar. El control deja de ser una fuerza externa e inicia a comunicarse desde nuestro interior. La victoria imperial no se limita únicamente al dominio de territorios: implica ocupar el punto desde el cual una sociedad determina lo que puede ser considerado real.