La concentración media global de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera alcanzó en 2025 las 426.8 partes por millón (ppm), con lo cual rompió un récord en los registros históricos desde 2008, alertó la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
En su último Boletín de Gases de Efecto Invernadero, el organismo internacional señaló que la cantidad acumulada el año anterior fue superior en un 153 por ciento al nivel promedio preindustrial de 1750.
“Cada parte por millón adicional importa, porque atrapa calor adicional. En efecto, estamos sobrecargando el océano y la atmósfera: eso significa que las olas de calor, los ciclones tropicales y las tormentas de lluvia se están intensificando más rápido de lo que nuestras referencias históricas nos habían preparado”, declaró Ko Barrett, vicesecretaria general de la OMM.
Pero el dióxido de carbono no fue el único que presentó esta tendencia; el metano y el óxido nitroso –segundo y tercer gas de efecto invernadero de larga vida más importantes causados por actividades humanas– también llegaron a un nuevo máximo. “Otro año, otro nuevo récord”, resumió la funcionaria internacional.
Cuando el Boletín se publicó por primera vez, en 2004, el nivel medio anual de CO2 medido por la red de estaciones del Sistema Mundial de Observación de la Atmósfera de la OMM era de 377.5 ppm, frente a casi 427 ppm de hoy.
De hecho, las tasas de crecimiento del CO2 se triplicaron desde la década de 1960: pasaron de un aumento medio anual de 0.8 ppm a 2.4 ppm entre 2011 y 2020, de acuerdo con la institución especializada, que subrayó la influencia del fenómeno de El Niño en el “excepcional repunte” de 3.5 ppm que se registró de 2023 a 2024 y que provocó sequías, vegetación más seca y más incendios forestales.
Después, el aumento de 2.8 ppm de 2024 a 2025 fue más modesto, pero aun así supuso una adición sustancial de carbono por la quema de combustibles fósiles, de acuerdo con Oksana Tarasova, científica sénior de la OMM, quien señaló que se puede esperar un nuevo incremento en 2026 por esa quema y por el desarrollo de un poderoso El Niño que afectará a los sumideros de carbono terrestres, como en 2023-2024.
Aproximadamente la mitad del CO2 emitido cada año permanece en la atmósfera, y el resto es absorbido por los ecosistemas terrestres y los océanos. De acuerdo con el Índice Anual de Gases de Efecto Invernadero de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), de 1990 a 2025 el efecto de calentamiento de los gases de efecto invernadero aumentó 56 por ciento, y el CO2 representó alrededor del 81 por ciento de ese aumento, conocido como “forzamiento radiativo”.
“Los últimos 11 años han sido los más cálidos registrados y esta tendencia va a continuar. El CO2 tiene una vida muy larga y, por tanto, afectará al clima global no solo durante años, sino durante décadas e incluso siglos“, afirmó Ko Barrett.
La OMM pidió prestar especial atención a dos gases potentes, pero menos abundantes, ligados a la producción y distribución de electricidad: el hexafluoruro de azufre (SF6) y el hidrógeno molecular (H2).
El primero, muy usado como supresor de chispas en la distribución eléctrica, tiene una vida atmosférica de más de 1 mil años y un potencial de calentamiento global a 100 años de unas 24 mil 300 veces el del CO2; su aumento en 2025 fue un máximo histórico.
Por su parte, la concentración de hidrógeno creció 5.3 por ciento entre 2010 y 2024; aunque no es un gas de efecto invernadero, “influye en la química atmosférica” y tiene un fuerte efecto indirecto sobre el calentamiento. Sus fugas desde instalaciones de producción, gasoductos, tanques y pilas de combustible preocupan cada vez más.
“Tanto las fugas de H2 como la persistencia del SF6 representan amenazas potenciales que podrían socavar los beneficios climáticos de la transición energética”, advirtió la OMM.



















