Extrema derecha avanza si el progresismo no transforma la realidad social: Roig

Extrema derecha avanza si el progresismo no transforma la realidad social: Roig

Foto: Anahi del Angel

El avance de la extrema derecha responde a la pérdida de credibilidad de un progresismo que se ciñe a administrar instituciones neoliberales en lugar de transformar la realidad social para beneficio de las mayorías empobrecidas, advierte el doctor Alexandre Roig. En entrevista, el profesor e investigador de la Universidad Nacional de San Martín cita como ejemplo a su patria: Argentina, donde además hay una crisis de representación de la izquierda. Agrega que la ultraderecha en el poder podría sobrevivir a Milei, pese al grave daño que su gobierno está causando a las personas más vulnerables. Por eso, llama a las mexicanas y mexicanos a mantenerse atentos y defender los logros de la izquierda

De forma progresiva, en América Latina  las extremas derechas van ganando terreno en el ámbito político-electoral, y son gobiernos en la mayoría de los países de la región –incluidos: Argentina, Chile y Colombia–. Este avance de proyectos oligárquicos y conservadores responde a la pérdida de credibilidad de un progresismo que se ha ceñido a administrar instituciones neoliberales heredadas por gobiernos pasados, en lugar de transformar la realidad social para beneficio de las mayorías empobrecidas, explica Alexandre Roig, doctor en ciencias sociales.

En entrevista para Contralínea, el investigador y académico argentino reflexiona que las fuerzas políticas de izquierda que han llegado a gobernar en las naciones que vuelven a virar a la derecha y ultraderecha se desconectaron de las experiencias sociales concretas, sin solucionar las necesidades de sus pueblos. “Hay un tipo de progresismo que, cuando sostiene las instituciones neoliberales, está en la antesala de la extrema derecha. Hay una correlación entre la decadencia del progresismo neoliberal y el auge de la extrema derecha”.

Para el doctor Roig, el problema no reside necesariamente en las intenciones de quienes participan en ese espacio político, sino en la distancia entre su discurso y las relaciones sociales concretas. “Es un progresismo cada vez más burgués, y cada vez más desconectado de la realidad social. Es lo que todos percibimos: una clase política que habla de una realidad que no expresa y que utiliza categorías fundamentales, pero de manera abstracta”.

El investigador de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) cuestiona cómo se convierte a los derechos en conceptos autorreferenciales, desconectados de las relaciones sociales que les dieron origen: “los trabajadores no tienen derechos simplemente porque son trabajadores, sino porque están explotados. La dimensión relacional siempre tiene que estar; el progresismo neoliberal perdió gran parte de esa dimensión porque piensa el derecho de manera autorreferencial; entonces, pierde sustancia y contenido”.

Por ello, considera que las alternativas políticas progresistas estén vinculadas con las experiencias populares, con capacidad de articularlas para construir un sujeto político consciente. “Se necesita un progresismo que esté, en particular, con la experiencia popular, que pueda constituirse en la articulación de esa pluralidad de experiencias populares que hacen posible un sujeto de transformación, un sujeto consciente”.

En el caso de su país, observa que hay una pérdida de credibilidad de los proyectos de nación progresistas, además de que no hay una alternativa que ofrezca estabilidad económica, por lo que el derechista Javier Milei mantiene respaldo popular. Esta experiencia argentina, sostiene, debe ser observada con atención desde México.

Al respecto, indica que las y los mexicanos no están blindados de un futuro ascenso de la extrema derecha. “Creo que hay que estar muy atentos. Recuerdo a los brasileños que se reían de Bolsonaro y a los argentinos que se reían de Milei: ninguna sociedad hoy en día está fuera de la posibilidad del auge de la extrema derecha en el formato que tiene en distintos lugares”.

En ese escenario, el académico considera que México conserva características que pueden funcionar como una defensa frente al riesgo, particularmente su capacidad de discutir y transformar sus instituciones. “Tiene una realidad instituyente muy superior a la de otros países: hay una reflexión sobre las instituciones, sobre cómo instituirlas y sobre cómo transformarlas. Existe una reflexividad en ese punto que es un ejemplo”.

Sin embargo, su mensaje no es de tranquilidad absoluta, sino un llamado a la vigilancia activa. “La mejor forma de contrarrestar los riesgos del auge de la extrema derecha es tener conciencia y no dejarse denigrar nunca por quienes vienen de afuera, sobre todo si vienen del norte”. El doctor Roig considera que esa capacidad no debe entenderse únicamente como una actitud defensiva frente a las presiones externas, sino como el reconocimiento de una tradición política propia: “sigue habiendo un trabajo muy fuerte en la conciencia y en la potencia propia del pueblo mexicano, que ha mostrado a lo largo de su historia una capacidad creativa y revolucionaria concreta, real”.

En esa consciencia colectiva debe estar presente, como recordatorio para la región, los casos de Argentina y Brasil, donde se subestimó la posibilidad de que la extrema derecha regresara al poder. “Recuerdo todavía las risas brasileñas y argentinas antes de que llegaran estos gobiernos; [por eso] hay que ser muy humildes frente al riesgo y, al mismo tiempo, muy conscientes de la propia potencia. Creo que ese es el mejor antídoto”.

Imagen: 123rf

El caso de Milei

El profesor e investigador de la UNSAM puntualiza que el ascenso de Javier Milei en Argentina fue posible no sólo por la pérdida de credibilidad del progresismo y la ausencia de una alternativa con estabilidad económica, sino también a la guerra sucia mediática. Sobre esta última, expone que se ha convertido en un dispositivo político con capacidad de penetración social, apoyado en símbolos como la motosierra, el discurso anticorrupción y la ruptura deliberada de códigos sociales mediante el insulto y el menosprecio.

Para el doctor Roig, la estabilidad económica es central para comprender el respaldo al mandatario argentino: incluso entre sectores decepcionados con el gobierno, persiste la percepción de que Milei representa una garantía frente al temor de regresar a escenarios de crisis económica.

A su juicio, el desafío de la oposición argentina consiste en construir un proyecto de nación que articule las experiencias populares, el mundo del trabajo y las nuevas generaciones. De lo contrario, advierte, el fenómeno de la extrema derecha podría sobrevivir incluso si Milei deja de gobernar.

El investigador identifica tres componentes de la estrategia de Milei. El primero es el uso de la motosierra como “un símbolo de recorte” que, al hacerse efectivo, incluso con métodos agresivos, “terminó siendo valorado positivamente, contrariamente a lo que algunos ven porque corresponde a algo que ya estaba anunciado; entonces, había una estructura con esa forma de ‘te voy a cortar el brazo, pero como te dije que te iba a cortar el brazo, entonces te estoy diciendo la verdad’”.

A ello se sumó la apropiación del discurso anticorrupción construido alrededor de la idea de que quienes ya eran ricos no tendrían incentivos para enriquecerse desde el poder. El tercer componente, añade, fue la ruptura deliberada de códigos sociales mediante el insulto y el menosprecio.

Para el académico, estos elementos producen una paradoja: la denominada guerra sucia permite construir un discurso que se percibe como verdadero, aunque contenga falsedades. “Es una forma de establecer un discurso sobre la verdad con mentiras, obviamente, pero es un discurso que socialmente aparece como verdadero porque anuncia y anticipa, de manera agresiva y violenta, lo que va a hacer”.

La estabilidad como lugar sagrado

En su análisis, el respaldo a Milei también se sustenta en la relación entre estabilidad y seguridad económica en Argentina.

La sociedad argentina, explica, ha oscilado históricamente entre el deseo de estabilidad y el de dignidad. Durante el gobierno de Milei, la estabilidad habría adquirido un carácter prácticamente intocable, al grado de convertirse en una prioridad incluso para personas sin participación directa en los mercados financieros. “Si vemos los últimos 20 años, los gobiernos han oscilado entre esas dos cuestiones. En este caso, el gobierno logró poner a la estabilidad como un lugar sagrado”, señala.

Esa estrategia, considera, pudo llevar a personas sin dólares, acciones o participación en la bolsa a defender la estabilidad económica por temor a perderla. El problema aparece cuando ésta deja de ser un medio y se convierte en un fin que justifica cualquier sacrificio.

“Sería difícil salir de eso racionalmente si efectivamente está incorporado como creencia que lo más importante es la estabilidad y que, en nombre de ella, hay que sacrificar absolutamente todo. Entonces, se puede sacrificar a un jubilado, se puede sacrificar el presupuesto de la educación y así sucesivamente; se termina legitimando una destrucción masiva con la motosierra”.

Roig encuentra un antecedente en la década de 1990, cuando la estabilidad económica también se convirtió en un elemento central de la representación política. Desde su perspectiva, la crisis se convierte en el desenlace posible cuando una sociedad termina aceptando sacrificios cada vez mayores para preservar esa estabilidad.

Jóvenes en busca de una identidad política

En ese escenario, las juventudes ocupan un lugar particular. Roig destaca que los jóvenes han participado en buena parte de los movimientos sociales significativos de los últimos años, aunque considera que todavía no han conseguido constituirse plenamente como un sujeto político.

“En Argentina, como en otros lugares, el movimiento estudiantil fue fuerte porque se movilizaron jóvenes. Por otro lado, las protestas policiales que hubo en algunas provincias eran lideradas por jóvenes; algunos movimientos vinculados con cuestiones de vivienda también. Los jóvenes están atravesando gran parte de las protestas, pero todavía no se constituyen como un sujeto político”.

Para el especialista, esa ausencia de una identidad política consolidada no significa pasividad. Observa una subjetividad que comienza a rebelarse y busca convertirse en una fuerza política capaz de transformar la realidad. “Es una subjetividad que se está sublevando, pero que está buscando su forma como sujeto político, como ocurrió en algún momento con el feminismo o con la clase trabajadora”.

La dificultad, considera, está en conectar esa movilización juvenil con el mundo del trabajo. Considera que muchos movimientos históricos lograron consolidarse cuando las demandas de las nuevas generaciones encontraron una articulación con los trabajadores y otros sectores sociales.

A esto se suma un conflicto intergeneracional que, según el analista, tiene características nuevas. La diferencia entre jóvenes y adultos ya no está relacionada únicamente con la edad, sino también con el acceso a la tecnología.

“Hay una fantasía entre los mayores de que existe un poder en la juventud que, además de su juventud, consiste en manejar algo que ellos no manejan. Hay un miedo de los viejos hacia los jóvenes”. Por ello, considera necesario conectar tres dimensiones: el conflicto intergeneracional, los conflictos de clase y los conflictos de género.

Milei y el voto de la decepción

La dificultad de la oposición para disputar el poder a Milei tiene, en su opinión, una raíz más profunda que se basa entre un progresismo neoliberal y uno popular, y cuestiona que ambos puedan considerarse expresiones de un mismo proyecto. Asimismo, advierte que la persistencia del respaldo electoral al político ultraderechista no significa necesariamente que el entusiasmo por su figura permanezca intacto. Según Roig, una parte de la sociedad podría apoyar al mandatario y a su partido aun desde la decepción, ante la ausencia de alternativas.

“Hay gente que dice: ‘yo lo voté, me decepcionó, pero como no hay nada enfrente, lo voy a votar’. Eso efectivamente puede traducirse en un resultado electoral positivo para Milei, pero hay que ser extremadamente prudentes porque la realidad argentina es muy dinámica”.

Lo que permanece, insiste, es la búsqueda de estabilidad, y si la oposición no consigue ofrecerla, Milei conservará una ventaja política. “Mientras las alternativas políticas no logren ofrecer garantías de esa estabilidad, no van a poder competir seriamente con Milei, a pesar de todas sus locuras, su desquicio y todo el desastre que está haciendo en la sociedad”.

Para el investigador, el problema de la oposición no es únicamente Milei, sino la ausencia de una alternativa capaz de reemplazarlo. “Desgraciadamente, no hay un progresismo popular que se esté construyendo enfrente. Hay un progresismo neoliberal que no es muy convincente, con lo cual el garante de la estabilidad sigue siendo Milei”.

La ausencia de un proyecto de nación

Roig relaciona la debilidad de la oposición con su incapacidad para construir un proyecto común. Éste, explica, debe superar la administración de las instituciones existentes y plantear otra forma de organizar la vida social. “¿Qué significa un proyecto de nación? Significa una capacidad de tener un proyecto común que articule con la realidad de los actores y que imagine una forma de habitar el mundo”.

Ese proyecto tendría que traducirse en instituciones y en una nueva forma de relacionarse con los actores sociales. “Eso implica, muy concretamente, propuesta en las instituciones, articulaciones con actores reales y una gramática nueva, que nos identifique a quienes más o menos pensamos, vibramos y resonamos en ese lenguaje donde lo más importante es la transformación de la realidad popular, las mejores condiciones posibles del mundo del trabajo y la construcción de una sociedad justa e igualitaria”.

La pérdida de credibilidad, sostiene, comenzó cuando el progresismo dejó de ofrecer transformaciones concretas y se limitó a administrar el modelo existente. “Para crear algo no tienes que administrar las instituciones del otro, porque entonces le entregas las llaves a quien las creó”.

Aunque reconoce que los gobiernos progresistas permitieron mejores condiciones de vida que los de derecha, considera que la falta de una transformación estructural terminó erosionando la confianza. “Cuando decían: ‘nosotros vamos a transformar las cosas’, pero hace 20 años que no las están transformando, esa promesa se vuelve vacía y, por ende, se produce una pérdida profunda de confianza en la credibilidad de la palabra”.

Foto: Cuartoscuro/Galo Cañas

La resistencia a la extranjerización de tierras

En cuanto al futuro del programa de Milei, Roig observa límites a la capacidad del gobierno para avanzar en asuntos vinculados con la soberanía nacional y la propiedad de la tierra. Su argumento parte de las reacciones sociales en torno a las islas Malvinas y a las medidas encaminadas a flexibilizar las restricciones a la propiedad extranjera de tierras rurales.

“Milei encontró un límite en particular, por la secuencia sobre las Malvinas: en el Mundial los jugadores sacaron la bandera y las Malvinas son argentinas, y posteriormente avanzaron medidas para flexibilizar la extranjerización de la tierra; eso tuvo un rechazo muy grande entre los jóvenes, pero también en todas las clases sociales, y finalmente hubo una fuerte resistencia social”.

Para el especialista, esa resistencia muestra que existen temas capaces de trascender las divisiones políticas y sociales. “Hay una tensión, pero existe una resistencia social muy fuerte; por eso no creo que eso pueda avanzar tanto”.

Más allá de esa coyuntura, diagnostica en Argentina una crisis estructural de las instituciones neoliberales que la derecha intenta resolver profundizando en el mismo modelo. “Hoy estamos viviendo la crisis de las instituciones neoliberales, que las derechas tratan de resolver profundizándolas; eso fue lo que trató de hacer el macrismo y eso es lo que trata de hacer el mileísmo”.

El problema, advierte, es que la crisis puede continuar independientemente de quién ocupe la Presidencia: “tenemos por delante un horizonte de crisis económica muy profunda; la pregunta es cuándo va a estallar y a quién va a alcanzar: si a Milei o a un gobierno posterior”.

La preocupación del doctor Roig se centra en el riesgo de que la estructura política construida alrededor de la extrema derecha sobreviva a una eventual salida del presidente. La experiencia brasileña con Jair Bolsonaro constituye, en su análisis, una advertencia sobre la posibilidad de que estos movimientos perduren. “El posible regreso del bolsonarismo muestra que este tipo de gobierno no es un paréntesis ni expresa solamente un voto de castigo; es una estructura que vuelve bajo distintas formas”.

Además, considera que una eventual derrota electoral de Milei no resolvería por sí misma la crisis política. “Lo peor que podría pasar es que no se atiendan esas causas de manera profunda. Puede ganar o perder Milei, pero la estructura puede perdurar y después regresar bajo una forma parecida”. Esto es, explica, que Argentina quede atrapada en una alternancia entre una extrema derecha que destruye y un progresismo incapaz de construir una alternativa real de gobernabilidad con estabilidad económica y respuesta a las demandas sociales.

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