Al no obtener más del 50 por ciento de los votos válidos en la elección presidencial de Brasil, el candidato de la derecha, el senador Flávio Bolsonaro, y el de la izquierda, el actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva, disputarán la segunda vuelta el próximo 25 de octubre. Bolsonaro logró el 47.03 por ciento de las preferencias, frente al 45.16 por ciento de Lula: una diferencia de apenas 1.87 puntos porcentuales.
Con una distancia de aproximadamente 2.2 millones de votos entre ambos candidatos, el escenario rumbo al balotaje anuncia una brutal embestida mediática contra el Partido de los Trabajadores (PT), operada en redes sociales por ciberdelincuentes con nexos que apuntan a Washington.
Una de las pruebas de esta maquinaria, que controla millones de bots en diversas plataformas digitales, salió a la luz tras la detención en Bolivia de Fernando Cerimedo, dedicado a apoyar, con vastos recursos financieros, la propaganda de la ultraderecha internacional.
La estrategia de fomentar campañas de odio y desinformación, sobre todo en las elecciones del continente, parece funcionar de acuerdo con los lineamientos imperialistas que también en Colombia vendieron como supuesta opción de cambio al patrocinado Abelardo de la Espriella, quien ganó por un estrecho margen al candidato de la izquierda progresista.
El mismo día de las elecciones, el pasado domingo 4 de octubre, la maquinaria mediática difundió un video descontextualizado para hacer creer que Lula había arrojado la bandera brasileña después de votar. La grabación completa muestra al presidente extendiendo el lábaro ante las cámaras y entregándolo después a su fotógrafo, Ricardo Stuckert.
El recorte fue presentado como un gesto de desprecio hacia la bandera. En las publicaciones difundidas en redes, reenviadas por miles de bots que, como era de esperarse, también les dieron “me gusta”, se afirmaba que Lula la trató “como trapo sucio” y que “él odia a Brasil”.
Además, se vaticinaba que esa acción le iba a “costar millones de votos”. A los autores de esta distorsión no les importó que diversos medios documentaran la falsedad. La intención era impactar de inmediato en el electorado, en pleno fragor de la contienda.
Contra estas bajas estratagemas deberá luchar a contracorriente Lula en las próximas semanas si desea remontar la desventaja y derrotar en el balotaje al proyecto de la ultraderecha. Como se está viendo, este cuenta con el poderoso y ruin apoyo mediático de manipuladores profesionales, expertos en aprovechar el uso de millones de celulares para distorsionar la realidad social y vender al electorado a verdaderos pillos como sus redentores.
Buena parte del electorado brasileño tendrá unos días para repensar su decisión y percatarse de que la intención de los Bolsonaro dista mucho de priorizar el bienestar social de las mayorías, sobre todo de los pobres: pretende instalar a todo su clan familiar en el poder.
Por ejemplo, tras conocerse los resultados de la primera vuelta, nada menos que Michelle Bolsonaro, esposa del expresidente Jair Bolsonaro –preso por su participación en un intento de golpe de Estado contra Lula–, obtuvo un escaño en el Senado. La ferviente evangélica nunca ha ejercido un cargo de gobierno.
Los hermanos de Flávio Bolsonaro, Carlos y Jair Renan, también resultaron electos para ocupar cargos legislativos: el primero como senador por Santa Catarina y el segundo, de solo 28 años, como diputado federal por el mismo estado. Para completar este abierto y descarado nepotismo, Renato Bolsonaro, hermano del expresidente Jair, ganó una diputación federal por São Paulo. Toda la familia al poder.
Será importante que el PT y sus aliados, como el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) y otras organizaciones sociales, intensifiquen su labor de convencimiento entre los 33 millones de electores que se abstuvieron de votar. Su participación en la segunda vuelta puede aportar el contrapeso electoral necesario para evitar la caída de uno de los últimos bastiones de la izquierda progresista en el continente.
Para el gobierno de Estados Unidos, desplazar a Lula de la Presidencia es una prioridad de su política intervencionista en el continente, donde ha logrado imponer gobiernos títeres: en Honduras, con Nasry Asfura; en Chile, con José Antonio Kast; en Costa Rica, con Laura Fernández Delgado; y en Perú, con Keiko Fujimori.
A ellos se suman, en Argentina, Javier Milei, aniquilador de programas sociales y alentador de la pobreza; en Ecuador, Daniel Noboa, quien presume abiertamente su doble nacionalidad, ecuatoriana y estadunidense; y en Colombia, Abelardo de la Espriella, quien ha iniciado el desmantelamiento de la política social de Gustavo Petro.
Brasil es un territorio codiciado por los intereses estadunidenses debido a sus hidrocarburos y a su abundancia de tierras raras. Además, el gigante del sur desempeña un papel importante entre las economías emergentes del planeta mediante su participación en los BRICS, agrupación que reúne a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, entre otros países.
Washington busca a toda costa que China pierda en el continente a un aliado con el potencial económico de Brasil. Con un gobierno de ultraderecha, se abrirán de par en par las puertas al saqueo de los recursos naturales, que ya había comenzado durante el mandato del ahora detenido Jair Bolsonaro.
De consumarse el plan de expansión imperialista en el continente, solo quedarán en pie dos países con gobiernos progresistas: México y Uruguay. De ahí la importancia de una recuperación electoral de la izquierda en Brasil.
El desenlace del balotaje brasileño tendrá que analizarse acuciosamente en nuestro país, porque los hilos de la ultraderecha comenzarán a moverse con miras a las elecciones intermedias de 2027. Buscarán descarrilar, como en el resto del continente, un proyecto de gobierno contrario al nuevo colonialismo.
Este no se detendrá ante nada para imponer su modelo de capitalismo salvaje, en el que los retrocesos sociales serán el común denominador, como ya ocurre en Argentina y se palpa en Ecuador, Colombia, Chile y Perú.
En nuestro país, es momento de que el proyecto del segundo piso de la cuarta transformación comience a tejer una alianza firme y seria con sindicatos independientes y organizaciones sociales del campo y la ciudad. Es necesario alcanzar acuerdos que permitan atender las demandas de las mayorías y conformar un bloque sólido frente a las acechanzas de una derecha neoliberal que, durante seis sexenios, aniquiló el bienestar y el nivel de vida de millones de familias.
Lo que sucede en el continente no admite dilación. Es urgente poner manos a la obra.
Martín Esparza*
* Secretario general del Sindicato Mexicano de Electricistas



















