El poder mediático en Brasil

El poder mediático en Brasil

En Brasil, como ocurre prácticamente en toda América Latina, la concentración de la propiedad de los medios de comunicación consolidó un latifundio mediático en el que unos pocos grupos empresariales que responden, a su vez, a un manojo de familias, influyen de manera decisiva sobre el sistema político y la opinión pública, ejerciendo una suerte de derecho de picaporte –según la atinada expresión acuñada por el salvadoreño Alexander Segovia– sobre las agendas políticas, económicas, legislativas y, en general, sobre la construcción del sentido común neoliberal que se reproduce y legitima desde las usinas mediáticas.

Un estudio realizado por Intervozes y Reporteros Sin Fronteras (RSF), cuyos resultados se dieron a conocer en 2017, estableció que cinco grupos empresariales, pertenecientes a cinco familias, concentran el 50 por ciento de la propiedad de los principales medios de comunicación brasileños de cobertura nacional: se trata de los grupos Globo, de la familia Marinho; Bandeirantes, de la familia Saad; Record, de la familia Macedo (Edir Macedo es el fundador de la pentecostal Iglesia Universal del Reino de Dios); RBS, de la familia Sirotsky, y Folha, de la familia Frias Filho.

Estos grupos, que articulan alianzas con empresas de medios a escala regional, han desarrollado, desde la segunda mitad del siglo XX, y en especial a partir de la dictadura militar de 1964-1985 (apoyada por el Grupo Globo y también por el Grupo Folha, como se reveló hace pocos años), un sistema de propiedad hereditario, en que el negocio de la explotación comercial de las concesiones de radio y televisión se transmite de generación en generación, y donde los medios de mayor influencia están “controlados, dirigidos y editados, en su mayor parte, por una élite económica formada por hombres blancos”, como señalan Intervozes y RSF.

En 2013, otro informe de RSF, simbólicamente titulado El país de los 30 Berlusconis, concluía que “las características del funcionamiento de los medios impiden la libre circulación de la información y el pluralismo. Brasil presenta un nivel de concentración mediática que contrasta con el potencial de su territorio y la diversidad de su sociedad civil”.

Las consecuencias políticas y culturales del fenómeno de alta concentración de la propiedad de los medios nos resultan más que evidentes hoy, cuando constatamos que los grupos mediáticos han desempeñado un papel crucial en el vía crucis al que ha sido sometida la democracia brasileña en los últimos años: desde la promoción del impeachment perpetrado contra la presidenta constitucional Dilma Roussef, en 2016,  pasando por la aprobación de la regresiva agenda de reformas económicas y laborales del golpista Michel Temer; hasta la persecución judicial y mediática desatada contra el expresidente Lula da Silva, con el propósito –cumplido– de sacarlo de la contienda electoral de este año, lo que finalmente abrió las puertas para el ascenso del ahora presidente electo Jair Messias Bolsonaro.

Y mientras el Messias pertrecha su futuro gabinete de gobierno con economistas neoliberales, militares  y juristas a sueldo (como el nefasto juez Sergio Moro), los oligopolios mediáticos de ese país empiezan a sentir los primeros zarpazos del monstruo. Al mejor estilo de Donald Trump, Bolsonaro advirtió a los medios de comunicación que recortará la pauta publicitaria a quienes le sean adversos.

Para el diario Folha de Sao Paulo, al que acusa de ser difusor de fake news en su contra, el capitán ya dictó sentencia: “Ese diario se acabó”.

Paradojas de la historia: los grupos que ayer justificaban el apoyo a la dictadura militar, y vieron florecer sus negocios al amparo de ese régimen, ahora se ven amenazados por el torbellino del neofascismo pentecostal que, directa o indirectamente, ayudaron a desatar. Quien siembra vientos recoge tempestades, reza la sabiduría popular contenida en un viejo refrán. Nada más cierto.

Andrés Mora Ramírez*/Prensa Latina

*Magister en Estudios Latinoamericanos con Énfasis en Cultura y Desarrollo de la Universidad Nacional de Costa Rica; docente e investigador del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la misma universidad

[OPINIÓN][ARTÍCULO]

Lo más leído

Tres expresidentes de la República en la conversación nacional

El pasado 30 de septiembre, el expresidente Andrés Manuel López Obrador reapareció en un videomensaje para presentar su libro Pueblo, y aprovechó para criticar el neoliberalismo y a sus principales ejecutores en México, así como para advertir que el Fobaproa se terminará de pagar hasta 2055. Ese mismo día, los expresidentes panistas Felipe Calderón y Vicente Fox participaron en el Foro América Libre, donde reivindicaron su campaña derechista; al respecto, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo defendió la vigencia de las libertades en México, rechazó los señalamientos de Calderón sobre supuestos vínculos de Morena con el narcotráfico y destacó la presencia política que mantiene AMLO

Saber más »
Artículo

Es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo

Hace algunos años el filósofo Frederic Jameson dijo: “parece que hoy nos es más fácil imaginar la destrucción total de la tierra y de la naturaleza que el colapso del capitalismo tardío; quizás eso se deba a alguna debilidad en nuestra imaginación”. Y a pesar de su corta edad, los programadores y creadores de la mal llamada inteligencia artificial parece que no tienen imaginación para pensar por lo menos un mundo poscapitalista, pero sí para afirmar que la IA podría exterminar la vida humana de la faz de la tierra en 2030.

Saber más »
Ahora en vivo

Contralínea en vivo