Ahora Calderón le echa la culpa a Dios

Ahora Calderón le echa la culpa a Dios

En su visita a Durango, donde Joaquín Guzmán Loera, el Chapo, tiene su domicilio y desde donde mueve los hilos de su multimillonario cártel del narcotráfico (a quien el foxismo dejó escapar del penal de máxima seguridad Centro Federal de Readaptación Social 1 Altiplano y el calderonismo ha dejado ser el Padrino de la delincuencia organizada en todo el territorio), Felipe Calderón hizo alarde de que “a la mejor algunos no quisieron que durara ni un día en la Presidencia, pues ya llevamos cinco [años] y vamos por el que resta, por el sexto que va a ser el del cierre y el fuerte” (Reforma, 2 de diciembre de 2011). Así autofestejó su quinto año mientras la nación sufre su devastador mal gobierno.
 
Si como las dos “magas” de Televisa que, para timar a los ingenuos, ofrecen sus servicios de pitonisas y conceden “milagros”, pudiéramos ver el futuro, indudablemente hubiéramos impedido que Calderón, quien entró por la puerta trasera del Congreso de la Unión para su toma de posesión, se quedara siquiera 24 horas en Los Pinos. Pero a toro pasado el mal gobierno de quien no pudo imponer a su hermana Luisa María en el gobierno de Michoacán, dejó al país en ruina económica, social, política y cultural, (pues el Consejo Nacional para la Cultura y el Instituto Nacional de Bellas Artes son un desastre, sin apoyos a las actividades humanísticas), y coadyuvó a eliminar de los planes escolares para bachillerato, el estudio de la historia de la filosofía en cuanto ética, lógica y estética.
 
Va en retirada Calderón con la cola de corrupción entre las patas, contados resultados en su fallida estrategia contra la delincuencia; y no obstante que se derogó de la Constitución la pena de muerte… ¡lleva casi 60 mil homicidios, en cifras oficiales! Por sus adicciones le han comparado con Victoriano Huerta. Por sus crímenes, peor que Hosni Mubarak, Muamar el-Gadafi o Augusto Pinochet. Por su venganza contra los trabajadores, la mentira de que sería “el presidente del empleo” y su complicidad con los patrones para mantener salarios de miseria, peor que Vicente Fox (que ya es mucho decir). Y por su incapacidad, arranques de furia y autoritarismo militaroide y policiaco, ha ingresado a la basura y es blanco de los “moneros” del diario La Jornada, al que quisiera cerrar, como hizo Luis Echeverría con Excélsior (¿cuándo, por fin, se muere ese expresidente, enfermo, no físicamente, sino por su mal gobierno, abusos, corrupción e impunidad que lo hizo intocable?).
Calderón le echó la culpa a “las siete pestes de Israel (y sobre la marcha corrigió su equivocación)… de Egipto”. Pero son sus estupideces las que tienen a la nación sumida en desgracias. No halla a quién culpar de sus tonterías que arrastraron a más de 100 millones de mexicanos al empobrecimiento, el desempleo masivo y el miedo colectivo porque sus soldados y marinos, igual que los delincuentes, lo mismo matan a inocentes (¡más de 1 mil 800 niños!), que violan sexualmente a las mujeres que encuentran a su paso. Y la población atemorizada anuncia un levantamiento civil, semejante no a los Indignados (que aquí sería los encabronados), sino el estilo de la Primavera Árabe para dar una respuesta de revolución civil a la dupla militares-delincuentes.
 
Y todavía le queda un año más como inquilino de Los Pinos, aunque quisiéramos que ya dimitiera y tener un presidente sustituto; transición ahora más fácil con las nuevas reformas a los artículos 84, 85 y 86 de la Constitución. Calderón le ha echado la culpa a los narcos, a la venta de armas estadunidenses, a la delincuencia organizada… y por último a la sequía; pero es incapaz de invertir en desaladoras con los casi 200 mil millones de dólares en la reserva… ¿pensarán los calderonistas llevárselos, al igual que los fondos de los fideicomisos? También culpó al Partido Revolucionario Institucional, a Andrés Manuel López Obrador, etcétera.
 
Grecia que ahora económica y políticamente está atrapada en las revueltas democráticas contra los embates de la crisis capitalista, desde la antigüedad ha sido escenario donde sus pueblos, elites y hasta sus pensadores (Platón, alias de Aristocles) han invocado a sus dioses y diosas (el machismo de las religiones actuales ha marginado lo femenino de sus altares) para supuestamente resolver sus problemas o para culparlos de ellos: el rey persa Jerges I mandó que le dieran de latigazos al mar que hundió sus naves; el filósofo griego Sócrates consultaba el Oráculo… Televisa ofrece los servicios de sus magas y a los mexicanos sólo nos queda la Virgen de Guadalupe, pues Calderón ya se apropió de Dios. Así que nada nuevo hubo bajo el sol, cuando en Ocampo, Durango, al entregar cobijas a los pobres… muertos de frío, de hambre, desempleo y con el azote de cientos de homicidios por el narcotráfico, le salió el animal religioso que lleva dentro y le echó la culpa de todos sus fracasos.
 
Agradeció a Dios el “permitirme servirle al país” (¿entonces los mexicanos debemos reclamarle a Dios por el desastre que deja?). “Dios sabe por qué nos llama a cada uno a enfrentar determinadas circunstancias, a exigirnos a cada uno que pongamos nuestros talentos”, consignó el reportero Alonso Urrutia (La Jornada,2 de diciembre de 2011). Lo que sabemos los mexicanos −víctimas de sus abusos, corrupción, torpezas e incapacidad−, es que en la civitas diaboli no se puede ni se debe tratar de gobernar con padrenuestros y que no hay más responsable en política que, quien ambicionando el poder del Estado, lo conduce a la crisis general.
 
En nuestro caso, el Partido Acción Nacional y Fox-Calderón no se dieron cuenta de que tuvieron la oportunidad histórica de la alternancia, pero la echaron a perder, y más Calderón que Fox (cortados con la misma tijera religiosa) y dejaron a la nación al borde de una posible insurrección civil porque “los Estados no pueden ser gobernados por padrenuestros y que los fines políticos nada tienen que ver con los fines de redención” (John Greville Agard Pocock, El momento maquiavélico, Tecnos). Y echarle la culpa a Dios por el mal gobierno, la corrupción, la impunidad y la incapacidad para gobernar, como hace Calderón, es confundir los pecados con la política.
 
*Periodista

 

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