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Bombas de racimo para Ucrania, derechos humanos y Humanidad

Bombas de racimo para Ucrania, derechos humanos y Humanidad

Durante décadas, Estados Unidos ha producido y almacenado todo tipo de armamento. Ahora la administración de Joe Biden autorizó enviar bombas de racimo a Ucrania, pese a estar prohibidas internacionalmente por el peligro que representan para la población civil

Connecticut, Estados Unidos. Los derechos humanos –entre ellos el fundamentalísimo derecho a la vida– en “defensa” de los cuales Estados Unidos habla y sanciona a diestra y siniestra son para los demás, nunca para este país o sus aliados.

Es notable que los principales acuerdos internacionales por la paz y el desarme –por ejemplo, los Acuerdos de Ginebra sobre Vietnam de 1954, los Acuerdos de Minsk sobre Ucrania y muchos otros de gran importancia– no fueron firmados por Estados Unidos.

En otra escalada de la guerra en Ucrania instigada por Washington, la decisión de la administración de Joe Biden de enviar bombas de racimo a Ucrania nos recuerda que el imperialismo estadunidense acepta cero límites en sus políticas atroces y genocidas. Las bombas de racimo pueden lanzarse desde tierra, mar o aire, asimismo contienen dispositivos que liberan un gran número de pequeñas bombas al abrirse.

Estas submuniciones pueden causar diferentes daños. Tales como perforar vehículos blindados con su carga explosiva, matar o herir a muchas personas de manera indiscriminada con sus fragmentos de metralla o producir incendios. En mayo de 2008, fueron prohibidas por la Convención sobre Municiones en Racimo, adoptada en Dublín, Irlanda. El 1 de agosto de 2010, entró en vigor y se convirtió en un derecho internacional vinculante. Al 10 de febrero de 2022, un total de 123 estados se han adherido.

Ucrania se está quedando sin municiones de artillería en el frente, a pesar del hecho de que Washington ha enviado 2 millones de proyectiles de artillería. Aún así no han logrado ningún avance significativo en la ofensiva de “verano” –en un inicio llamada de “primavera” que pronto será de “otoño”–.

FOTO: 123RF

Joe Biden proyecta que las bombas de racimo cambiarán el rumbo de la guerra

El régimen respaldado por Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte del presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, ha exigido estas armas durante meses. Hoy, presiona por misiles de largo alcance que lleguen a lugares sensibles de Rusia, ya que la guerra se ha estancado.

El secretario de Estado, Antony Blinken, declaró sin rodeos que “el objetivo de Estados Unidos en la Guerra de Ucrania es debilitar a Rusia” hasta el punto de que ya no sea una potencia en el mundo. Con ese fin, desde que estalló el conflicto –comenzando con el golpe de estado respaldado y orquestado por el gobierno estadunidense en febrero de 2014 que derrocó al gobierno electo de Viktor Yanukovich–, Estados Unidos ha aumentado su papel de financiamiento, entrenamiento, armamento y dirección de tropas yihadistas de derecha de unos 28 países. Ésto con el objetivo de transferir los vastos combustibles fósiles y recursos agrícolas de Ucrania a los intereses corporativos asociados con Washington.

Una reciente publicación del New York Times cuestiona el envío de bombas de racimo, así como la disposición del gobierno estadunidense de continuar financiando la guerra: “Línea tras línea ha cruzado Washington con sus aliados acordando proporcionar armas sofisticadas como el sistema de defensa aérea Patriot, el lanzacohetes de largo alcance HIMARS, el tanque Abrams y el caza F-16”.

La posición moral de Washington sobre gran parte del mundo –especialmente, el Sur Global– ya está hecha jirones debido a la muerte y mutilación de millones de civiles en sus más de 50 conflagraciones desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Vietnam, Iraq y Afganistán. Contra estos países, se utilizaron municiones de racimo y misiles de uranio empobrecido que presidieron la matanza de unas 8 millones 500 millones personas, quienes, en su mayoría, eran civiles.

Recordamos que la guerra de Iraq de 2003 fue perseguida por el presidente George W. Bush. Justificó la invasión con el pretexto de que era necesario eliminar las “armas de destrucción masiva” de ese país, las cuales eran inexistentes. Los medios corporativos informaron –tan obediente como falsamente– sobre los “descubrimientos” de mortíferos contenedores de gas sarín y mostaza. De hecho, el propio presidente Biden declaró más tarde que esta guerra fue un grave “error”… ¡Ese “error” costó la vida de 1 millón 500 iraquíes!

Estados Unidos no es ningún recién llegado en la producción de armas de destrucción masiva prohibidas. El 7 de julio de 2023, un artículo del New York Times –titulado “El arsenal tóxico se acerca a su fin décadas después”– proporciona más que una visión de los crímenes de guerra del gobierno estadounidense. E incluye el compromiso sistemático y el despliegue de todo tipo de armas de destrucción masiva por parte de Washington.

Aquí citamos sólo algunas secciones: Con décadas de retraso en su calendario inicial, la peligrosa tarea de eliminar el único arsenal declarado de municiones químicas letales –el de Estados Unidos– que queda en el mundo se completará tan pronto como el viernes (¿?).

En una habitación sellada detrás de un grupo de guardias armados y tres filas de alambre de púas en el Depósito Químico “Pueblo” del Ejército en Colorado, un equipo robótico estaba desmontando algunas de las últimas armas químicas estadunidenses en existencia.

Llegaron proyectiles de artillería llenos de un mortal agente mostaza que el ejército había estado almacenando durante más de 70 años. Los robots amarillos brillantes perforaron, drenaron y lavaron cada contenedor. Luego, los hornearon a 1.500 grados Fahrenheit. Tras este proceso, salió una chatarra inerte –“inofensiva” en teoria– que cayó de una cinta transportadora a un contenedor de basura común y corriente.

El arsenal estadunidense –acumulado durante generaciones– fue impactante en su escala. Consistía de bombas de racimo y minas terrestres llenas de agentes nerviosos; proyectiles de artillería que podrían cubrir bosques enteros con una niebla mostaza calcinadora y tanques llenos de veneno que podrían cargarse en aviones y rociarse sobre objetivos en territorio “enemigo”.

Éstas son armas consideradas tan inhumanas que su uso fue condenado después de la Primera Guerra Mundial. Aun así, Estados Unidos continuó desarrollándolas y acumulándolas. Además, eran versiones mucho más mortíferas que los agentes de cloro y mostaza clasificados de “infames” en las trincheras del Frente Occidental. Algunas contenían agentes nerviosos desarrollados más tarde, como VX y Sarín, los cuales son letales incluso en pequeñas cantidades.

¡Estados Unidos trata de publicitar la destrucción de armas prohibidas, mientras envía a Ucrania versiones de tales criminales dispositivos!

FOTO: 123RF

EU se opone a la prohibición de las bombas de racimo en 2008

Algunas de estas bombetas no explotan de manera inmediata. Por lo tanto, representan un peligro continuo para los civiles durante años, o incluso décadas, después de que se desplieguen. En particular, para los niños, quienes se encuentren con ellas y las manipulen, haciéndolas estallar.

Hasta la fecha, 123 países han firmado el tratado de la Convención sobre Municiones en Racimo de 2008, incluidos Alemania, Francia, Gran Bretaña y otros 15 miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Estados Unidos, Rusia y Ucrania no han firmado. El primero es el desplegador central de bombas de racimo durante sus guerras contra Iraq y Afganistán y se opuso al tratado.

Canadá, Gran Bretaña, Alemania y Austria han dicho que cumplirán con la prohibición. El representante de España dijo que estas municiones no deberían ser utilizadas por Ucrania bajo ninguna circunstancia.

La Convención no sólo prohíbe el uso, la producción, el almacenamiento y la transferencia de municiones, sino también, contiene una disposición fundamental que proscribe la asistencia a terceros en esas actividades ilícitas.

FOTO: 123RF

Vietnam, Cambodia y Laos, todavía repletas de bombas de racimo sin explotar

Durante la guerra de Vietnam, Estados Unidos lanzó un inmenso tonelaje de bombas de racimo no sólo sobre la tierra de los Anamitas, sino también, sobre sus vecinos Laos y Camboya. Más de 4 millones de personas –en su mayoría civiles– fueron asesinadas durante este acto genocida. “Como una mayor víctima mundial de municiones en racimo”, declaró Laos al remarcar su oposición a que Biden proporcionará este tipo de municiones a Ucrania.

Del mismo modo, el primer ministro camboyano, Hun Sen, expresó: “Sería el mayor peligro para los ucranianos durante muchos años o hasta 100 años si se utilizan bombas de racimo en las zonas ocupadas por Rusia en el territorio de Ucrania”. Debemos notar que dejó fuera a los civiles rusos en pueblos y ciudades que se entremezclan con las tropas en el Donbass o las regiones del sur, quienes también pueden ser asesinados o mutilados por tales monstruosas armas…

Biden ha tratado de embellecer la decisión con la fantástica afirmación de que sólo el 3 por ciento de las bombas permanecerán sin explotar cuando golpeen el suelo. Muchas autoridades –incluido el Pentágono en informes publicados con aterioridad– sitúan la cifra en un 14 por ciento.

El New York Times condena la decisión de Biden

Al revisar las razones declaradas por la administración para tomar estas acciones, el artículo del New York Times señaló:

“Esta es una lógica defectuosa y preocupante. Ante la condena mundial generalizada de las municiones en racimo y el peligro que representan para los civiles mucho después de que terminen los combates, ésta no es un arma que una nación con el poder y la influencia de Estados Unidos debería enviar. […] Este peligro provocó la adopción de una Convención sobre Municiones en Racimo en 2008. El secretario general de las Naciones Unidas en ese momento, Ban Ki-Moon, habló de ‘no sólo la repulsión colectiva del mundo ante estas armas abominables, sino también el poder de la colaboración entre los gobiernos, la sociedad civil y las Naciones Unidas para cambiar las actitudes y políticas sobre una amenaza que enfrenta toda la humanidad’”.

De igual manera, el Departamento de Energía fabricó cuatro armas nucleares diarias durante 40 años. De acuerdo con el artículo publicado el 1 de junio de 2023 –titulado “Un remanente deletéreo de la Guerra Fría que escapa a cualquier solución”–, de 1950 a 1990 se produjo “un promedio de cuatro bombas nucleares todos los días” en fábricas construidas con pocas salvaguardas ambientales que dejaron muchos desechos radiactivos tóxicos.

En ninguna parte los problemas fueron mayores que en Hanford. Después de la Guerra Fría, varios ingenieros fueron enviados a limpiar el sitio, donde descubrieron 54 millones de galones de lodo radiactivo con residuos de la producción de plutonio para las bombas atómicas como la usada en Nagasaki en 1945.

Cifras oficiales de Estados Unidos indican que 58 mil 400 armas nucleares –suficientes para destruir la vida en la tierra miles de veces– fueron producidas hasta 1990 por el complejo militar-industrial. Ello, con el único fin de llenar los bolsillos de los ricos.

Bombas de racimo a Ucrania y la farsa electoral periódica de EU

Contrariamente a los medios de comunicación controlados y monopolizados del capitalismo, las decisiones para desatar la furia de la máquina de guerra estadunidense residen en la verdadera clase dominante: los grandes monopolios corporativos que presiden las decisiones clave en Estados Unidos.

La farsa electoral periódica que orquestan –en la cual los candidatos financiados por multimillonarios, demócratas y republicanos por igual, parecen competir por el “control” de la Casa Blanca y del Congreso– tiene como objetivo enmascarar el hecho de que las reglas son establecidas y aplicadas por la super élite, quienes representan menos de una décima parte del 1 por ciento –que son el liderazgo aceptado y efectivo del sistema capitalista depredador del país–.

Esta élite multimillonaria y sus representantes escriben y aprueban los códigos fiscales y los presupuestos multimillonarios que promueven sus intereses. Al mismo tiempo, violan sin contemplaciones los derechos humanos y ahora entregan bombas de racimo a Ucrania para matar más y mejor.

José R Oro/Prensa Latina*

*Ingeniero cubano residente en Estados Unidos

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