Tras el fraude electoral de julio de 2006, Felipe Calderón ideó un plan transexenal al que llamó “México 2030. Proyecto de Gran Visión”, en el que delineó la ruta para la entrega total del país a los intereses estadunidenses. En el capítulo 5 se plantea que nuestra nación sería gobernada por “mexicoamericanos” y se habrá “integrado” a América del Norte. Los objetivos: políticas públicas dictadas directamente desde Estados Unidos, creación “instituciones compartidas”, subordinación de las Fuerzas Armadas mexicanas para que intervinieran en conflictos internacionales por la “seguridad hemisférica”, abandonando con ello el principio de la no intervención. Además, establecía una ruta para abandonar el concepto de “soberanía”. Según ese plan calderonista, el desarrollo del país no debería ser del tipo BRIC (Brasil, Rusia, India, China). Ahora, la presidenta Sheinbaum promueve una iniciativa para impedir que a la Presidencia de la República accedan personas con doble nacionalidad, misma que hoy fue aprobada en lo general por la mayoría en la Cámara de Diputados
Tres meses después del fraude electoral de 2006 y cuando ya había recibido la constancia que lo acreditaba como presidente electo, el panista Felipe de Jesús Calderón Hinojosa junto a políticos del PRIAN, intelectuales y comunicadores de derecha, así como supuestos miembros de la “sociedad civil organizada” delinearon un documento llamado México 2030, Proyecto de Gran Visión. Ese plan establecía una ruta para la entrega total del país a los intereses trasnacionales, en particular a los estadunidenses.
En su último capítulo “Eje 5. Democracia efectiva y política exterior responsable”, el documento en poder de Contralínea destaca que entre los objetivos para la política exterior mexicana se anhelaba que en 2030 “algunos mexicoamericanos” ocuparán “cargos públicos de relevancia en ciertas áreas”, como parte del “proceso de integración con América del Norte”.

La ruta para que personas nacidas en Estados Unidos empezaran a gobernar México era empezar por cargos relacionados con las “áreas financiera, comercial y de políticas públicas”. Con ello, supuestamente, se lograría que el país tenga un “liderazgo consolidado”.
El plan es especialmente relevante ahora que el Congreso de la Unión discute la iniciativa de reforma que envió la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo para que personas que aspiren a gobernar México o sus entidades federativas no tengan doble nacionalidad, y que la tarde de este 22 de septiembre fue aprobada en lo general en la Cámara de Diputados.

Consultada esta mañana por Contralínea acerca del entreguismo del PAN a los intereses extranjeros, y en particular sobre este plan de Felipe Calderón, la presidenta Sheinbaum comentó que en los próximos días revisará esa información e incluso la dará a conocer en la conferencia mañanera. Además, cuestionó a la oposición que se reúsa a legislar para que no haya personas con dos nacionalidades en la Presidencia de la República y en los gobiernos de los estados.
“En la Constitución se establecía que para ser presidente […] tus padres tenían que ser –los dos– mexicanos: madre y padre. Después, se cambió la Constitución para que uno de los dos pudiera ser nacido en otro país. Pero más allá de quiénes son tus padres –que finalmente eso no lo decides–, tú, como mexicano, ya para postularte, el asunto es: ¿a quién te debes?, ¿tienes dos banderas?, ¿tienes dos patrias? No, sólo tienes una, porque eres la representación máxima de México. Entonces, es inentendible [por qué no quieren votarlo]. Porque no es quitarle ningún derecho a nadie, es solo si te vas a postular para presidente o para gobernador, solo puedes tener un amo, y es el pueblo de México.”
El plan de Calderón
La resistencia de los opositores, en especial del PRIAN, se explica por su propia historia de entreguismo ante intereses extranjeros, y en especial por lo políticos neoliberales que sistemáticamente han favorecido los intereses de Estados Unidos. Ejemplo de ello es precisamente el denominado “Proyecto de Gran Visión” de Felipe Calderón, que también establecía que el país será “parte fundamental de una comunidad de América del Norte, que abarca a México, Estados Unidos y Canadá”.
El documento –hecho en el contexto de los talleres temáticos a los que convocó el panista Calderón Hinojosa, en octubre de 2006, en pleno descontento social por la imposición de su futuro gobierno– agregaba que esa “comunidad norteamericana” estará “integrada con políticas e instituciones compartidas, incluyendo un espacio de seguridad común y una relación profunda en materia de migración, comercio e inversión”.
El documento –que originalmente se catalogó como confidencial y luego fue desclasificado por el gobierno calderonista– planteaba abandonar la concepción de la soberanía: “Se deben reconsiderar conceptos considerados como ‘sacrosantos’, como el de la soberanía, ya que detonan debates que puedan llegar a contaminar la agenda internacional del país”.

Anexión militar
El expediente México 2030, Proyecto de Gran Visión, consta de 14 documentos que suman 831 páginas. Originalmente clasificados como confidenciales, éstos contienen los resultados de los talleres temáticos convocados por el panista Felipe de Jesús Calderón en octubre de 2006, tras ser declarado presidente electo de México por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y en plena crisis poselectoral.
Dichos talleres fueron auspiciados por el Fideicomiso para Apoyar el Cambio de Administración del Ejecutivo Federal y se dividieron en cinco ejes: 1) estado de derecho y seguridad pública; 2) economía competitiva y generadora de empleos; 3) igualdad de oportunidades; 4) desarrollo sustentable; 5) democracia efectiva y política exterior responsable.
En su nota “xvi”, correspondiente al capítulo “Eje 5. Democracia efectiva y política exterior responsable”, el documento revela que el plan calderonista –acompañado por quienes respaldaron también el fraude electoral– buscaba que el Ejército y la Marina participarán en invasiones y conflictos internacionales. Ello, al consensuar en los talleres la “visión” de que México será “un país con fuerzas armadas puntero que contribuyen a consolidar el liderazgo hemisférico”, los autores del plan acordaron que “el papel del Ejército no se circunscribiría a su intervención en situaciones de conflicto, pues su colaboración también era muy valiosa en otras situaciones de no beligerancia, como los desastres naturales”.
Otro punto de interés que revela el Proyecto de Gran Visión de Calderón es que, para 2030, México sería “un país muy activo en el sistema militar internacional de seguridad, para ser escuchado por otros actores internacionales de gran peso”; compartirá “zonas y perímetros de seguridad en el hemisferio”, y será una “potencia media” con capacidad militar para “defender al mundo y sus intereses”.
En el ámbito militar, también se perseguía el objetivo de que nuestro país fuera “un actor muy influyente en la definición de la agenda hemisférica”, y que fuera “promotor de solución de conflictos e impulsor de temas prioritarios, en especial en el de seguridad”.
Plan 2030 rechazaba al entonces BRIC
Al definir el tipo de relaciones que México debería establecer con el mundo en esa visión calderonista, el documento dedicado a la política exterior no sólo priorizaba el vínculo con América del Norte, sino que rechazaba el desarrollo tipo BRIC (Brasil, Rusia, India y China). Además, marginaba la relación con América Latina, al limitarla a cinco países. Al tiempo, enfatizaba su “interés” en Cuba.
En 2030, éste será “un país desarrollado no BRIC, con flujos migratorios hacia México que ha dejado de ser país expulsor de mano de obra” (sic), indica el documento.

Y añade que, para 2030, México sería “un país con relación estratégica con cuatro o cinco países de América del Sur”. Además, entre los factores inhibidores al plan, identificaba que en América Latina hay liderazgos personalizados y populistas del pasado, en referencia a los entonces presidentes Raúl Castro, de Cuba; Hugo Chávez, de Venezuela; y Evo Morales, de Bolivia. Las referencias a Cuba van más allá: “Formar parte y ser un líder de la comunidad económica de América del Norte y Central, en especial Cuba”.
Otro punto que sobresale es que decía adiós a la tradición no intervencionista de México. Ello, porque uno de los objetivos del plan México 2030, Proyecto de Gran Visión es que los mexicanos olvidaran su pasado no intervencionista, para transitar hacia “un país con proyección positiva hacia América del Norte, con una política exterior del siglo XXI capaz de enfrentar la globalización, que haya superado la política exterior del siglo XX que en su momento fue eficaz para enfrentar la Guerra Fría”.




















