El legado tóxico y ambiental del genocidio en Gaza

El legado tóxico y ambiental del genocidio en Gaza

Israel rompió el cese al fuego, y desde entonces y hasta el 24 de marzo de 2025 había asesinado a 600 personas, sumando en total a 50 mil 82 personas asesinadas y a 113 mil 408 heridas
FOTO: VICTORIA VALTIERRA/CUARTOSCURO.COM

El martes 18 de marzo de 2025 en la madrugada, Israel rompió el cese al fuego, y desde entonces y hasta el 24 de marzo de 2025 había asesinado a 600 personas, sumando en total a 50 mil 82 personas asesinadas y a 113 mil 408 heridas. Este crimen de lesa humanidad, también ha generado una catástrofe medioambiental.

En los primeros 60 días del brutal genocidio, las emisiones superaron la contaminación anual de 20 países. En noviembre de 2023, Israel había lanzado más de 25 mil toneladas de explosivos sobre Gaza, el equivalente a dos bombas atómicas. Hasta noviembre de 2024, esa cifra había aumentado a más de 85 mil toneladas de bombas sobre (noviembre 2024), esa región que es del tamaño de una cuarta parte de Londres. Algunas de esas bombas no detonaron, lo que significa que entre los 40-50 millones de toneladas de escombros en Gaza (febrero 2025), quedan bombas por detonar, junto con los miles de cuerpos en descomposición. La ONU calcula que 100 camiones trabajando a tiempo completo tardarían más de 15 años en retirar los escombros de Gaza, y costaría 500 millones de dólares (julio 2024). Al menos el 70 por ciento de los edificios están destruidos (enero 2025), incluidas más de 245 mil viviendas. Tan sólo reconstruir 100 mil edificios con técnicas convencionales contaminaría más que 135 países en un año, o tanto como Nueva Zelanda en un año. 

Además de las emisiones directas producidas por la maquinaria de guerra, las cuales nos amenazan a todos los seres humanos vivos, en pañales y futuros, el genocidio en Gaza dejará un legado tóxico por décadas.

Los olivares y las granjas han quedado reducidos a tierra compactada. Sólo cuatro de las 37 prensas de aceitunas siguen funcionando en toda la Franja y más de 1 millón de olivos han sido arrancados desde octubre de 2023 (septiembre 2024); el suelo y las aguas subterráneas han sido contaminados por municiones, toxinas, metales pesados; el aire está contaminado por el humo, por partículas suspendidas, y por asbesto (amianto), el cual también entra al suelo y al agua. Se calcula que hay 800 mil toneladas métricas de residuos con asbesto en Gaza. El asbesto es un carcinógeno que produce mesotelioma, un cáncer que se forma en el tejido que recubre los pulmones, el abdomen, el corazón, los testículos. Sólo el 8 por ciento de las personas diagnosticadas sobreviven 5 años, y sin tratamiento solo unos meses.

Con cada edificio destruido se liberó asbesto. El equipo de intervención inmediata que apoyó en el ataque de las torres gemelas, desarrolló mesotelioma y murieron más personas por la exposición al asbesto al reaccionar al ataque, que los muertos en las torres. Eso significa que una sola exposición aguda al asbesto es potencialmente mortal, y que cada niño, periodista, personal médico, cubierto en polvo blanco por cada edificio bombardeado por Israel, probablemente desarrolle cáncer en un futuro.

Por si eso fuera poco, la lista de toxinas y metales en el suelo, aire, y agua es enorme. La Franja de Gaza tenía una de las mayores densidades de paneles solares en tejados del mundo, e Israel destruyó gran parte de esa infraestructura. Los paneles rotos liberan plomo y metales pesados, contaminando el suelo y el agua. Los metales y el cemento pulverizado, liberados con cada bomba y edificio destruido, dejan mercurio, titanio, plomo, hierro pulverizado, los cuales causan leucemia, cáncer de seno, de pulmón, de cerebro, renal, entre otros, así como fibrosis pulmonar (cicatrización en los pulmones que impide la respiración, hasta que muere la persona).

Todas estas sustancias entran en los cuerpos de los niños, mujeres, y hombres que habitan y habitaron Gaza. El titanio, plomo y magnesio, generan trastornos del neurodesarrollo, como se ha comprobado en la niñez iraquí, después de la invasión a su país, liderada por los Estados Unidos. Las mujeres embarazadas que fueron expuestas a estas sustancias las transmiten  a los fetos, causando defectos de nacimiento y malformaciones, ahora, y por décadas. Según la toxicóloga ambiental Mozhgan Savabieasfahani, Gaza ya no es un lugar seguro para la reproducción. Contaminar tanto un ambiente donde ya no es posible dar a luz a bebés saludables es un crimen de lesa humanidad. Y es otro mecanismo siniestro que implementa el Estado genocida de Israel para desarrollar limpieza étnica.

El genocidio en Gaza es un flagrante ejemplo de por qué no hemos frenado la crisis climática. Tanto la crisis ambiental como el genocidio son producto de las políticas capitalistas e imperialistas avanzadas por personas, corporaciones, instituciones y naciones como Estados Unidos. El complejo industrial militar genera cerca del 6 por ciento de las emisiones anuales. La maquinaria militar estadounidense es el mayor consumidor institucional de hidrocarburos del mundo y contamina más que 140 países, incluidos Portugal y Dinamarca. Hay quienes lucran con el genocidio: empresas como Shell, BP, Exxon, que venden los hidrocarburos para los aviones y tanques de guerra, las empresas armamentistas como Elbit (cuyo director, Michael Federmann, integra el consejo administrativo de la Universidad Hebrea de Jerusalén), Lockheed Martin, y Boeing, la empresa que hace también hace aviones comerciales, los bancos corporativos como Banamex, BBVA, y Santander, son todas empresas que financian o lucran con el genocidio y que producen la crisis climática.

Ornela De Gasperin Quintero*

* Investigadora Titular A, red de Eco-etología, INECOL, AC; miembro de Rebelión Científica, capítulo México; integrante de Académicxs con Palestina, contra el genocidio; miembro del Laboratorio Nacional Conahcyt de la Biología del Cambio Climático.

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