El intervencionismo estadunidense en la región de Asia occidental, conocida como Medio Oriente, no es algo nuevo. Desde que comenzó el siglo XXI, ha atacado Iraq, Afganistán, Siria y Yemen (también Libia, al norte de África), con el argumento de combatir el autoritarismo de los gobiernos en turno; pero en todos los casos provocó solamente desestabilidad, guerras internas, incertidumbre, malas condiciones de vida y muerte para la población, por la que supuestamente peleaba.
Al mismo tiempo que ocurrían estas agresiones, dirigidas contra los liderazgos de cada país (Saddam Hussein, los talibanes, Muamar Gadafi, Bashar al Asad o los hutíes), Irán miraba cómo ocurrían los hechos, alertado por la incertidumbre de ser o no el siguiente en la lista.
Fue entonces que el Estado, principalmente los sectores revolucionarios, “elaboró un plan que, básicamente, protegía a Irán contra todo tipo de ataque militar, porque sabían que se enfrentaban a la tecnología bélica superior de Estados Unidos e Israel”, subraya Peyman Vahabzadeh, doctor en sociología por la universidad Simon Fraser, en Burnaby, Canadá.
Este consiste en evitar una figura de liderazgo que, de ser asesinada o capturada, condujera al derrumbe total del Estado. En este sentido, crearon un gobierno descentralizado; es decir, “que todos los que están a cargo de cada ámbito son independientes en su propia toma de decisiones; seguirán la política del Estado, la política general, pero son libres de actuar”, agrega a este semanario.
Es decir, si bien existe un líder supremo en la República Islámica, en realidad no importa quién ostente el título. Tras la muerte de Alí Jamenei, su hijo, Mojtabá, ascendió al cargo; pero también toman decisiones el presidente, Masoud Pezeshkian; el líder del Parlamento, Mohammad Bagher Qalibaf; los integrantes de la Guardia Revolucionaria; el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi; entre otros. Desde luego, esta es una situación que confunde a Estados Unidos, afirma el académico nacido en Teherán, capital iraní.
Las declaraciones de Donald Trump en los días posteriores al 28 de febrero –luego del asesinato del líder supremo iraní– sobre supuestamente haber “decapitado” al gobierno de Irán demuestran su poco entendimiento de la forma de organización del poder en aquel país. “Si una persona muere, la siguiente seguirá con la política general y, si también muere, lo hará otra. Así es como Irán ha sostenido esta guerra”.
El doctor narra una conversación que tuvo con un diplomático iraní hace 30 años. Éste le habló acerca de la importancia de mantener intacto a Irán. “A todo el mundo le gustan los países pequeños porque son débiles y se pueden controlar”. Entonces, “un Irán fuerte puede resistir tantos ataques, agresiones y todo tipo de presiones; pero un Irán dividido simplemente será vendido”; el resultado “sería la colonización mundial de Irán, la pérdida del país, probablemente una guerra civil”.

Imposible alcanzar sus objetivos
El gobierno israelí ha dejado claro su única meta en este conflicto: destruir por completo a Irán, lo cual forma parte de su proyecto del ‘Gran Israel’ o ‘proyecto del Nuevo Oriente’ –que pretende expandir sus fronteras en la región–, buscado los últimos 30 años y puesto en acción hace unos 20, acelerado aún más tras el ataque a las Torres Gemelas en 2001, detalla el doctor Peyman.
Y agrega: “Israel no está a favor de Estados fuertes que pueden proteger su territorio en el Medio Oriente”; por tanto, su objetivo no es realmente cambiar el régimen iraní, sino “balcanizar” al país: “quiere que Irán se divida”, como ocurrió con la Unión Soviética. De modo que ha presionado las últimas dos décadas a Estados Unidos para atacar Irán.
No obstante, ello “va a ser muy difícil de lograr porque los ayatolas y el régimen islámico tienen una capacidad de reproducción de pulpo”; de hecho, Estados Unidos ya se ha dado cuenta de que será imposible la erradicación del gobierno actual, explica José Luis Valdés-Ugalde, doctor en relaciones internacionales por la Escuela de Ciencias Políticas y Económicas de Londres.
Desde las manifestaciones de la sociedad iraní a finales de 2025 y principios de 2026, Donald Trump había hecho tangible su deseo de cambiar al régimen; así lo manifestó también Netanyahu tras los bombardeos del 28 de febrero. Sin embargo, un mes después, ya es una “propuesta caduca”, recalca el también integrante del Centro de Investigaciones sobre América del Norte (Cisan).
Otros de los objetivos de Estados Unidos en la guerra, enumerados por su presidente, son: desmantelar la capacidad misilística de Irán, destruir su industria de defensa, eliminar su fuerza naval y aérea, no permitir acercarse siquiera a la capacidad nuclear, defender a sus aliados en Medio Oriente y vigilar el Estrecho de Ormuz.
Las últimas declaraciones del gobierno estadunidense cifran en 10 mil los “objetivos militares” atacados por sus fuerzas armadas y las de Israel. Con base solo en sus datos, que han sido desmentidos reiteradas veces por Irán, los logros de Occidente se centrarían únicamente en la capacidad defensiva iraní.
No obstante, la situación es diferente respecto a la capacidad nuclear del país asiático. Este tema incluso fue abordado entre ambas partes en mesas de negociación días antes del lanzamiento de los primeros misiles, en Ginebra, con la mediación del sultanato de Omán.
Según Estados Unidos, Irán ha enriquecido uranio durante años con el fin de desarrollar un arma nuclear. Con este pretexto, bombardeó tres instalaciones nucleares iraníes –en Natanz, Fordo e Isfahán– a mediados de junio de 2025; y bajo el mismo argumento atacó la cúpula gubernamental iraní el 28 de febrero de 2026, incluso cuando habían acordado una nueva ronda de negociaciones.
Ese es el objetivo principal estadunidense: terminar para siempre con el desarrollo de un arma nuclear en Irán, un argumento infundado, pues “no hay pruebas de que Irán esté fabricando una bomba nuclear”, afirmó Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), el pasado 3 de marzo; aunque señaló que el enriquecimiento de uranio continuaba “hasta niveles cercanos” a lo bélico, y era “preocupante” la negativa iraní sobre la inspección de su programa.
Según el doctor Peyman, ello ocurrió debido a las sanciones impuestas por la administración Trump en su primer mandato contra Irán, aun cuando habían formado un pacto respaldado por Naciones Unidas –la Resolución 2231– en el que se limitaba su programa nuclear únicamente a fines pacíficos.
La evidencia no se centra solo en lo dicho por organismos internacionales; antes, Alí Jamenei emitió un edicto religioso en el que prohibía el desarrollo de un arma nuclear en Irán. Por tanto, este no tenía intención armamentista. Eso lo sabían las potencias occidentales, pero usan el discurso para imponer sanciones y atacar al país, advierte el académico iraní.
Guerra económica: estrategia de Irán
“Estados Unidos subestimó la respuesta de Irán. No se imaginaban que Irán tuviera una capacidad balística como la que está demostrando tener, al reaccionar como ha reaccionado, sobre todo en el ámbito de los aliados en el Golfo Pérsico”, menciona Valdés-Ugalde en entrevista para Contralínea.
Las estrategias iraníes en la guerra contra Estados Unidos e Israel fueron desarrolladas con base en su situación. Las sanciones económicas de las que ha sido objeto llevaron a Irán a crear un programa de misiles y drones de última generación, capaces de ser lanzados desde cualquier lugar de su territorio.
Asimismo, su posición geográfica ha definido gran parte de su plan bélico. Sus vecinos en la región, alrededor del Golfo Pérsico, tienen estrechas relaciones, hasta bases militares, con Estados Unidos. “Irán fue consciente de que perdería la guerra si quedaba aislado, así que la extendió a toda la región, la impuso en Catar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Kuwait, Omán y otros países”, detalla Peyman Vahabzadeh.
Irán los ataca directamente para afectar al propio Estados Unidos, “porque afecta no solamente las bases [en sus territorios], sino también la alianza política que existe con los aliados”, con quienes tiene un trato diferente a su relación con Israel, complementa el investigador del Cisan.
Pero el territorio esencial en este conflicto es el Estrecho de Ormuz, una ruta marítima por donde transita el 20 por ciento del petróleo mundial, y que se encuentra ubicado, al norte, en aguas iraníes (la zona sur en las de Omán). Luego de las agresiones, Irán tomó la decisión de controlar qué buques podían pasar y cuáles no.
En palabras del doctor Peyman, “es un pensamiento estratégico brillante”. Solo afectar ese porcentaje de combustibles ocasiona un impacto profundo en el precio mundial del petróleo. El precio del barril ha incrementado alrededor del 50 por ciento desde el 27 de febrero, un día antes del ataque.
En un sistema capitalista, el gobierno iraní aprovecha para enviar un mensaje: “Si me enfrentas, esta será una guerra mundial; no tengo que pelear contigo con armas, sino con la economía”, que ejerce todavía más presión sobre Estados Unidos.

Israel no quiere salir de la guerra
La forma en que han transcurrido los hechos hasta ahora confirma que esta fue una guerra motivada por Israel. A Donald Trump lo llevó Benjamín Netanyahu de la mano al conflicto. “No hubo más que la presión israelí, lo que explica que Trump haya aceptado bombardear [Irán]”, asegura el doctor José Luis.
Si bien también hubo presiones por parte de la élite militar estadunidense, “la presión de Netanyahu fue suficientemente real como para pensar que en este momento los últimos que se quieren salir del conflicto son los israelíes”, agrega.
A los medios de comunicación, el presidente republicano ha señalado que Irán representaba una amenaza inminente para Estados Unidos. El investigador del Cisan concuerda con la carta de Joseph Kent, exdirector del Centro Antiterrorista estadunidense, quien renunció a su cargo y rechazó que el país asiático fuera un peligro para su nación.
“[Kent] dio al clavo: puso en cuestión la estrategia de Trump en contra de Irán y esto ha traído como consecuencia que la divergencia dentro del aparato de seguridad de Trump sea cada vez mayor con respecto a la necesidad de poder terminar con este conflicto de la manera más rápida posible”, a fin de acabar con la escalada en los precios del petróleo y el descontento de la población.
Por ello, el mandatario estadunidense ha buscado terminar ya con la guerra, a través de una propuesta de 15 puntos enviada a Irán, con la cual Israel no está de acuerdo. La divergencia de opiniones sobre el fin del conflicto puede conducir, desde ahora, a un distanciamiento entre Estados Unidos e Israel, advierte el doctor Valdés.
Netanyahu está desbocado, fuera de control, y el único que puede controlarlo en este momento es Donald Trump. Además, “Trump está cuestionando los ataques [israelíes] en el Líbano”, que han asesinado más de 1 mil 200 personas desde que el grupo armado Hezbolá, afín a Irán, bombardeó algunas zonas de Israel el pasado 3 de marzo. Incluso si se llegara a un acuerdo de paz, no es seguro que Israel cese sus ataques contra Irán.
EU: hegemón en declive
De acuerdo con el doctor en relaciones internacionales, alrededor del 65 por ciento de la población estadunidense se ha posicionado en contra de la guerra contra Irán. Por tanto, “votarían en contra del Partido Republicano en noviembre”, en las elecciones intermedias de Estados Unidos, “cosa que significaría una derrota política del presidente [Trump] de manera muy importante”.
No solo desaprueban la guerra, también la política exterior respecto a los aranceles y otros factores inflacionarios. Ello puede ocasionar “un divorcio importante” entre la sociedad, que le impediría a Trump continuar con esta guerra a largo plazo.
Esta manera de actuar corresponde a un “hegemón depredador que busca pleito en todos lados”, según define el académico; no obstante, está en declive, y busca disimular su estatus a través de la “agresión directa”: la apuesta al “juego suma cero, que significa ganar todo a costa del otro y no permitir que el otro gane absolutamente ningún tipo de terreno que le permita poder discutir en los mismos términos”.
En el aspecto geopolítico, esta guerra también significa una derrota por parte del trumpismo frente a otras potencias mundiales, como China y Rusia, “por la debilidad intrínseca que supone el desgaste estadunidense”.

Irán no aceptará cualquier cese al fuego
Lo anterior ejerce una presión muy fuerte sobre Estados Unidos y Donald Trump, no así sobre Israel. En su urgencia por terminar la guerra que ha subido los precios del petróleo y desestabilizado la región, el presidente estadunidense envió una propuesta de 15 puntos para frenar las hostilidades. Además, detuvo hasta el 6 de abril los bombardeos de su país contra la infraestructura petrolera iraní.
Entre las propuestas estadunidenses destacan un alto al fuego definitivo, negociaciones presenciales, desmantelamiento de las instalaciones nucleares iraníes, compromiso de Irán para no desarrollar armas nucleares, entregar su reserva de uranio enriquecido al OIEA, limitar sus misiles, restringir su armamento a grupos aliados (Hezbolá, Hutíes, entre otros), reabrir el tránsito por el Estrecho de Ormuz, levantar las sanciones, y apoyar en el programa nuclear pacífico.
El republicano también ha mencionado los acercamientos entre ambas naciones, pero ha sido negado por las autoridades iraníes. Por ello, el doctor Peyman analiza que, en la circunstancia actual de la economía, el alto al fuego llegará “cuando los iraníes sientan que Estados Unidos ha experimentado suficiente presión a nivel mundial como para aceptar las condiciones de Irán”.
Irán ha hecho público las exigencias que tiene para llegar a un acuerdo, entre ellas: el reconocimiento del derecho estratégico y de defensa de Irán, garantías para no volver a ser atacado por Estados Unidos e Israel, reparación de los daños causados por los ataques, levantamiento total de las sanciones económicas, cerrar bases militares en la región, creación de un mecanismo legal que formalice el control iraní en el Estrecho de Ormuz; más la aclaración de no negociar su programa de misiles ni el apoyo a sus aliados en la región.
El doctor Peyman reconoce la apertura de Irán por aceptar las condiciones nucleares pacíficas; pero también subraya la desconfianza de los iraníes sobre Estados Unidos.
Por su parte, el doctor Valdés-Ugalde considera que los líderes en Irán “ya no le toman la llamada” a los negociadores estadunidenses –Steve Witkoff y Jared Kushner–, quienes estaban en la mesa con Irán cuando Estados Unidos bombardeó el país asiático. “Vamos a ver hasta dónde llega y hasta dónde Estados Unidos e Irán tienen la capacidad de poder negociar con la sombra de Israel encima”.
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