La guerra contra Irán de Donald Trump y sus desatinos en el manejo de la economía estadunidense han creado la tormenta electoral perfecta para los republicanos, a unas semanas de las elecciones intermedias del 3 de noviembre en Estados Unidos, en las que estará en juego el control de la Cámara de Representantes y del Senado.
El conflicto armado en Oriente Medio terminó por disparar los precios del petróleo y, en consecuencia, los de los combustibles. Los ciudadanos estadunidenses observan con molestia cómo el galón de gasolina se disparó a 4.30 dólares y el de diésel llegó a los seis dólares. El impacto también se ha trasladado a las tarifas del transporte público y a los precios de infinidad de productos y alimentos. En agosto, la inflación llegó al 3.4 por ciento.
Pese a la creciente oposición de demócratas y republicanos a la guerra y a sus manifiestos efectos negativos en la economía de miles de familias estadunidenses, Trump insiste en decir que su gobierno ha tenido un “tremendo impacto económico” y que el aumento del precio de la gasolina es un costo muy bajo frente a lo que representa para Estados Unidos la guerra contra Irán.
El tema de fondo que ha comenzado a preocupar seriamente a los republicanos es que la inmensa mayoría de los estadunidenses ya no cree en los discursos incendiarios, pero vacíos, de su presidente. Las encuestas muestran un rápido desplome de la credibilidad del mandatario, que amenaza con arrastrar a su partido en las urnas.
Una encuesta publicada hace unos días por NBC News sitúa la aprobación de Trump en su nivel más bajo desde su triunfo, con 41 por ciento. En marzo pasado, el 48 por ciento de los estadunidenses opinaba que sus políticas perjudicaban la economía; en septiembre, esa proporción subió al 55 por ciento.
Por su parte, el promedio de encuestas difundido por CNN –cadena a la que Trump vetó de la cobertura en la Casa Blanca por supuestamente difundir información falsa– indica que solo el 35 por ciento aprueba la gestión del presidente, frente al 63 por ciento que la desaprueba.
El escenario electoral es realmente preocupante para la causa republicana. Se aprecia complicado revertirlo en poco más de un mes de los comicios: en las elecciones intermedias de 2018, cuando Trump perdió la mayoría en la Cámara de Representantes, su desaprobación rondaba el 45 por ciento; ahora alcanza el 54 por ciento.
Los votantes estadunidenses acudirán a las urnas para elegir a los ocupantes de los 435 escaños de la Cámara de Representantes y de 35 de los 100 escaños del Senado, así como para renovar 36 gubernaturas estatales, donde los republicanos también llevan las de perder ante los demócratas. Los legisladores electos asumirán sus cargos el 3 de enero de 2027, al inicio del 120.º Congreso de Estados Unidos. Si los republicanos no logran conservar la mayoría, las cosas se le complicarán seriamente a Trump.
A la preocupación por el precio de los combustibles se suma la pérdida de confianza en la economía. La Universidad de Michigan registró en su encuesta una fuerte caída “de la confianza de los consumidores y nuevas preocupaciones sobre el desempeño de la economía y la evolución de los precios”. “En agosto los precios aumentaron por encima de los salarios por quinto mes consecutivo”, según refirieron los sondeos del NYT.
Otro factor que tiene muy molestas a las familias estadunidenses es el aumento de las tasas de interés. La Reserva Federal de Estados Unidos elevó el rango de su tasa de referencia a entre 3.75 y 4 por ciento, lo que encarece las hipotecas, los préstamos y el crédito mediante tarjetas. El presidente de la Reserva Federal (Fed), Kevin Warsh, dijo que la medida obedeció a que la “inflación es demasiado alta y lo ha sido durante demasiado tiempo”.
Contrario a la exigencia de Trump de que las tasas de interés no superen el 1 por ciento, el líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer, sostuvo que los ajustes de la Fed obedecen a que “Trump no sabe manejar la economía”.
La posibilidad de nuevos aumentos antes de que finalice el año, hasta alcanzar un rango de 4 a 4.25 por ciento, exacerba el descontento de los electores y echa por la borda el optimismo del presidente, que busca a toda costa evitar el derrumbe electoral republicano.
Lo que acontece en Estados Unidos debe conducirnos a reflexionar sobre las consecuencias que los vaivenes de los mercados internacionales de hidrocarburos tienen para las economías nacionales, en medio de las guerras de Estados Unidos contra Irán y de Rusia contra Ucrania.
Si las potencias enfrentan graves problemas económicos, los países en vías de desarrollo debemos prepararnos para situaciones todavía más adversas. México importa millones de litros de gasolina y diésel, combustibles a los que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) aplica estímulos fiscales para evitar que sus precios se disparen e impacten en el ánimo de los electores. Es hora de tomar previsiones.
Martín Esparza*
* Secretario general del Sindicato Mexicano de Electricistas




















