Crujía

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Jacobo Silva Nogales: los días en el purgatorio

Su ingreso al penal de máxima seguridad le pareció un alivio. No sabía que el “aniquilamiento de la persona” ahora era distinto, pero no había terminado. Compartió crujía con Miguel Ángel Félix Gallardo, Caro Quintero, Francisco Arellano Félix, Chávez Araujo, Pardo Cardona y Tinoco Gancedo. Más tarde, con Ignacio del Valle, líder de San Salvador Atenco, con quien trabó una profunda amistad. Jacobo Silva Nogales, se repuso del más crudo enclaustramiento que se ejerce en México y recuperó a su familia, se convirtió en pintor y se hizo cargo de su propia defensa legal y de la de su esposa. Obtuvo la libertad al ganar el juicio al Estado mexicano en 2009

Jacobo Silva Nogales: los días en el infierno

Sus captores le decían que se encontraba en el infierno. Fue sometido a intensas torturas durante 6 días. El viejo método del policía bueno y el policía malo se le aplicó de inmediato: a las sesiones de tormentos seguían las palabras amables para delatar a sus compañeros

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La guerra cognitiva como arma del dogmatismo capitalista

En el corazón de la guerra cognitiva está el plan de fijar el dogmatismo monopólico como meta eterna del capitalismo en su fase imperial. Y las armas de dominación pretenden ser perfectas cuando consigan que las víctimas custodien las puertas de la prisión y llamen libertad a la llave que las encierra. Esa es una aberración mayúscula de la guerra cognitiva: el capitalismo no necesita que creamos todas sus mentiras; le basta con que pensemos la realidad utilizando sus preguntas, sus medidas, sus diccionarios y sus límites. Por lo tanto, la explotación se manifiesta como empleo, la subordinación como contrato, la concentración como eficiencia, el despojo como inversión, la precariedad como flexibilidad y la obediencia se manifiesta como responsabilidad. La palabra cambia de significado, la realidad cambia de lugar. El control deja de ser una fuerza externa e inicia a comunicarse desde nuestro interior. La victoria imperial no se limita únicamente al dominio de territorios: implica ocupar el punto desde el cual una sociedad determina lo que puede ser considerado real.

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La guerra cognitiva como arma del dogmatismo capitalista

En el corazón de la guerra cognitiva está el plan de fijar el dogmatismo monopólico como meta eterna del capitalismo en su fase imperial. Y las armas de dominación pretenden ser perfectas cuando consigan que las víctimas custodien las puertas de la prisión y llamen libertad a la llave que las encierra. Esa es una aberración mayúscula de la guerra cognitiva: el capitalismo no necesita que creamos todas sus mentiras; le basta con que pensemos la realidad utilizando sus preguntas, sus medidas, sus diccionarios y sus límites. Por lo tanto, la explotación se manifiesta como empleo, la subordinación como contrato, la concentración como eficiencia, el despojo como inversión, la precariedad como flexibilidad y la obediencia se manifiesta como responsabilidad. La palabra cambia de significado, la realidad cambia de lugar. El control deja de ser una fuerza externa e inicia a comunicarse desde nuestro interior. La victoria imperial no se limita únicamente al dominio de territorios: implica ocupar el punto desde el cual una sociedad determina lo que puede ser considerado real.