Maurice Duverger: La democracia sin el pueblo

Maurice Duverger es harto conocido por su clásico trabajo Los partidos políticos, que desde su primera edición en francés (1951) tradujeron al español Julieta Campos (ya fallecida) y el politólogo Enrique González Pedrero, en 1957. Duverger es un muy serio investigador, jurista, sociólogo y politólogo. Su conocimiento, estudios y reflexión crítica sobre los problemas de […]

Para justificar lo que viene

El incorregible afán de Felipe Calderón, y de sus más conspicuos secretarios, de ver todo color de rosa es una demostración fehaciente de su total falta de respeto al pueblo de México. Suponen, equivocadamente, que todo lo que dicen se lo cree el ciudadano común, así que no tienen empacho en decir todo tipo de […]

Por qué no basta con pedir paz

Porque es justamente ese argumento, el de la paz a secas, el que enarbola el gobierno federal para justificar la militarización del país y la radicalización de las leyes. Basta oír cualquier declaración de Felipe Calderón y su equipo en los medios de comunicación, como cuando dijeron que las demandas de paz eran para los […]

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La guerra cognitiva como arma del dogmatismo capitalista

En el corazón de la guerra cognitiva está el plan de fijar el dogmatismo monopólico como meta eterna del capitalismo en su fase imperial. Y las armas de dominación pretenden ser perfectas cuando consigan que las víctimas custodien las puertas de la prisión y llamen libertad a la llave que las encierra. Esa es una aberración mayúscula de la guerra cognitiva: el capitalismo no necesita que creamos todas sus mentiras; le basta con que pensemos la realidad utilizando sus preguntas, sus medidas, sus diccionarios y sus límites. Por lo tanto, la explotación se manifiesta como empleo, la subordinación como contrato, la concentración como eficiencia, el despojo como inversión, la precariedad como flexibilidad y la obediencia se manifiesta como responsabilidad. La palabra cambia de significado, la realidad cambia de lugar. El control deja de ser una fuerza externa e inicia a comunicarse desde nuestro interior. La victoria imperial no se limita únicamente al dominio de territorios: implica ocupar el punto desde el cual una sociedad determina lo que puede ser considerado real.