Maurice Duverger: La democracia sin el pueblo

Maurice Duverger: La democracia sin el pueblo

Maurice Duverger es harto conocido por su clásico trabajo Los partidos políticos, que desde su primera edición en francés (1951) tradujeron al español Julieta Campos (ya fallecida) y el politólogo Enrique González Pedrero, en 1957. Duverger es un muy serio investigador, jurista, sociólogo y politólogo. Su conocimiento, estudios y reflexión crítica sobre los problemas de la competencia electoral, el constitucionalismo y la teoría y práctica sociales, lo convirtieron en un maestro a través de sus libros, para alumnos-lectores que siguen aprendiendo (no al estilo del magister dixit “lo dijo el maestro”, palabras de los escolásticos de la Edad Media, para no admitir réplica porque lo había dicho Aristóteles).

Su texto La democracia sin el pueblo (traducción de Juan Ramón Capella) viene muy a propósito de la actual oleada ciudadana que desacredita severamente a la democracia representativa o indirecta y a los partidos. La otra cara es la democracia directa, la que practicaron los griegos-atenienses por lo complicado y difícil de que el pueblo, el demos, se reuniera periódicamente para tomar las decisiones políticas y administrativas e incluso nombrar a los funcionarios de los poderes. Y reaparece en las manifestaciones callejeras, protestas y revueltas contra el mal gobierno y los dictadores (como ahora en Atenas, en los países árabes, en Portugal, Irlanda, España).

La democracia sin el pueblo (publicado antes de las rebeliones estudiantiles de París, Berlín, California, México, etcétera) es un ensayo actual que desentraña a los conservadores del liberalismo económico, a la derecha y a un socialismo acorralado en el recuerdo, en un contexto europeo. Y concluye con su penetración en el centrismo francés. Se trata de cómo la voluntad de los ciudadanos que ejercen sus derechos-obligaciones como electores es anulada por los partidos y quienes resultan electos. Finalmente, hasta los partidos pasan a segundo término y prevalecen quienes detentan los cargos de representación, sin tomar en cuenta lo que ofrecieron para ganarse los votos y mucho menos a los ciudadanos.

Es una democracia sin representantes (que no representa a nadie y se deja llevar por los intereses creados); así, al romper el nexo electores-representantes, el pueblo “no se siente responsable de ella”. Duverger muestra cómo se deshace ese vínculo y se rehace el día de las urnas, para repetir el círculo vicioso de una democracia sin el demos, y el kratos (el poder) en manos de una élite que se representa a sí misma, rema más a la derecha desde el centro. Un ensayo de Duverger que parece haber escrito para estos días cuando por todas las democracias representativas, el pueblo ejerce protestas callejeras para deshacerse de los malos gobiernos (más o menos democráticos) y quitarse de encima dictadores. Su lectura es una nueva luz de argumentos y el reclamo de que el poder sea consecuente con el principio de que lo controle el pueblo o demos. Se trata –dice Duverger– de proponer que a la democracia “la gobiernen un poco más los ciudadanos”.

Ficha bibliográfica

Autor: Maurice Duverger

Título: La democracia sin el pueblo

Editorial: Ediciones Ariel

Fuente: Contralínea 237 / 12 de junio de 2011

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