Tercera y última parte. El avance de la ultraderecha en Latinoamérica, simbolizado por el triunfo de José Antonio Kast en Chile, debe ser la señal de alarma que obligue a sindicatos y organizaciones sociales a repensar el diálogo social propuesto por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en su reciente reunión en República Dominicana. Solo así será posible avanzar hacia una paz social que resulte en trabajo decente y seguridad social para millones de personas.
Kast aún no jura el cargo y ya anuncia su talante antiobrero y su afán de recortar la seguridad, la educación y las pensiones; calca el guión de su vecino, Javier Milei. Parece que los chilenos no quisieron mirar en espejo ajeno el sufrimiento que atraviesan las clases populares argentinas.
Junto a sus sindicatos, tendrán que prepararse para aplicar los análisis y conclusiones de la OIT y presentar al nuevo presidente las propuestas que hoy se consensúan en el plano internacional, a fin de que los embates neoliberales no arrasen salarios, el empleo formal y las condiciones de vida.
Desde Washington, se apoya el retorno de las derechas; por eso la voz del organismo laboral debe servir de contrapeso en la comunidad internacional para frenar los ataques contra la clase trabajadora y, al mismo tiempo, defender a comunidades indígenas y campesinas despojadas de sus tierras por un capitalismo depredador que arrasa ecosistemas y destruye la posibilidad de generar empleos decentes en zonas con vocación turística antes que industrial.
En México, las mineras han contaminado suelos y ríos, cercenado áreas aptas para el ecoturismo y privatizado extensiones enteras; el fenómeno se repite en el continente. Los gobiernos de derecha deben prohibir esos abusos y sentarse a discutir lo acordado en República Dominicana: muchos empleos dependen de ecosistemas sanos.
En el Caribe, más del 40 por ciento del empleo total está vinculado al turismo, sector que aporta cerca del 33 por ciento del PIB y, a la vez, es extremadamente vulnerable a las crisis climáticas.
En su carrera por la acumulación, el capitalismo ha dejado de lado el cambio climático y sigue deforestando bosques y arrasando manglares, sistemas naturales que regulan la temperatura planetaria. Da igual: los trabajadores pagan la factura con su salud, expuestos al calor cada vez más extremo.
Para que los beneficios que ofrece la naturaleza lleguen a todos, se requieren políticas integradas que promuevan una transición justa hacia economías ambientalmente sostenibles, sin dejar a nadie atrás. Los gobiernos de derecha deben entender, de una vez por todas, que dañar la naturaleza es perder todos, incluido el planeta.
Otro fenómeno desatado por el neoliberalismo es la migración, ligada a la violencia y a la incapacidad de crear empleos estables y bien remunerados. Miles se ven forzados a buscar ingresos fuera de sus territorios. “En las Américas –dice la OIT– la migración se caracteriza por flujos mixtos de migrantes económicos, refugiados y desplazados internos”.
La migración irregular va de la mano de la explotación laboral en los países receptores. La estrategia de la organización para América Latina y el Caribe 2023-2030 reclama políticas públicas integrales que garanticen condiciones laborales dignas y respeto a los derechos de los trabajadores migrantes; sin embargo, la persecución de Trump en Estados Unidos demuestra cuán frágil es ese respeto cuando gobierna la ultraderecha.
Ahora que la derecha vuelve al poder, la propuesta de diálogo social de la OIT debe aprovecharse como nunca: “los actores tripartitos pueden tener intereses distintos, pero deben equilibrarlos para lograr acuerdos vinculantes y creíbles”.
El desafío de la OIT y de los sindicatos será hacer cumplir las normas internacionales de trabajo, sobre todo el respeto a los convenios de libertad sindical, asociación y seguridad social que la mayoría de los países del continente ha firmado.
Tras el encuentro regional, la OIT advirtió que “las decisiones que hoy se adopten determinarán si avanzamos hacia un modelo de desarrollo más justo, inclusivo y sostenible o si perpetuamos las desigualdades que han limitado el potencial colectivo de la región”.
Y subrayó que “la justicia social no es una aspiración abstracta; es una necesidad urgente y concreta que debe guiar las políticas económicas, sociales y laborales”. Para ello, “es preciso fortalecer el nexo entre crecimiento, empleo digno y derechos, elementos indisociables que se refuerzan mutuamente”.
La pregunta es simple: ¿Entenderán Kast, Milei y las réplicas caricaturescas de Trump que solo con el respeto irrestricto a los derechos de los trabajadores y con políticas que dignifiquen el empleo y las prestaciones sociales podrán fortalecer sus economías, incluso en sus propios intereses, más allá de sus recetas neoliberales?
Martín Esparza*
*Secretario general del Sindicato Mexicano de Electricistas
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