La intrincada reforma de Pemex

Luego de la propuesta para modificar la explotación de Petróleos Mexicanos (Pemex) hecha por el Partido Acción Nacional (PAN), en voz de Gustavo Madero, las compuertas se agrietaron y empezaron las discrepancias de los aliados del Pacto por México, el cual está a punto de naufragar.
Incertidumbre en Brasil… ¿y México?

Dilma Rousseff congregó a los gobernadores de Brasil y a diversos políticos para hacer un anuncio espectacular. Se trata de cinco medidas que hubieran sido una bomba en cualquier país.
“Entregarse a Jesús”… y el Estado ausente

Era muy común encontrar –a partir de la década de 1950 en determinadas colonias, sobre todo en la que nací, la Guerrero– en las ventanas de algunas casas un letrerito que decía: “Este hogar es católico. No aceptamos propaganda comunista o de otras religiones”. Junto a la frase había una estampa de la virgen María o de Jesucristo.
Infiltrado

Todos los movimientos que pretenden un cambio importante, sin excepción, sufren de infiltrados. Hace años el gran teórico Víctor Serge –cuyo hijo, el estupendo artista plástico Vlady, vivió en México hasta su muerte– escribió el libro Lo que todo revolucionario debe saber acerca de la represión (editado por Era). En la obra queda de manifiesto que la provocación y la penetración de agentes externos, especialmente policías, es una constante en las luchas populares.
De “parches” y reformas políticas

Hay, cuando menos, dos proyectos de reforma político electoral: la que discuten los integrantes del Pacto por México y la que propusieron los coordinadores de los partidos Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD) en el Senado de la República. Ambos, lejos de conjugarse se están excluyendo, según pudimos ver en los actos donde los presentaron (28 de mayo, La Jornada y Reforma).
Los “ordeñadores” de Pemex

A finales de la década de 1950, cuando la Revolución Mexicana se bajó del caballo y se subió al Cadillac –automóvil que regresó para las pretensiones de una clase rica que del pulque ha pasado a las revistas del corazón y de sociales, aunque su mal gusto continúa siendo evidente–, existió un señor Jaime Merino que en Petróleos Mexicanos (Pemex) hacía negocios con los camiones que distribuían el combustible. Los transportes tenían doble fondo y una parte la llevaban a las gasolineras y otra se la apropiaba quien también era funcionario de la empresa. Gracias a una investigación de mi amigo, el recordado Antonio Caram, todo se descubrió.