La miseria une a dos pueblos

Aldama y Magdalena de la Paz tienen algo en común: la miseria. A pesar de la división entre autónomos y priístas, la sed, el hambre, el dolor y la rabia son rasgos comunes. Aquí todos son “hombres murciélagos” y todos son pobres. Su sentencia es caminar indigentes entre rocas y lodo, beber agua encharcada y mal comer; trabajar de seis a seis para arrancarle una mazorca o un grano de café a la montaña y vivir sin atención médica. A los habitantes del municipio que es dos a la vez, el olvido y la segregación los une.

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