El 8 de marzo se movilizaron las mujeres en México. En la historia han jugado un papel fundamental. En las diferentes épocas han existido heroínas que, por desgracia, la historia invisibilizó y que resultaron clave para el triunfo de la causa de la soberanía y la independencia.
En la lucha por la independencia tuvieron un papel destacado. Detengámonos en una de estas mujeres que deben rescatarse de la historia: Juana Guadalupe Arcos Barragán, la Barragana. Nació en 1780 en Amuco, Coyuca, en la región de Tierra Caliente de Guerrero. En plena lucha por la independencia reunió a un grupo de campesinos y se presentó ante Morelos para pelear por la causa.
Juana dedicó su vida a trabajar con su padre y su hermano en el cuidado y acarreo de mulas y caballos, animales que montaba con agilidad y maestría. Una vez iniciada la guerra de independencia, en 1810, su padre y su hermano fueron aprehendidos en Izúcar por los realistas mientras realizaban una diligencia. Llevaban correspondencia y armas destinadas a José María Morelos. Los invasores españoles los ejecutaron.
Juana encontró con horror los cuerpos de sus familiares colgados de un árbol. Hasta entonces desconocía que su familia participara en el movimiento insurgente. En ese momento, llena de coraje, tomó el poco dinero que su padre dejó para ella y su madre. Reunió y armó a un grupo de campesinos de su confianza y abandonó su hogar para seguir a las tropas del general Morelos. Fuerte y aguerrida, Juana Guadalupe se lanzó a la lucha.
Fue la primera en enfrentarse a un batallón realista con su grupo en Cuautla, cuando estaba por comenzar el sitio. Avisó a tiempo a Morelos sobre la llegada de Félix María Calleja a la zona y alertó al grupo de patriotas para preparar la defensa. Don Felipe Montero, relator del Sitio de Cuautla y capitán insurgente originario de esa ciudad, narró el episodio y dio cuenta de las hazañas de esta mujer que se distinguió por su lealtad a José María Morelos y Pavón.
El relator señala que el 17 de febrero de 1812 Juana cabalgó a todo galope, perseguida de cerca por los realistas, para encontrar a Morelos e informarle que los españoles ya llegaban a las lomas de Pazulco, al norte de Cuautla. Con las balas del enemigo cerca de los oídos, llegó hasta donde se encontraba el general para ponerlo al tanto de la situación.
Juana era una gran combatiente y tenía carisma. Poseía gran elocuencia: cuando sus paisanos la escuchaban, surgía en ellos el amor por la libertad. Al igual que muchos hombres, mujeres y niños de Cuautla, estaba dispuesta a morir antes que permitir el triunfo de los realistas.
Durante el sitio de Cuautla, doña Juana Arcos Barragán destacó por su comportamiento heroico y audaz, lo que le ganó la confianza de Morelos. Él le encargó la defensa de los lugares de mayor riesgo y responsabilidad. La presencia y el arrojo de la mujer armada que peleaba a la par de los hombres causaban asombro.
Tanto se distinguió por su valentía e intrepidez en el combate que Morelos, admirado, le concedió el mando de un batallón. Por su valor y entereza en batalla, sus soldados la llamaban la Barragana.
Roto el sitio de Cuautla, Juana siguió a Morelos hasta la muerte de éste. Tras ese doloroso acontecimiento, la Intrépida Barragana, apodo que adquirió después de su participación en la batalla de Ahuacatillo durante la toma de Acapulco, llegó a comandar un numeroso grupo de insurgentes con el grado de capitana.
Contaba con el apoyo popular y la mayoría de las poblaciones del rumbo le brindaba alimentos para su tropa. En la Tierra Caliente se hizo famosa su valentía, que fortalecía y daba confianza a quienes peleaban bajo su mando. Instaló su campo de operaciones en las cercanías de San Miguel Totolapan, donde aprovechó fortificaciones naturales de difícil acceso, con fortines, fosos de entrada y salidas secretas que conocía bien y desde donde nadie podía desalojarla ni vencerla.
Juana dio su vida por su pueblo y por su nación: murió fusilada por los realistas en 1820, poco antes de consumarse la independencia.
El Honorable Ayuntamiento de Cuautla honró su recuerdo en 1828 al poner a una calle el nombre de la Barragana Intrépida, como la llamaba Morelos cada vez que la mujer se disponía a cumplir una misión. Con ese homenaje quedó inmortalizado el valor que Juana desplegó en el sitio de Cuautla de 1812.
Se habla de otra mujer llamada la Barragana en la época de Miguel Hidalgo y Costilla. Al día siguiente de la toma de la Alhóndiga de Granaditas corrió el rumor de que Calleja se dirigía a Guanajuato; unos decían que para unirse a Hidalgo y otros pensaban que lo haría para atacarlo. Lucas Alamán escribió que desde San Luis Potosí venía de Río Verde para apoyar la insurgencia. No existe más información.
En el momento clave, las mujeres mexicanas jugaron un papel relevante en la lucha por la independencia de México. Entre las más conocidas están Josefa Ortiz de Domínguez, Leona Vicario y Gertrudis Bocanegra.
Hubo muchas otras mujeres impulsoras de la soberanía nacional: Carmen Camacho, María Josefa Huerta y Escalante, Rafaela López Aguado de López Rayón, María Josefa Martínez Navarrete, María Josefa Natera, María Ubalda Sánchez, Mariana Rodríguez del Toro, Ana Villegas y muchas otras patriotas que se entregaron a la lucha por la liberación.
En la independencia participaron desde cualquier trinchera y en cualquier ámbito, no solo como enfermeras o cocineras, sino también como dirigentes e ideólogas, combatientes armadas, organizadoras, espías, propagandistas, estrategas y responsables del apoyo logístico. En el país, la mujer sostuvo la lucha por la independencia, no solo contra los invasores españoles, sino también contra los estadunidenses y los franceses. La mujer ha sido el alma, la base y el motor de luchas cruciales.
Fueron muchas las mujeres que tomaron las armas contra los realistas. Una de ellas fue Altagracia Mercado, originaria de Huichapan, Hidalgo. Tuvo su propia compañía, la financió con recursos propios y aportó dinero para comprar abasto, armas y equipo para su tropa.

El 24 de julio de 1819 fue derrotada por los españoles; luchó hasta el final y la capturaron. El capitán realista ordenó: “A los hombres fusílenlos; a esta mujer no. No debe morir una mujer con tanto valor”. Fue detenida y llevada a la Ciudad de México, donde recibió condena de trabajos en prisión hasta que el triunfo de la independencia la liberó. Se le conoce como la heroína de Huichapan.
Otra mujer que destacó fue Manuela Medina, de Taxco. Creó su propia compañía y acompañó a José María Morelos a Oaxaca y Acapulco. La Suprema Junta de Zitácuaro la nombró capitana y ganó siete batallas. De ella dijo Morelos: “Ojalá que la décima parte de los americanos tuviesen los mismos sentimientos, pues ya hubiéramos ganado la guerra”. La Capitana luchó desde los inicios de la insurgencia y nunca aceptó el indulto. Murió en 1822 en Texcoco a causa de las heridas de lanza que recibió de los realistas.
María Fermina de Rivera fue una insurgente en la independencia, originaria de Tlaltizapán, lugar que un siglo después se convertiría en capital de la Revolución Zapatista. Junto a su esposo José María Rivera se unió a la lucha de Morelos.
Tras la muerte de éste, encabezó su grupo armado y se unió a Vicente Guerrero. Soportó hambres terribles y recorrió caminos pedregosos bajo climas ingratos. A veces tomaba el fusil de un muerto y sostenía el fuego junto a su marido. Murió en combate el 21 de febrero de 1821, en la Hacienda de Chichihualco, en el actual estado de Guerrero.
Antonia Nava de Catalán, la Generala, luchó con Morelos y Nicolás Bravo. Fue un motor: abastecía a la tropa, colaboraba en la administración de los ejércitos y atendía a los heridos.
Participó junto a Nicolás Bravo, su esposo, hasta el triunfo de la causa. Cuando las provisiones de la tropa de Bravo en la sierra de Xaliaca o Tlacotepec, Guerrero, se agotaron tras el sitio realista de octubre de 1814, el general ordenó diezmar a sus soldados para que los demás pudieran alimentarse.
La generala se presentó ante Bravo con varias mujeres y le dijo: “Venimos porque queremos servir de alimento; repartan nuestros cuerpos en raciones a los soldados”.
Ese gesto levantó el ánimo de las tropas, que se animaron, muertos de hambre, a luchar y vencer. Durante el sitio, mujeres y hombres cantaban “La Tlayuda”, canción que dice: “Cogerás la jaula, pero a los pájaros no”. Con sigilo lograron romper el sitio. Cuando Morelos dio el pésame a Antonia Nava de Catalán por la muerte de su esposo, ella respondió: “Mi marido murió cumpliendo su deber y vengo a traer a mis cuatro hijos. El chiquito de tambor para apoyar”.
El 8 de marzo es un día para conmemorar a las mujeres y sus luchas históricas, así como su combate contra el patriarcado, la desigualdad de género, los feminicidios y toda forma de represión contra las mujeres.
Pablo Moctezuma Barragán*
*Doctor en estudios urbanos, politólogo, historiador y militante social
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