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Francisco Gil Díaz: traidor y espía…será exonerado

Álvaro Cepeda Neri

 

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I.— En cuanto empezó a rodar, desde el tamaño de una canica y que se convirtió en una bola de nieve, respecto de la caminata sobre el alambre (y no es equilibrista) de Francisco Gil Díaz a unos miles de metros sobre las disposiciones constitucionales (Título Cuarto conteniendo los artículos del 108 al 114), desde Los Pinos se extendió la red de protección (del encubrimiento y la complicidad) para cuidar la caída del ex titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y tratar de salvarlo trasladando la corrupción con cargo a la impunidad, de un deslinde de responsabilidades.

 

II.— La orden calderonista se turnó por la Oficina de la Presidencia, donde todavía se pasea la sombra de Joseph Marie Cordobá, y ahora despacha el poderosísimo gallego (nacido en España, residente de este país hasta los siete años y naturalizado mexicano a los 18), llamado Juan Camilo Mouriño Terrazo y que, con otros detalles refiere su “biografía” el reportero-corresponsal Francesc Relea (El País: 30/XI/06) calificándolo en la nota como lo que es realmente dentro del calderonismo: “el hombre fuerte del gabinete de Felipe Calderón”.

 

III.— “No voy a ser ni oscuro ni tenebroso”, le dijo Mouriño Terrazo, en una entrevista, a Rodolfo Montes (Milenio-diario: 29/XI/06). Pero nada dijo de ser como el mar: misterioso y todo lo demás, para controlar a los empleados de su jefe y traerlos de la oreja. La foto de Arturo Bermúdez, ilustrando la entrevista, muestra a Juan Camilo como un personaje, físicamente al menos, siniestro. Éste, pues, ha sido el encargado de ordenarle a Germán Martínez Cázares (este creyente del jusnaturalismo o derecho natural que le sembró como doctrina derechista y ultraconservadora el ya fallecido encaminador de almas panistas: Rafael Preciado Hernández) ordenarle, repito, que lo de Gil Díaz no se mueva.

IV.— Que no se vaya a ventilar, tras la investigación por la Función Pública, encargada a Martínez Cázares, en público hasta que regrese Calderón de su primer tour internacional. Y es que la denuncia formal, después de varios días de información y cuestionamiento en los medios, sobre todo impresos, sobre el ingreso de Gil Díaz a la financiera y banca inglesas HSBC lo convirtió en una papa caliente para el régimen panista, apenas acomodándose en la legalidad de su nombramiento presidencial. “Cereza en el pastel”, con esta conocida metáfora, lo calificaron los perredistas, pero en verdad es algo peor y porque “huele mal en Dinamarca” más se semeja a un mojón de excremento que a una cereza.

 

V.— Y es que a unos días de haber dejado el cargo ministerial, Gil Díaz, con su cinismo de siempre, aceptó que era verdad la revelación de la prensa (Financial Times: 2/I/07) que se había incorporado como consejero Propietario en la administración financiera de la empresa citada. Sin aclarar, primero, cómo había salvado los impedimentos fijados por la ley reglamentaria constitucional para desempeñarse, con la inmensa información que posee (incluso hasta en discos y documentos para ampararse que respaldan su paso por la SHCP) en el cargo obtenido y, en segundo lugar, nada decir sobre que para que haya sido contratado se necesita ser socio inversionista.

 

VI.— Es obvio que Gil Díaz ha sido contratado, en todo caso, como espía de la situación financiera, pública y privada, de nuestro país. Y no será doble espía, para a su vez informar al gobierno calderonista de los planes de HSBC, pues su fabulosa paga en dólares, es para que sólo sirva a los intereses de los inversionistas ingleses y cómo evadir el pago de impuestos al fisco. Uno de los apartados de la mencionada ley, a la letra dice que “en ningún caso (el servidor público) aprovechará su influencia ni obtendrá alguna ventaja derivada de la función que desempeñaba”.

VII.— Y está claro (cuando menos para este columnista) que Gil Díaz hará uso de esa información que tiene, a menos que se someta, por expertos rusos, a un “lavado de cerebro” para borrarle el arsenal de datos empresariales y personales de México, para ponerlos a disposición de sus nuevos socios. Así, además de espía se convierte en un traidor, no a la patria, que Gil Díaz no tiene, pues como sus iguales estadounidenses, sólo “tiene intereses” y además “el dinero no tiene patria”... mucho menos si es en dólares estadounidenses, en libras inglesas o euros, monedas en las que cobrará el ex secretario de Fox.

 

VIII.— Gil Díaz es el de los fideicomisos, liquidados antes de su casi huida-partida, cuyo otro mojón de excremento-corruptor es ISOSA (la investigación está en el libro de Miguel Badillo: ISOSA, fraude transexenal a la nación, en el contexto de lo que es el periodismo de investigación, editado por Grijalbo y que es una bomba de tiempo contra el foxismo y sus abusos del poder). El asunto, ahora, es que Francisco Gil Díaz, supuestamente investigado por Germán Martínez, es pura faramalla, una trapacería, para aparentar que Gil Díaz ha sido puesto en el banquillo administrativo y exonerarlo para que se vaya vivo.

 

IX.— Desde Los Pinos el señor Calderón ha ordenado rescatar a Gil Díaz ya que éste sabe demasiado de los panistas y del mismo presidente panista y a los que les dio los gastos millonarios para la entrega del poder. El ex secretario sabe de más y procede absolverlo de todo. Y cuando la demanda vaya a la PGR, la averiguación penal tendrá el mismo final que la investigación administrativa. No hay elementos, dirán los calderonistas por boca de Germán Martínez, de que Gil Díaz haya incurrido en actos a los que se les deba imputar responsabilidades y con un padrenuestro será suficiente como sanción.

X.— Así que espía y traidor con sueldo de consejero propietario de HSBC, pero burlador, por complicidad panista-calderonista, es la única realidad sobre Gil Díaz. Y no le importa la fama pública, que al fin y al cabo “con dinero baila el perro”. Eso le sobra al ex salinista y ex foxista al servicio de los intereses trasnacionales. No es el primero (Zedillo, por ejemplo; también Martín Werner Waiinfeld, el argentino naturalizado mexicano, y de regreso a las órdenes del “Chicago-Boy” de Carstens en Hacienda). No será el último. Es una historia cíclica: van y vienen los espías y traidores. Ya regresará Gil Díaz, el Bin Laden del terrorismo fiscal que usó el poder para sus venganzas, en provecho propio y de sus amigos.

 

XI.— Fue Gil Díaz quien recomendó, como su sucesor (al peso pesado, con sus 170 kilogramos) a Agustín Carstens. Éste fue su subsecretario en la misma secretaría de Hacienda. Por lo que Gil Díaz sigue siendo un hombre poderoso tras el poder calderonista. No debe ser tocado “ni con el pétalo de una rosa”. Sabe demasiado, y no se diga de los hombres de Calderón y de éste. El ex secretario de Fox aceptó su nombramiento internacional porque sabe que es intocable.

 

XII.— Espionaje y traición a la patria (aún para los desnacionalizados), son dos delitos federales que la Función Pública, donde lo investigan administrativamente, y los tribunales penales deben imputarle no solamente para que renuncie o lo despidan del cargo en la financiera y banca HSBC, como también para sancionarlo con apego a la ley vigente. Porque Gil Díaz es un espía que está vendiendo la información que indebidamente utiliza para sus intereses y de quienes lo han contratado, sea o no el mismo Gil Díaz uno de sus inversionistas y socios. Y es un traidor.

 

cepedaneri@prodigy.net.mx

 

Publicado: Marzo 1a quincena de 2007 | Año 5 | No. 74



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