Contrapoder

1a quincena Septiembre 2008

Rogozinski acusa a Salinas

Álvaro Cepeda Neri

 

Personaje siniestro de las maniobras privatizadoras del salinismo, Jacques Rogozinski Schtulman (naturalizado mexicano, paisano del francés tenebroso José Córdoba) durante el sangriento sexenio de Salinas fue coordinador general de la Unidad de Desincorporación de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (1990-1993) y, en premio a sus habilidades para rematar en ventas de garage el patrimonio nacional, designado director de Banobras que, dicho sea de paso, ha tenido otros “ilustres” directores: Luis Pazos y Felipe Calderón.


Rogozinski está de regreso, casi simultáneamente a la reaparición de su exjefe Salinas, éste con su nuevo mamotreto, de más de lo mismo con su México: un paso difícil a la modernidad, que fue un paso al vacío del neoliberalismo económico, el neopopulismo y el autoritarismo sangriento, contra los que ahora Salinas se rebela desmemoriado (Proceso, 4 de mayo de 2008).
También olvidadizo, con sesudo escrito (Expansión, 28 de abril de 2008) y con una tardanza de 15 años, Rogozinski sale con la burrada de que la venta de Telmex, como el resto de las privatizaciones del salinismo, fue “sin amiguismos”, y que Slim no se benefició;  quien se llevó la parte del león fue la empresa estadunidense Southwestern Bell. “Nadie dice que SBC, una firma extranjera, se benefició de la compra antes que Slim. ¿Cómo sucedió esto?”, se pregunta haciéndose el tonto.


A la gente se le ha hecho creer que Slim se llevó la mayor tajada original de Telmex, cuando contó con una sociedad extranjera relevante que le dio el control mayoritario, más no una propiedad. No sólo no se quedó con la mayoría de las acciones, sino que tampoco con el dinero rápido, que representaba la opción de la Serie L que SBC adquirió, asegura el exfuncionario.


El ejecutor de las privatizaciones nos sale ahora con que Salinas (y Pedro Aspe, jefe directo de Rogozinski), como ahora quiere hacerlo Calderón con Petróleos Mexicanos, entregó las ganancias de la venta telefónica (empresa con número negros que reportaba utilidades) a una firma extranjera. Rogozinski concluye: “Así que, con estos hechos, es difícil seguir creyendo [como si las transacciones y transas fueran cuestión de la fe del carbonero] que a Slim se le entregó Telmex, debido a su relación de amiguismo con el expresidente Salinas. De haber sido así, entonces deberíamos preguntarnos por qué nadie ha preguntado por qué Salinas le dio una mayor rebanada del pastel original a Southwestern Bell, el socio extranjero de Slim”.


Rogozinski, 15 años después del proceso, nos sale con que Salinas privilegió a un extranjero, lo cual hace cómplice a este desincorporador al servicio de Pedro Aspe en esa maniobra.


Por otra parte, Rogozinski se exhibe como mentiroso, ya que en una entrevista con la periodista Dolia Estévez (El Financiero, 26 de noviembre de 1998) expresó que de los 220 procesos privatizadores que realizó, la mayoría fueron a parar a manos de quienes tenían más dinero, y “siempre ganó el que más pagó”, y que éstos fueron los amigos de Salinas; con el argumento pueril de que “en todos los países las personas que tienen dinero son amigos o conocidos de los que están en el poder”.


Rogozinski, quien fue duramente criticado (y como nadie por este columnista en las páginas de la revista Siempre!, hasta obligarlo  cuando menos a responder con sus amenazas de demandarme), publicó un libro (La privatización en México. Razones e impactos, editorial Trillas, 1997) para justificar su corresponsabilidad en la entrega de las empresas a los amigos ricos de Salinas... y esto no era amiguismo.


Obligados por la crítica, publicaron el Libro blanco de las privatizaciones. Otro mamotreto para mostrar la cara bonita de ese proceso inducido, para favorecer a Roberto Hernández (amigo de Salinas, de Zedillo y de Fox), a los salinistas del dinero y a extranjeros.


En uno de sus trabajos de investigación, Raymundo Riva Palacio (El Financiero, 20 de julio de 1998) puso en la mira de la crítica a la pandilla salinista que pescó en el río revuelto de las privatizaciones: Aspe, Raúl Salinas de Gortari (éste les dijo –según Riva Palacio–, a los “empresarios de los medios que, si querían acceder a Imevisión, tendrían que darle una participación accionaria”), José Córdoba; y en lo del Fobaproa: Zedillo, Guillermo Ortiz y Eduardo Fernández.


Ya en su columna Empresa, Alberto Barranco Chavarría hace un repaso crítico sobre el panfleto de Rogozinski (El Universal, 2 mayo de 2008). En el caso de Raúl Salinas de Gortari, Rogozinski le dijo a Dolia Estévez –quien se enteró “que le decían M. 10 per cent”– que se deriva de versiones de que “el hermano incómodo” recibía el 10 por ciento de cada privatización, que podría ser el origen de la multimillonaria deuda de Salinas-Tv Azteca a Raúl Salinas de Gortari.


El asunto central de esta columna es que Rogozinski no dice en su reciente publicación en Expansión que los amigos ricos de Salinas se quedaron con la mayoría de las 220 empresas privatizadas. Y exculpa a Slim de haberse quedado con la mayor parte de Telmex; pero sí afirma que, como fue un proceso sin “amiguismos”, los que se llevaron el beneficio del monopolio público telefónico fueron extranjeros y una parte Slim.


Ya desde la entrevista de 1998 con Dolia Estévez, Rogozinski reconoció que los amigos de Salinas, los amigos ricos, ganaron las privatizaciones. Pero calló que una empresa estadunidense fue la que se llevó el mayor beneficio de Telmex. Este señalamiento es una información nueva que le imputa a las privatizaciones salinistas: haber favorecido a SBC y que el éxito multimillonario de Slim no fue por el “amiguismo” con Salinas ni por haber adquirido una participación mínima del 5.1 por ciento frente al 10 por ciento de Southwestern Bell (según Rogozinski en sus proyecciones).


Rogozinski  acusa a Salinas de haber favorecido a una empresa extranjera con la privatización de Telmex, y no a su amigo Carlos Slim. No fue cierto, agrega Rogozinski –hoy director de la Corporación Interamericana de Inversión, apéndice del Banco Interamericano de Desarrollo–, lo de que Salinas “repartió fue el pastel, y dijo: Telmex para Slim, Banamex para Roberto Hernández”, en sentido contrario a lo que publica Riva Palacio: “En septiembre de 1990, meses antes de que se anunciara al vencedor de la licitación, el entonces director de la paraestatal (Telmex), Alfredo Baranda, convocó a su equipo de colaboradores a una reunión donde sorprendió prácticamente a todos: Telmex, –les indicó, de acuerdo con un participante en esa reunión–, será para Carlos Slim y para Telcom France... A partir de entonces, el equipo que se encontraba en ese momento en Telmex, junto con una empresa de relaciones públicas, trabajaron en el sentido instruido por Baranda, para que esa licitación saliera sin problemas”.


Y sin problemas Telmex se  adjudicó a Slim, France Telecom, 14 socios mexicanos y SBC. El grupo favorecido por la privatización salinista, dice Rogozinski,  fue SBC y no Slim, como dejaron correr la versión...

 

cepedaneri@prodigy.net.mx

 

 

Revista Contralínea / México

Fecha de publicación: 01 de septiembre de 2008 | Año 7 | No. 109

 

 

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