El árbol de dos troncos: lecciones de la visita de Trump a Zhongnanhai

El árbol de dos troncos: lecciones de la visita de Trump a Zhongnanhai

FOTO: 123RF

Durante la reciente visita de Donald Trump a Pekín, el presidente norteamericano fue invitado por su homólogo Xi Jinping a Zhongnanhai, el complejo de edificios que componen la sede de la oficina central del Partido Comunista Chino. Al pasear apaciblemente por sus jardines, el anfitrión le mostraba a un excitado visitante occidental el famoso árbol Lianli Bai, mismo que, aunque parece un solo gran árbol, en realidad se trata de dos troncos que han crecido fusionados con el paso de los siglos. Se trató de un claro símbolo filosófico de lo que puede significar el destino compartido que ambas potencias han tenido en el tiempo. No obstante, esta profundidad confuciana contrastó con las aguas someras del egocentrismo de Trump, quien solamente se apuró a preguntar si el lugar es exclusivo para visitantes distinguidos como él.

Un contraste similar se vivió en la reunión que sostuvieron ambos mandatarios en el Gran Salón del Pueblo, en la que Xi enunció la necesidad de que Estados Unidos y China evitaran la trampa de Tucídides –concepto popularizado por el profesor de Harvard Graham Allison, inspirado en la alegoría griega de una inevitable guerra desatada por Esparta contra Atenas para evitar el crecimiento de esta última–, es decir, que fuese posible que EU se acomodara de forma pacífica al nuevo esquema multipolar. Una vez más, la lumpenización de la diplomacia trumpista no pudo hacer más que reducir este símbolo a un asunto electoral donde el mencionado declive no es sistémico, sino uno limitado a la narrativa del fracaso de Joe Biden, expresidente demócrata.

Esta visita acontecida el 14 y 15 de mayo del 2026 marca un momento de quiebre histórico, ya que Estados Unidos asistió sin tener un as bajo la manga u opción a imponer condiciones. Antes bien, el hecho de haber convocado a las empresas trasnacionales occidentales más grandes como comitiva principal da cuenta de que el objetivo fue la búsqueda de abrir más oportunidades para aprovechar el mercado asiático en ascenso. Este pragmatismo fue coronado por la renuncia explícita a interferir con el proceso de unificación de Taiwán. Esto cierra un ciclo con el cual se acepta de manera implícita que ni la guerra arancelaria ni las guerras proxys han podido causar mella en la tendencia de ascenso de la economía comunista.

Ahora bien, el nuevo mundo multipolar no significa un colapso inmediato de la vieja potencia ni tampoco una desconexión hemisférica. No debemos olvidar que los chinos parten de la teoría marxista en la cual el mercado mundial construido por el capitalismo implica una interdependencia entre todos los países. China reconoce que el nodo tecnológico de los semiconductores se encuentra bajo el dominio estadunidense, aunque el nodo de la producción física-material sea ya una ventaja del país asiático. Esto inaugura una clara avenida de dos sentidos, una interdependencia que ya anula por sí misma cualquier pretensión de unipolaridad.

Pero quizá el punto central de esta visita sea una innovación estratégica que China ha comenzado a utilizar en esta batalla: ha construido un sistema jurídico en el que aquellas empresas que respondan a la extraterritorialidad de las sanciones estadunidenses tendrán consecuencias en su interacción con el gran mercado asiático. Es decir, ha surgido un mecanismo que permite contrarrestar el uso y abuso del sistema financiero internacional para bloquear el desarrollo de los países. Un ejemplo contundente ocurrió apenas en abril de 2026, cuando el Ministerio de Comercio de China emitió una orden de bloqueo para anular las sanciones del Tesoro de EU contra cinco refinerías (como Hengli Petrochemical y Shandong Jincheng) acusadas de comerciar con Irán. Beijing prohibió a estas empresas acatar las restricciones de Washington so pena de enfrentar demandas en tribunales chinos por daños y perjuicios derivados de dichas sanciones.

Como otro símbolo de la debilidad estructural de Estados Unidos destaca el caso particular de la fallida incursión militar de EU-Israel en Irán, cuya consecuencia se nota en los países que componen el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG): Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Catar, Kuwait, Bahréin y Omán, quienes han entrado en una crisis estructural en su relación con Estados Unidos. La imposibilidad de Washington por defender estos territorios y la necesidad de reconstrucción después de los bombardeos ha provocado que los excedentes de la región dejen de fluir con la misma intensidad para invertir en las nuevas tecnologías de Sillicon Valley. La región administra entre 4 y 7 billones de dólares en activos soberanos. Solo en 2025, el CCG aportó 132 mil millones de dólares en financiamiento para proyectos de inteligencia artificial en Estados Unidos. Además, estos países saben que la infraestructura que permita evitar bloqueos a la salida de sus exportaciones será a través de nuevas rutas que disminuyan los riesgos, y para ello es improbable no tender diálogos con China, quien construye el megaproyecto global de la Franja y la Ruta de la Seda en la región. No es un detalle menor que estos territorios, cuna del petrodólar, hoy también se encuentren en una encrucijada multipolar.

Aun así, el destino de Estados Unidos y China se encuentra todavía anclado en una interdependencia sistémica, aunque es un hecho que tanto uno como otro buscan depender menos, China va a pasos agigantados al cerrar la brecha tecnológica, mientras que EU necesita construir una red alternativa que permita sustituir el nodo físico y logístico asiático. De aquí que, por más que en el discurso se quiera posicionar como un gigante autosuficiente, la verdad es que en el terreno depende de países como México, Japón, Corea del Sur, Canadá, India y la Unión Europea para reestructurar su productividad y reducir la vulnerabilidad en semiconductores, baterías y minerales críticos.

La estridencia del Make América Great Again ha comenzado a ver sus límites concretos, y por más que se resistan –independientemente de medidas desesperadas derivadas de un imperio lumpen decadente– no podrán evitar el curso actual de la historia en el que no hay un país que pueda tomar el control unipolar de la economía global. La multipolaridad ya es un proceso en desarrollo.

 

Oscar David Rojas Silva*

*Economista (UdeG); maestro y doctor (UNAM) en crítica de la economía política. Académico de la FES Acatlán. Director del Centro de Estudios del Capitalismo Contemporáneo, y comunicador especializado en pensamiento crítico en Radio del Azufre y Academia del Azufre.

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