El gigante asiático, impone respeto y condiciones al disminuido Trump

El gigante asiático, impone respeto y condiciones al disminuido Trump

Imagen: ChatGPT

La reciente visita de Donald Trump a China, el gigante asiático que representa la economía emergente más importante del mundo, dejó en claro al oligarca estadunidense que su discurso belicista empleado para amenazar a naciones como Cuba no funciona cuando se trata de negociar, incluso en condiciones de desigualdad, con un país que ya demostró no temer ni a su guerra arancelaria ni a sus discursos intervencionistas.

El omiso Trump debió abstenerse de asumir una abierta defensa de la isla de Taiwán, que la comunidad internacional ha considerado desde hace décadas parte del territorio chino, al mostrar cuidadosas reservas en cuanto a la venta inmediata –ya autorizada por el Congreso norteamericano– de 11 mil millones de dólares en armas.

Enfundado en un papel de gerente de ventas al servicio de magnates como Elon Musk, Tim Cook, CEO de Apple, y Larry Fink, CEO de BlackRock, la administradora de fondos más grande del mundo, el presidente norteamericano peticionó al gobierno de Xi Jinping abrirles las puertas del mercado chino, al grado de mostrarse lisonjero con el mandatario asiático al calificarlo como “un líder de extraordinaria distinción” y afirmar: “para que estas personas brillantes puedan hacer su magia”.

El soberbio Trump tuvo que descender de su nube de poder para solicitar también a su homólogo chino reanudar la compra de 10 mil millones de dólares en productos agrícolas como carne roja y soja, consciente de que de ello depende no perder el voto de los agricultores estadunidenses ante la cercanía de unas complicadas elecciones intermedias, donde el Partido Republicano enfrenta serios aprietos para conservar la mayoría en el Congreso.

Lejos de imponer sus condiciones, Trump debió mostrar cautela al abordar el tema de la guerra con Irán –nación que es uno de los principales abastecedores de petróleo de China–, al solicitar al gobierno chino que no vendiera armas a la nación islámica. Según expresó el ministro de Asuntos Exteriores, Wang Yi, Trump se comprometió a reabrir el Estrecho de Ormuz.

De acuerdo con las declaraciones de Wang, el presidente Xi dejó en claro al mandatario estadunidense su deseo de abrir ese importante paso de navegación por el que transitan buques con millones de barriles de petróleo. En tal sentido, el gobierno chino dejó sobre la mesa de negociaciones la propuesta de que Estados Unidos e Irán resuelvan sus diferencias mediante el diálogo y la paz.

El presidente Xi Jinping delimitó la frontera de respeto hacia su país al citar la Trampa de Tucídides, teoría que sostiene que el conflicto es inevitable cuando una potencia emergente se enfrenta a una potencia establecida. Además, emitió declaraciones contundentes para dejar en claro que China es una potencia emergente destinada a desafiar el dominio estadunidense en los asuntos globales.

El primer día de la cumbre, Xi Jinping mencionó sin ambages que el mundo experimenta una “transformación sin precedentes en un siglo”, declaración que analistas internacionales describieron como la desintegración del orden mundial liderado por Estados Unidos.

El gigante asiático planteó de manera directa una nueva fórmula de “estabilidad estratégica constructiva”, fundamentada en la cooperación y la competencia dentro de límites adecuados, con una “estabilidad duradera y una paz previsible”.

Un comunicado del gobierno chino sobre la cumbre ilustra la posición de poder asumida frente al presidente norteamericano, al hacer especial énfasis en el tema de Taiwán, la isla autónoma que China reclama. De acuerdo con la versión oficial, Xi Jinping advirtió a Trump que un manejo inadecuado del asunto podría provocar un conflicto entre China y Estados Unidos.

Trump ahora enfrentará el dilema de continuar con su apoyo armamentista a la isla o asumir una posición de respeto, diálogo y acuerdos con China, país que ya advirtió al republicano sobre un posible choque entre naciones si prosigue con su respaldo a Taiwán. Como consignó la prensa internacional, ante la firme actitud de Xi Jinping, Trump salió por la tangente con la frase: “Es un honor ser tu amigo”.

Durante la visita del mandatario estadunidense a China, Trump parece haber desistido de su fallido intento del año pasado de imponer, en medio de su desatada guerra comercial, aranceles de 145 por ciento a las importaciones de la potencia asiática que, como se recordará, respondió en igual sentido. Ahora, el equipo de funcionarios norteamericanos ha coincidido en la creación de una junta de comercio y otra de inversión para analizar la reducción de aranceles.

Y aunque dentro de su agenda Trump no pudo concretar la venta de 200 aviones Boeing, al menos logró convencer al presidente chino de responder en reciprocidad con una visita de Estado a Washington en septiembre próximo.

Algo que representará oxígeno puro para el mandatario americano y el Partido Republicano, que además de ir en picada en las preferencias rumbo a las elecciones intermedias, enfrenta una constante agitación social por la persecución de inmigrantes y la cancelación de programas sociales, de salud y educación pública, sin dejar de mencionar los crecientes índices de inflación que afectan el nivel de vida de miles de estadunidenses.

Aunque en los hechos hubo pocos logros tangibles, la visita de Trump y su comitiva de magnates dejó en claro que Estados Unidos dejó de ser la primera superpotencia económica y militar del mundo. Ahora, como quedó evidenciado, el gigante asiático, la economía emergente más poderosa del planeta, está imponiendo las reglas del comercio internacional.

En el nuevo concierto geopolítico, China además marca la agenda de los acuerdos internacionales, como quedó de manifiesto con la reciente visita del presidente ruso, Vladimir Putin. Si el soberbio y belicoso mandatario estadunidense no rectifica su guerra comercial y su desatado intervencionismo, ni entiende que existen poderosos contrapesos capaces de doblegar a su disminuida economía, su país acelerará su evidente crisis interna y la derrota electoral del Partido Republicano.

 

Martín Esparza

* Secretario general del Sindicato Mexicano de Electricistas

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