El uso de la inteligencia artificial ha crecido exponencialmente desde su lanzamiento en 2022; pero los centros de datos que la alimentan han aumentado sus impactos medioambientales. De acuerdo con proyecciones elaboradas por la Universidad de Naciones Unidas, para 2030 “su huella hídrica equivaldrá a las necesidades básicas de agua” de unas 1 mil 300 millones de personas.
Ello, al calcular un uso de 9.3 billones de litros del vital líquido. Pero sus impactos no se quedan ahí. En 2025, los centros de datos consumieron alrededor de 448 Teravatios por hora en electricidad. “Si los centros de datos fueran un país, ese nivel de uso de electricidad estaría situado en el puesto número 11 global”, precisó el informe del Instituto de la Universidad de la ONU para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud (UNU-INWEH).
Para 2030 la demanda en el consumo podría duplicarse hasta 945 Teravatios, esto equivale al triple de lo que países como Paquistán, Bangladesh y Nigeria consumen juntos. Ello tendría una huella de carbono de unas 399 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente, que requeriría el crecimiento de 6 mil 700 millones de árboles para compensar.
Además, la demanda haría necesaria la construcción de más espacios como los instalados hasta ahora –en muy pocos países y ciudades–, de modo que serían necesarios 14 mil 500 kilómetros cuadrados de suelo para instalar la infraestructura, unas 10 veces el tamaño de la Ciudad de México.
Para 2025, las cargas de trabajo de la inteligencia artificial representaban el 20 por ciento del consumo eléctrico de los centros de datos; pero esto puede aumentar hasta el 40 por ciento en 2030. Por otra parte, toda la infraestructura podría generar hasta 2 mil 500 millones de toneladas de residuos eléctricos para 2030.
La velocidad con la que ha crecido el uso de estas tecnologías se demuestra con la plataforma ChatGPT. En solo cinco días desde su lanzamiento en 2022 por la empresa OpenAI ya tenía 1 millón de usuarios, que llegaron a 100 millones en dos meses. Para mediados de 2025, alrededor de 18 mil millones de mensajes eran enviados a esta aplicación que era usada por unas 700 millones de personas en el mundo.
Las proyecciones indican que en la próxima década se convertirá en una industria de entre 2.4 y 4.8 billones de dólares, a la vez que las diferencias se marcan cada vez más entre países que construyen y controlan sistemas de inteligencia artificial y aquellos que solo la consumen.
El procesamiento continuo de las consultas de usuarios a las plataformas como ChatGPT “representa entre el 80 por ciento y el 90 por ciento del consumo energético total de la IA”. Y, por ejemplo, la IA mencionada –una de las más conocidas y usadas hasta ahora– “procesa unos 2 mil 500 millones de consultas al día, lo que se traduce en unos 383 gigavatios por hora al año”. Para compensarlo, serían necesarios 2.6 millones de árboles plantados durante diez años.
“Pero no todas las consultas son iguales. Una conversación típica con un chatbot consume 200 veces más energía que una simple clasificación de texto. Generar una sola imagen consume 1 mil 450 veces más. Un vídeo corto generado por IA puede consumir tanta electricidad como 200 mil clasificaciones de spam”, explicó el documento.
Esta tecnología no funciona como otro tipo de innovaciones en las que las mejoras y actualizaciones reducen la huella ambiental. Al contrario, con mayor eficiencia en la inteligencia artificial, más grande es su huella ambiental total.
No obstante, las alertas emitidas en el documento, las y los autores negaron que fuera un informe con posicionamiento en contra de la inteligencia artificial, en palabras del profesor Kaveh Madani, sino que sirve como llamado para usarla de forma responsable “y a abordar sus impactos no deseados de manera proactiva, para hacerla sostenible y equitativa”.



















