La degradación de tierras le cuesta al mundo al menos 878 mil millones de dólares al año, mientras que restaurarlas podría generar beneficios por 1.8 billones de dólares anuales, reveló la vicesecretaria general de Naciones Unidas, Amina Mohammed.
De hecho, indicó que por cada dólar invertido en restauración el retorno económico se estima entre siete y 30 dólares. Pese a ese potencial, la inversión sigue muy por debajo de lo necesario. “Al ritmo actual, estamos en camino de invertir apenas unos 77 mil millones de dólares al año de los 355 mil millones que se necesitan”, es decir, poco más de una quinta parte.
Además, hasta el 40 por ciento de las tierras del planeta están degradadas y, desde el año 2000, las sequías han aumentado 29 por ciento en frecuencia y duración. De continuar esta tendencia, para 2050 hasta tres de cada cuatro personas podrían verse afectadas, agregó durante la COP17 de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD), en Ulán Bator, Mongolia.
La brecha de género también es amplia en la tenencia de la tierra: en el 86 por ciento de los países que reportan datos a la ONU sobre este tema, menos mujeres que hombres cuentan con derechos seguros sobre las tierras agrícolas, un factor que limita la capacidad de las comunidades para restaurar sus territorios, alertó la funcionaria internacional.
Perder tierras conlleva afectaciones en ingresos de agricultores y pastores, el precio de los alimentos, empleos que desaparecen y gobiernos que deben gastar cada vez más para responder a sequías y otras crisis. “Una tierra sana no es un lujo ambiental. Es capital productivo”, afirmó Mohammed. “El suelo es infraestructura. Las cuencas hidrográficas son infraestructura. Los pastizales son activos productivos”.
Más de 70 países han desarrollado planes nacionales contra la sequía con apoyo de la UNCCD, pero Mohammed advirtió que esos esfuerzos no bastan sin financiamiento. “No se les debería pedir que elaboren planes nacionales para después dejarlos buscando los medios para ejecutarlos”, afirmó, y pidió incorporar la tierra y la resiliencia frente a la sequía a los presupuestos y las estrategias nacionales de desarrollo.
Como ejemplo de lo que puede lograrse, la vicesecretaria general citó a una cooperativa liderada por Florence Banou en Bandiagara, Mali, que recuperó tierras degradadas y aumentó la producción local de alimentos, lo que llevó al municipio a concederle cuatro acres adicionales. “Una tierra sana ofrece a las personas algo fundamental: la posibilidad de construir un futuro allí donde ya pertenecen y pueden prosperar”.
Uno de los mayores esfuerzos para revertir esta tendencia es la Gran Muralla Verde en el Sahel, que ha evolucionado de una franja de árboles a una estrategia más amplia de recuperación de tierras, generación de alimentos, ingresos y empleos. Más de 20 millones de hectáreas han sido restauradas mediante esta y otras iniciativas relacionadas (en Níger, los propios agricultores han regenerado 5 millones de hectáreas).



















