DFS espió por más de 20 años al periodista crítico Julio Scherer

DFS espió por más de 20 años al periodista crítico Julio Scherer

La Dirección Federal de Seguridad espió al periodista Julio Scherer García durante casi dos décadas y dio seguimiento a las actividades del periódico Excélsior cuando éste lo encabezaba. Los expedientes que resguarda el Archivo General de la Nación –consultados por Contralínea– se remontan a1959, cuando aún era reportero del diario, y se incrementan durante el sexenio de Luis Echeverría Álvarez, cuando el aparato de inteligencia siguió de manera sistemática sus actividades personales, sus encuentros políticos, la vida interna de la cooperativa y el conflicto que culminó con su expulsión del periódico en julio de 1976, en plena Guerra Sucia, enmarcada internacionalmente por la Guerra Fría y la visión anticomunista, que “fichaba” a cualquier personaje con tendencias de “izquierda”

Tercera parte. El seguimiento de la extinta Dirección Federal de Seguridad (DFS) al ya fallecido periodista Julio Scherer García y a la vida interna del periódico Excélsior se extendió durante más de dos décadas, en el marco de un sistema de espionaje político que operaron los gobiernos del PRI [Partido Revolucionario Institucional], entre las décadas de 1950 y 1980.

La vigilancia a la que estuvo sujeto el comunicador data de 1959, cuando Scherer García aún era reportero de Excélsior. Dichos reportes se volvieron más frecuentes y detallados durante el sexenio del priísta Luis Echeverría Álvarez (1970-1976), periodo en el que el gobierno reforzó los mecanismos de control político y mediático tras la crisis de 1968, y el creciente protagonismo de la prensa crítica, como parte de las acciones ligadas a la llamada Guerra Sucia.

Los expedientes bajo resguardo del Archivo General de la Nación detallan cómo el espionaje –que es violatorio de los derechos humanos– sobre el periodista se intensificó, pues hay reportes que detallan sus actividades casi hora por hora. Por ejemplo, el 17 de febrero de 1976 los agentes escribieron:

“El investigado acostumbra a salir de su domicilio entre las 7:30 y las 8:00 horas, para dirigirse al Deportivo Chapultepec, ubicado en las calles de Mariano Escobedo de esta Ciudad, en donde permanece hasta las 11:00 y 11:30 horas, para trasladarse posteriormente a sus oficinas del periódico ‘Excélsior’, en Paseo de la Reforma, saliendo de éstas alrededor de las 15:00 horas, en donde en ocasiones acude a su domicilio y permanece entre las 17:30 y 18:00 horas, para posteriormente atender sus compromisos de trabajo y sociales, no teniendo una rutina fija”.

La historia de Scherer García resguardada en el antiguo Palacio de Lecumberri –símbolo de atrocidades como la Guerra Sucia, pues por años albergó a los presos políticos– se cuenta de manera fragmentada, sin orden cronológico, sin secuencia lógica, porque se desprende de los documentos desclasificados, sin que exista certeza de si esos son todos los reportes que generaron los espías del régimen priísta.

En los documentos públicos se detalla la interceptación de comunicaciones en las que se alertaba al periodista sobre decisiones de la Secretaría de Gobernación, como la eventual liberación de Jacques Mornard, asesino de León Trotsky, bajo el argumento de “proteger los más altos valores de la sociedad mexicana”.

Otro episodio que se deja al descubierto ocurrió el 2 de agosto de 1969: agentes de la DFS reportaron un encuentro entre Scherer García, ya como director general de Excélsior, y el exdirigente panista Adolfo Christlieb Ibarrola en el restaurante del Hotel María Cristina, en la colonia Cuauhtémoc de la Ciudad de México. “De las 10:13 a las 11:20 horas se reunieron para desayunar en el Restaurante del Hotel María Cristina. […] Posteriormente salieron del lugar y caminaron alrededor de la manzana formada por las calles Río Amazonas, Río Neva, Río Lerma y Río Pánuco, dando en total tres vueltas, observándose que la conversación era sostenida de manera constante y con participación alternada de ambos sujetos”.

En el reporte, los agentes consignaron fragmentos de la conversación de Scherer García en los que hablaba sobre la modernización de Excélsior, lo que incluye la incorporación de maquinaria para impresión a color y referencias a empresas como Telesistema Mexicano y Canal 8.

En el mismo informe se atribuye al también escritor una frase en la que habría mencionado su reacción ante supuestos vínculos con el entonces secretario de Gobernación: “dos veces mencionó el nombre de ‘Luis’, y posteriormente a esto dijo: “cuando me dijeron que era de Echeverría brinqué de gusto”. La frase no tiene mayor contexto.

También se da cuenta de que el 6 de enero de 1970 asistió a un desayuno que ofreció el entonces presidente Luis Echeverría a los directivos de revistas, periódicos, radio y televisión, en el restaurante El Lago Mayor, del nuevo Bosque de Chapultepec. En ese encuentro, se apunta, “Luis Echeverría Álvarez expresó su más cumplido agradecimiento y reconocimiento a los de la prensa ahí reunidos por la eficacia y amplia información y orientación que han hecho de su campaña en forma desinteresada”.

Los fragmentos del espionaje al que estuvo sujeto el fundador de la revista Proceso también refieren que en octubre de 1972 viajó como parte de una comisión periodística a la Feria de Utrecht, en el que visitó Holanda, Francia, Estados Unidos y Bélgica.

Otro pasaje de su vida relatado en el seguimiento de la DFS fue una reunión que sostuvo el 23 de enero de 1973 con Víctor Manuel Villaseñor, entonces director de los Ferrocarriles Nacionales de México, en el restaurante Normandie del Distrito Federal [hoy Ciudad de México], para mostrarle el artículo del periódico Excélsior: “Golpe a la industria empacadora. Se va el consorcio Heinz y deja destruidos los campos que lo abastecían”.

También se cuenta con registro fotográfico de sus traslados, domicilio particular, información personal como la disponible en la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Irónicamente, en una ficha con fecha 14 de enero de 1973 se narra la conversación que el periodista mantuvo con Miguel Ángel Asturias, en la que este último le advirtió sobre el espionaje: “en una parte de la conversación, Scherer dijo que Miguel Ángel Asturias le comentó que no existe la vida privada, puesto que hasta en la regadera de baño le podían instalar una grabadora, al igual que en su propio automóvil”.

Seguimiento a Excélsior

Además de la vigilancia al periodista, los expedientes de la DFS revelan que el diario Excélsior fue uno de los objetivos del seguimiento a la prensa de aquellos años. En éstos se narra la crisis estructural de la cooperativa, documentada como un proceso prolongado de división interna entre dos bloques: uno, identificado con posturas más conservadoras y, otro, con una línea editorial más crítica y abierta, en el que se encontraba el propio Scherer García.

Parte de ese seguimiento apunta que en 1959 inició uno de los conflictos permanentes de la cooperativa por la adquisición de unos terrenos en el ejido La Candelaria. En dicho predio se proyectaba la construcción de un edificio para la instalación del periódico y que alrededor albergaría un fraccionamiento para los miembros de la cooperativa.

Ese conflicto parecía activarse y desactivarse según conviniera al poder Ejecutivo federal en turno. Por ejemplo, se utilizó el fallecimiento del entonces director del periódico Rodrigo De Llano, ocurrido el 31 de enero de 1963, para atizar la conflictividad interna. Para el 13 de febrero de 1963, la cooperativa convocó a una Asamblea General Extraordinaria en la que fue electo Manuel Becerra Acosta. Este último permitió la publicación de información crítica, lo que molestó a un sector conservador del diario, que consideró que con esa llegada a la dirección del diario ascendía la “izquierda”.

El tema fue llevado a la Asamblea General del 17 de diciembre de 1964, donde el abogado Jesús Taladrid fue destituido, mientras que el entonces gerente Hero Rodríguez Toro logró conservar su cargo gracias al respaldo del grupo encabezado por Manuel Becerra Acosta.

En una nota publicada por los integrantes expulsados de la cooperativa y resguardada por los agentes de la DFS, en el expediente del periódico Excélsior se critica el actuar de la dirección en enero de 1968: “Qué pretende demostrar Excelsior con su violenta campaña contra del gobierno”, se tituló.

Para el 15 de agosto de 1969 se confirmó que Bernardo Ponce Cantón apoyaba a los cooperativistas: “un grupo de trabajadores cooperativistas del periódico Excélsior, que fueron suspendidos de sus labores en el mes de febrero de 1965, se vienen reuniendo actualmente […] siendo asesorados por el Lic. Bernardo Ponce Cantón con el objeto de que sean reinstalados en el trabajo que venían desempeñando en dicho periódico”. La presión ocurrió un año después de que Julio Scherer ocupara la dirección del periódico y un año después de los sucesos ocurridos el 2 de octubre de 1968.

Crítico al poder, el periodista de investigación no escapó de los infundios y las calumnias, como estrategia para desprestigiar su labor. Por ello, años más tarde, la controversia por esos mismos terrenos volvió a aparecer en los archivos de la Dirección Federal de Seguridad. En un informe, la corporación registró la denuncia del profesor Humberto Serrano Pérez, secretario general del Consejo de Campesinos de La Candelaria, quien aseguró que Scherer intentó sobornarlo para frenar las reclamaciones de los ejidatarios por un adeudo de 20 millones de pesos derivado de la cesión de 100 hectáreas a Excélsior.

Sin aportar ninguna prueba, el reporte señala: “el director del periódico Excélsior, Julio Scherer García , y su abogado […] lo invitaron a tomar un café con el fin de tratar sobre el pago de $20,000,000.00 [sic] que esa empresa tiene pendiente con los campesinos de La Candelaria […]. Agregó el profesor Serrano Pérez que Scherer García le ofreció $1,000,000.00 [sic] sacando un cheque en blanco e indicándole que lo llenara por esa cantidad… insistiendo en que ‘era la oportunidad de su vida’ y si no aceptaba se iba a arrepentir’”.

El mismo documento añade que Serrano Pérez anunció movilizaciones frente a Excélsior para exigir el pago de la indemnización y señaló que funcionarios del entonces Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización le habían explicado que el conflicto permanecía sin resolverse porque la empresa condicionaba el pago a la autorización para urbanizar los predios.

Para entonces, un problema originalmente inmobiliario se había transformado en un conflicto político y social que alimentó la confrontación interna de la cooperativa y se convirtió en uno de los asuntos que la DFS siguió de manera permanente dentro de sus investigaciones sobre Excélsior.

El punto de quiebre se produjo en 1976 –último año del sexenio de Luis Echeverría Álvarez–, cuando la acumulación de tensiones internas –inducidas y alimentadas por el gobierno– derivó en la salida de Julio Scherer García y su equipo editorial. Para entonces, el autoritarismo del PRI se profundizaba, y la censura de la prensa crítica era su sello.

El episodio se conoce como el “golpe a Excélsior” –en alusión a una especie de golpe de Estado pero no contra un gobierno progresista, sino contra la prensa crítica de la época. El 8 de julio de 1976 culminó el proceso de censura que orquestó, por años, el oficialismo, y Scherer García fue expulsado de forma violenta durante una asamblea de la cooperativa, convocada ilegalmente. Ese día, Regino Díaz Redondo tomó por la fuerza la dirección editorial del diario y lo transformó en un panfleto del régimen.

Para la DFS, nada de eso fue importante reseñar en sus informes. Por el contrario, en el expediente se narra como una decisión “democrática” de los cooperativistas: “en el salón de actos de la empresa periodística Excélsior se llevó a cabo una asamblea de trabajadores en la que se observó la existencia de dos grupos claramente diferenciados: uno de ellos integrado por empleados activos y otro por trabajadores suspendidos o separados desde años anteriores, quienes manifestaron su inconformidad por la situación interna de la empresa y exigieron la reinstalación de varios de sus compañeros”.

Y aunque el informe añade que la disputa no era únicamente laboral, sino política, no explica el trasfondo del golpe a Excélsior y al periodismo crítico: “durante la asamblea se discutió la permanencia del director del periódico, existiendo posiciones encontradas respecto a su destitución, ya que un sector considera que su permanencia garantiza la independencia editorial de la empresa, mientras otro grupo sostiene que su gestión ha generado divisiones internas y conflictos con autoridades gubernamentales”.

Lo que en realidad pasó no fue una asamblea legítima. La noche anterior –7 de julio de 1976–, ocurrió un asalto violento que al siguiente día logró su cometido: expulsar a Scherer y su equipo para evitar muertes. De acuerdo con la historiadora Doralicia Carmona Dávila, el personal de vigilancia de Excélsior “fue sustituido por personas reclutadas en los departamentos de encuadernación, reparto y servidumbre, a la que llamaban ‘Los Indios’, pues usaban sombreros de palma. […] Pese a que la dirección general del periódico solicitó garantías de seguridad por la presencia de matones, los cuerpos policíacos locales y federales no intervinieron”.

De nada de eso da cuenta la reseña de la DFS. Lo que el archivo de la policía política del régimen describe son acciones de presión directa por parte de inconformes dentro del propio diario: “se tiene conocimiento de que en horas de la madrugada un grupo inconforme ingresó a las instalaciones del periódico, procediendo a detener el funcionamiento de las rotativas, lo que provocó que una de las ediciones del diario saliera incompleta, obligando a la empresa a distribuir boletines informativos alternos para cubrir la falta de circulación”.

Lo que omite el reporte de la DFS es que, durante ese asalto, “Los Indios” “extrajeron de las oficinas un manifiesto de prestigiados escritores e intelectuales, plumas de ese diario, a favor de la institucionalidad de Excélsior; por esta razón, ante la falta del manifiesto, la edición del día siguiente saldrá con la página 22 en blanco en la que debió publicarse el desplegado referido. Entre los colaboradores que firmaban su adhesión a Julio Scherer y Hero Rodríguez Toro, se cuentan: Froylán López Narvaez, Enrique Maza, Vicente Leñero, José Emilio Pacheco, Gastón García Cantú, Miguel Angel Granados Chapa, Angeles Mastretta y Carlos Monsiváis”, de acuerdo con la historiadora Carmona Dávila.

En su efeméride dedicada al golpe contra Excélsior, la investigadora describió ese episodio de forma muy distinta a la narración de la DFS: “el 8 de julio de 1976, pasado el mediodía, inicia la Asamblea convocada ilegalmente. Los opositores a Scherer leen el acta del día, que no incluye los informes de los directivos del periódico; ante la protesta de Scherer por tal anomalía, hay intimidaciones, y violencia por lo que la mayoría de los socios salen y hacen su asamblea en la sala de redacción. Ahí se encuentran Julio Scherer y sus colaboradores cercanos, cuando llega un grupo enviado por Regino Díaz Redondo que les notifica la destitución de Julio Scherer García y Hero Rodríguez Toro, así como la suspensión indefinida de cinco cooperativistas: Arturo Sánchez Aussenac, jefe de redacción; Leopoldo Gutiérrez, secretario de redacción; Jorge Villalobos Villa Alcalá, director de la primera edición de ‘Últimas Noticias’; Arnulfo Uzeta, jefe de información del diario, y Ángel Trinidad Ferreira, cronista político. Bajo amenazas de muerte exigen el desalojo de la dirección y de la gerencia, así como la subordinación de la redacción para el control del contenido de los artículos editoriales”.

Nada de eso coincide con la versión de la DFS, que describe un clima de escalamiento del conflicto interno, sin hacer referencia a la operación orquestada desde los círculos del poder priísta: “se obtuvo información de que un grupo minoritario dentro de la empresa tenía la intención de llevar a cabo actos de presión más severos, incluyendo la posible colocación de artefactos explosivos tipo ‘molotov’ en las instalaciones del periódico como medida de presión para forzar cambios en la dirección”.

Según los reportes de los agentes de la DFS, la visión anticomunista –producto de la Guerra Fría–agudizó los conflictos dentro de la empresa periodística, y a ello se sumó que bajo la dirección de Scherer el diario incorporó a varias plumas críticas.

Así, la documentación conservada en el Archivo General de la Nación permite reconstruir cómo la DFS convirtió el espionaje y la represión en una herramienta permanente de control político durante la Guerra Sucia. En el caso del periodista Scherer García, los informes no sólo registran sus actividades personales y profesionales, sino también buscan suplantar la historia de uno de los episodios más significativos en la historia de la prensa en México, al narrar el golpe a Excélsior como una fractura interna.

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