La lectura que se obtenga de Brasil antes y después de la segunda vuelta de este 25 de octubre ubicará al gigante sudamericano en un papel bien definido dentro de la nueva composición geopolítica del mundo, sobre todo por la disputa comercial que viene sosteniendo China con Estados Unidos y que, en las últimas semanas, puso a reflexionar a un sector de la derecha sobre los inconvenientes que un triunfo del senador Flavio Bolsonaro supondría para sus propios intereses.
Alinearse de manera total con los intereses y dictados de Washington no será nada fácil para sectores brasileños como el de los agronegocios, manejado por buena parte de los empresarios de la recalcitrante derecha del país. En el contexto del comercio internacional, esta rama productiva depende esencialmente de sus exportaciones a Asia.
Para los mismos sumisos e incondicionales mandatarios de países alineados ya con Estados Unidos, el asunto tampoco es muy alentador porque, de ganar la derecha, Brasil se convertiría en el principal punto de atención de Washington, por encima de pequeños países como Perú, Honduras y Bolivia. El propio Javier Milei pasaría a un segundo plano.
Por su peso específico en el sur del continente, Brasil ha adquirido una vital importancia para blindar mercados viables y alternativos como el Mercosur. Es claro que un triunfo de la derecha más radical implicaría la renuncia de Bolsonaro a abandonar el liderazgo integrador, con lo que desaparecería, por añadidura, el contrapeso sudamericano más importante para la expansión estadounidense.
Contra los pronósticos más severos, al fracturar la relación comercial entre Brasil y China, se estará afectando toda una serie de negocios intrínsecamente ligados, más allá de ideologías y posiciones partidistas. El tema no solo impactaría en las conquistas sociales y laborales logradas en los mandatos presidenciales de Lula, sino también en sectores productivos y comerciales que no calibraron con tiento los riesgos de abruptos rompimientos en un mundo globalizado, donde el gigante asiático marca la agenda de muchas actividades económicas y de acuerdos de comercio.
Los 33 millones de brasileños que se abstuvieron de votar en los comicios de la primera ronda deben valorar y razonar con extremo cuidado la afectación que traerían a sus bolsillos y a su nivel de vida las disparatadas declaraciones hechas en los últimos días por el derechista Flavio Bolsonaro sobre llevar a su país a ser la séptima potencia mundial.
En Argentina, un discurso muy similar fue el que manejó Javier Milei para engatusar a los millones de argentinos que ahora están superArrepentidos de haber dado su voto a este descocado mandatario, que los ha terminado arrojando a la indigencia en las calles por los bajos salarios, la imparable inflación y la escasa creación de empleos inestables y con bajas remuneraciones económicas.
Un elemento que también deben tomar muy en cuenta los millones de brasileños a la hora de sufragar en el balotaje es que el próximo mandatario deberá nominar a tres de los once jueces del Supremo Tribunal Federal (STF). Una mayoría conservadora podría eliminar de un plumazo los derechos ganados por las mujeres y violentar, de paso, los de los pueblos indígenas, las diversidades y los adquiridos por los trabajadores en las últimas décadas.
Esto sin contar con el terrible retroceso que experimentaría Brasil en la agenda ambiental de instalarse en el poder el hijo del presidente preso (Jair Bolsonaro), acusado de promover un golpe de Estado contra Luiz Inácio Lula da Silva. Debe mencionarse que la barbarie ecológica durante el mandato de Jair Bolsonaro alcanzó niveles de catástrofe al permitir que su país llegara a máximos históricos de deforestación. Línea que con toda seguridad aplicaría su vástago, Flavio.
Para la clase trabajadora, su voto a favor del Partido del Trabajo y sus aliados será decisivo, pues, durante su campaña, Lula planteó promulgar una enmienda constitucional para reducir la jornada laboral de 44 a 40 horas a la semana, con el pago de dos días de descanso.
Un comparativo que debe hacer sonar las sirenas de alerta es que, mientras Lula anuncia financiamiento y condonación de deudas para microemprendedores y lanza la promesa de promover el transporte público gratuito los fines de semana, así como de aplicar subsidios para los sectores más pobres, ayudas para combustibles, créditos para taxistas y apoyos económicos para los universitarios, Flavio Bolsonaro ha seguido el modelo neoliberal de hacer campaña montado en temas de inseguridad y violencia, excluyendo una agenda social.

Otro de los programas sociales que podrían perderse de ganar la derecha en Brasil sería la “bolsa familia”, que beneficia de manera directa a unos 50 millones de brasileños.
La población pobre y marginada del gigante sudamericano debe ser bien consciente de que Bolsonaro aplicará las recetas de la doctrina Donroe, tal y como las viene ejecutando, con terribles consecuencias, Javier Milei, quien, además de imponer las horas extras sin mayor pago, ha impulsado una reforma laboral en la que se ha anulado el derecho de huelga, fundamental para la clase trabajadora y reconocido por la propia OIT.
Las últimas encuestas han cerrado los márgenes de votación a favor del candidato presidencial del PT, hacia Bolsonaro; este último ronda el 51 por ciento de las preferencias, contra el 49 por ciento de Lula da Silva.
Los brasileños deben saber que lo que dictan los organismos internacionales en esta política injerencista es imponer recortes a sectores básicos para la población mayoritaria, como la educación, la salud y las pensiones, por citar algunos.
Para los indecisos que no acudieron a las urnas en la primera vuelta de la elección presidencial, es momento de que lo hagan porque, así como Luiz Inácio Lula da Silva sacó de la pobreza a millones de brasileños, la derecha los puede volver a condenar a un descenso en sus salarios y nivel de vida.
Esperemos que el gigante del sur del continente cierre las puertas al injerencismo estadunidense para que uno de los más importantes contrapesos para Washington se mantenga vigente por el bien de toda la región. En la decisión en las urnas de millones de brasileños está la clave para que la doctrina Donroe no cause los estragos de la doctrina Monroe, como es la pretensión de Washington.
Martín Esparza*
* Secretario general del Sindicato Mexicano de Electricistas



















