Frente al embate político, económico, ideológico y cultural que vivimos actualmente, así como al ascenso del neofascismo, es preciso reflexionar sobre el papel, ya no de los medios de comunicación, sino del periodismo y el quehacer periodístico.
Esta no es una tarea sencilla, toda vez que tanto la práctica periodística como el periodismo en general están ligados a las corporaciones mediáticas globales; sin embargo, al tratarse de una actividad humana, social y tan importante, tenemos que resignificarla.
Ante todo, el periodismo es un ejercicio eminentemente político y, como tal, está atravesado por diversos intereses que debemos examinar críticamente. Para infortunio de las y los más pobres de la tierra, de nosotras y nosotros, los desposeídos, esta práctica está permeada por la ideología del 1 por ciento más rico de la tierra, dueño de los medios masivos de comunicación y difusión de información.
Por ello, es importante resignificar esta actividad, partiendo de la afirmación anterior, para señalar que, como práctica política, también puede convertirse en una herramienta útil para la emancipación.
Para que sea afín a los intereses de los condenados de la tierra, citando a Franz Fanon, tendría que ser aquel que sirva de brújula en la construcción de un horizonte de sentido en clave de utopía. Pero no de una utopía inalcanzable, sino de una que, como decía Eduardo Galeano, nos sirva para caminar, para avanzar hacia la construcción de un mundo más justo, igualitario y verdaderamente democrático y libre.
Al ser una actividad política, esta deja de ser una labor propia de unos cuantos. Periodistas, lectoras y lectores se vuelven actores relevantes de la praxis política.
Así, el papel político es informar, orientar y formar políticamente, pues en “su propia naturaleza está reflejar la totalidad de los aspectos de la vida social”; por ello, se abordan todo tipo de temas relacionados con lo social.
Por tanto, un problema acuciante sobre el que se debe reflexionar es qué temas se abordan periodísticamente y qué tratamiento mediático se les da mediante diversos recursos lingüísticos que sirven a las clases dominantes para imponer su propia versión del mundo y de lo que pasa en él.
Esto ocurre, por ejemplo, con el asunto de la tecnología y el desarrollo de la “Inteligencia Artificial”, cuestiones políticas que se abordan desde la espectacularización y la personalización que desecha la historicidad y la importancia del desarrollo de los procesos.
Así como con el uso de palabras como vandalismo, violencia, etcétera, sin poner en el centro la explicación económica, histórica, cultural y política de las movilizaciones sociales. Además del abordaje del genocidio en Gaza. Prácticamente ningún medio de comunicación en México da cobertura a lo que vive la Palestina ocupada ni al bloqueo en Cuba.
En esta tarea de resignificar el periodismo y la práctica periodística, es importante reflexionar desde y con el filósofo Walter Benjamin, quien en su tiempo dictó una conferencia denominada “El autor como productor”.
En ella, da un papel central a quien realiza esta labor al señalar que han comprendido que los medios de comunicación son aparatos de poder y que, en tanto autor y productor, el periodista tiene la tarea política no de realizar piezas comprometidas, sino de intervenir en la politización y movilización de los dominados, con el objetivo de lograr su emancipación.
Es así muy clara la tarea: politizar el presente dejando de lado el sensacionalismo y el periodismo como entretenimiento. Esta es una tarea urgente ante los tiempos oscuros que corren.



















