Desigualdad en el mundo, cada vez más profunda

Desigualdad en el mundo, cada vez más profunda

hombre rico

La desigualdad se afianza en el mundo: en Europa, al igual que en África y América, la población padece altos niveles de pobreza y marginación, mientras que un sector muy reducido posee una riqueza escandalosa. En ese modelo injusto, los ricos, como los bancos, cada día ganan más

hombre rico

Da bochorno se te cae la cara de vergüenza pero no tienes más remedio que escribirlo, aunque los renglones salgan torcidos. Por muy demagógico que parezca, no se puede callar el derroche del mundo favorecido por los dioses del dinero frente a las estrecheces, e incluso hambre, que padece ya de forma endémica una parte –cada día mayor– de gente en el mundo.

Sin embargo, uno de los objetos más caros, las armas, sigue circulando, no en pos de una supuesta igualdad –violencia mediante– sino en conflictos absurdos que incrementan los beneficios de los fabricantes de todo tipo de artilugios para matar. Una foto, en el rincón más miserable de Sudán, ¿qué Sudán me dirán ustedes?, aparecen como por generación espontánea las armas más sofisticadas y las más caras, que han llegado a manos de miserables que se matan sin saber muy bien por qué.

Otra foto. El futbolista portugués Ronaldo, uno de los más famosos del mundo, no tiene aparentemente el menor reparo en posar junto a su último automóvil –que le ha costado más de 2 o 3 millones de dólares (¿qué más da 1 millón más que menos?). Como sus otros amigos, todos ellos ases del balón, a quienes se les calculan ingresos superiores a varios millones de euros por mes –el presupuesto de cualquier país pequeño– posan al lado de sus últimas adquisiciones, con una sonrisa que denota lo felices que son.

La exhiben con dientes blancos adquiridos también por una fortuna en los consultorios de los más prestigiosos dentistas, así como lo hacen con todas sus propiedades: desde la casa que la inmensa mayoría de los restantes mortales no ve sino en alguna película de Hollywood, hasta sus mujeres, todas bellísimas, arregladísimas, únicas; sus hijos (de pura película empalagosa) y de paso sus coches o sus yates, de los que no vale la pena hablar.

Europa sigue sumida en una crisis económica que a veces se esconde, pero casi siempre asoma la cara cuando aparecen –como algunos días atrás– cifras reveladoras del umbral de pobreza, esa figura abstracta que engloba a millones de personas –que incluso trabajan–, a punto de ser catalogadas en Europa como pobres.

Desde luego, no son los campesinos sin tierra de Brasil, que arrastran su miseria de hambre pura y dura; ni siquiera los habitantes de algunas favelas de Río donde ha aparecido recientemente la tuberculosis y se sigue matando a miles de personas, nadie sabe por qué, aunque se alega como causa el contrabando de drogas.

Los pobres europeos tienen a veces comedores auspiciados por organizaciones caritativas, para que no se mueran de hambre. Se les ayuda, cuando se puede, porque la pobreza ofrece una imagen que en nada favorece a los negocios, y menos aún los de lujo. ¿Se imaginan a un pobre pidiendo limosna delante de una de esas rutilantes boutiques de la Rue de la Paix o de la Place Vendôme de París?  Por supuesto que no.

barco, isla

Pero los pobres de otros países, América, África, no pueden siquiera arrastrar su mendicidad delante de los escaparates multimillonarios repletos de joyas, de ropa con precios inalcanzables. Porque no existen.

Nos hemos acostumbrado a esta constante complicidad entre la riqueza y la miseria. E incluso hemos llegado al masoquismo de inventarnos aquello de que “los ricos también lloran”, frase de telenovela, demagógica. Como siempre, el cine y la televisión contribuyen a esa aceptación de la riqueza de unos pocos y la miseria de muchos como algo normal, necesario para el equilibrio de una sociedad

Desde el serial “Rich Man, Poor Man” –ideado en Estados Unidos hace ya muchos años para aleccionar al mundo entero– hasta en la más inocente de las películas que ustedes hayan visto, siempre hay un mensaje de resignación.

Los ricos no sólo lloran como los demás, sino que además tienen problemas que un pobre ni siquiera puede imaginar. Mujeres bellísimas pero insaciables que los arruinan además de hacerlos unos desgraciados… ¿Y qué me dice usted de los niños de los ricos? La droga, el alcohol, hasta estrellarse en un Porsche como un James Dean cualquiera. ¿Ven como la riqueza no da felicidad? ¿Ven cómo es preferible ser pobre y medianamente feliz? Nadie agrega que los pobres también lloran porque, a veces, no tienen siquiera para mantener con decencia a una familia.

Pero ahí están todas las iglesias del mundo, desde la católica, inmensamente rica, a las protestantes –en general tan millonarias como las que tienen por sede el Vaticano– para calmar los ánimos.

Cuando se patea un poco Brasil, se llega a la conclusión de que los pobres no han constituido nunca un peligro para el poder (“en este país no tenemos los genes de la rebeldía”, me decía un día un militar brasileño de alto rango, ya retirado) porque las iglesias son el muro de las lamentaciones ante el cual, con bonitas palabras –“pero no te olvides de pagar el diezmo, hermano, incluso si apenas ganas para comer”– se calma la gente.

Los católicos inculcan la resignación con una frase que podría ser un tango “Dios lo ha querido”. Los protestantes, más modernos, no se cohíben de prometer a sus feligreses bienes materiales que nunca verán. Pero se les distrae.

hombre pescando

Como aquellos desgraciados que el cineasta norteamericano Sydney Pollack hacía bailar hasta caer rendidos, muertos a veces, por un poco de algo que comer. Era en 1932 y la miseria asolaba a los Estados Unidos, y los menos pobres y listos inventaron aquel baile de la muerte o de la vida. En todos los Estados Unidos danzaban por un pedazo de pan.

“Danzad, danzad, malditos” parecían decir los organizadores de aquellas zarabandas siniestras a los concursantes que a veces desfallecían de hambre en plena pista de baile. Incluso, ahí, Hollywood endulzó el mensaje. Porque el título de la novela de Horace McCoy era aún más feroz: “¿Acaso no matan a los caballos?”.

Pobres ricos…

Hace muchos años de esa miseria en Estados Unidos, más o menos los mismos de “Las viñas de la ira”, de John Steinback, cuando los desharrapados del mundo pertenecían también al país más rico del mundo. Todo eso quedó atrás… ¿De veras? Al parecer los bancos no han ganado tanto dinero como ahora. Y otras estadísticas indican que cada día hay más ricos. ¿Y pobres?

Ya no habrá más maratones de baile por un puñado de lentejas y los ojos claros de Henry Fonda no volverán a velarse de rabia contenida. A los malditos no les queda ni eso. Porque la dignidad pasa antes de todo. Seamos optimistas. El mundo es nuestro.

Sergio Berrocal*/Prensa Latina

*Escritor y periodista francés, residente en España

[ANÁLISIS INTERNACIONAL]

 

 

Contralínea 565 / del 13 al 17 de Noviembre de 2017

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Con 11 millones 968 mil 462 dosis de vacunas aplicadas contra la influenza, 3 millones 409 mil 543 para COVID-19 y 1 millón 180 mil 469 contra el neumococo, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) avanza en el cumplimiento de las metas de la campaña de vacunación para la temporada invernal 2025-2026.

De acuerdo con Rodrigo Guadalupe Ojeda Escoto, coordinador de programas médicos del área de Prevención de Enfermedades Transmisibles y Vacunación, el IMSS opera actualmente mil 280 puntos de vacunación, ubicados dentro y fuera de las Unidades de Medicina Familiar (UMF) y abiertos tanto a derechohabientes como a la población en general.

El funcionario advirtió que, aunque la campaña de vacunación concluye el 3 de abril, la temporada es crítica para la transmisión de influenza y COVID-19 por lo que llamó a quienes aún no se han vacunado a acudir a las UMF o a los módulos instalados en espacios públicos como supermercados o plazas.

Recordó que las vacunas están dirigidas a niñas y niños de seis a 59 meses de edad, personas adultas mayores de 60 años y a la población de cinco a 59 años con factores de riesgo, entre ellos mujeres embarazadas, personal de salud y quienes padecen cáncer, diabetes, VIH u otras enfermedades crónicas que debilitan el sistema inmunológico.

El coordinador de programas médicos explicó que la campaña tiene tres objetivos centrales: prevenir formas graves y complicaciones asociadas a influenza y COVID-19; reducir la carga de infecciones respiratorias agudas en el sistema de salud; e impulsar la vacunación simultánea.

Para esta temporada, el Seguro Social se planteó como meta la aplicación de 13 millones 900 mil dosis contra influenza, 4 millones 400 mil de COVID-19 y 1 millón 800 mil para neumococo, de acuerdo con la población bajo cobertura y los grupos de riesgo identificados.

En las UMF, personal de enfermería, médicos, trabajadores sociales, asistentes y agentes de trato digno canalizan a las personas a los módulos de vacunación. Además, el IMSS contrató a más de mil 750 trabajadores dedicados exclusivamente a las actividades de la campaña.

El funcionario subrayó: “Es muy importante acudir a nuestra Unidad de Medicina Familiar si formamos parte de la población de riesgo o vivimos con alguna enfermedad crónica; y también proteger a nuestro núcleo familiar, especialmente a menores de edad y adultos mayores”.

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